Córdoba en mayo
POR todos es de sobra conocido que mayo es el mes de las fiestas en Córdoba. De hecho hay más de diez razones festivas por las que merece la pena hacer una visita a esta ciudad en estas fechas. A saber: la Batalla de las Flores, las Cruces, la Cata del Vino, los Patios, las Rejas y Balcones, la Feria del Caballo (Cabalcor), el Festival Flamenco, el Pasacalles Rociero, el Certamen de Academias de Baile, el Festival de de Blues, las Serenatas en las Noches de Córdoba, la feria, y, por supuesto, la Córdoba estática y centenaria, la Córdoba de la mezquita y la judería, que suponen el marco y decorado perfecto para todas estas fiestas. Resulta difícil hacer una ruta que pueda abarcar en tan sólo unos días todos los encantos de esta ciudad, por lo que es recomendable que aquel que esté pensando en hacer una visita, vea primero la programación por días que ha colgado el Ayuntamiento de Córdoba en su tablón virtual (www.ayuncordoba.es) y así pueda planificar su estancia en función de sus gustos.
Aun así sería imperdonable ir a Córdoba en mayo y no ver alguno de sus ilustres patios. Ninguna ciudad del mundo tiene una fiesta similar. Una tradición que se remonta al año 1933, cuando el Ayuntamiento de la ciudad ideó un concurso para premiar a los patios más bellos y vistosos, con el fin de preservar, en lo posible, los modos de vida y la arquitectura popular cordobesas. Desde entonces, cada año, decenas de casas y bloques de vecinos abren sus puertas por unos días (del 7 al 18 de mayo) y se someten al concurso y la mirada de miles de visitantes. Aunque los hay de gran elegancia y hasta de lujo, el patio por excelencia es el que se encuentra en el interior de una vivienda popular, casi siempre compartido por varios vecinos que lo cuidan al unísono, regando y mimando durante todo el año las plantas que llenan las paredes.
El Ayuntamiento de Córdoba propone tres rutas por distintas zonas de la ciudad, en las que se pueden admirar los tres tipos de patios que existen: clásicos, modernos y antiguos, categorías en cada una de las cuales se entregarán premios. Sin duda alguna, la ruta más vistosa, sobre todo por el recorrido de calles de que se trata, es la que pasa por todo el centro cordobés. Una buena excusa para conocer o reconocer las recoletas y engalanadas calles cercanas a la Judería y el Alcázar Viejo, los barrios más antiguos de la ciudad, junto a la insigne Mezquita; y para pasear por el barrio de la Axarquía cordobesa, por los entornos de las antiguas iglesias fernandinas de Santiago, San Pedro, San Lorenzo, San Agustín y Santa Marina de Aguas Santas, donde se concentran el mayor número de patios.
Aunque la entrada a los patios es gratuita, habrá que armarse de paciencia porque durante estos días (sobre todo durante los fines de semana) las colas de personas se amontonan a las entradas de las casas. Aunque no hay que desesperarse: durante el recorrido uno puede aprovechar de los otros muchos placeres que ofrece la ciudad, tanto los artísticos como los gastronómicos, y hacer una paradita en un museo, una taberna o un restaurante. Sin duda tanto caminar despierta el apetito y aprieta la sed. Quien desee consolarse con los típicos platos cordobeses (jamón de los Pedroches, salmorejo, flamenquines o rabo de toro) puede hacerlo en los aledaños de la mezquita, en los tradicionales restaurantes El Churrasco, El Caballo Rojo o Pepe el de la Judería. No tiene que temer si no hay sitio, pues decenas de tabernas se asomarán a su encuentro, y en ninguna de ellas faltará un buen vaso de vino de la denominación de origen Montilla-Moriles. Aunque si dispone de un poco más de tiempo, del 7 al 11 de mayo la ciudad acoge también la XXV Cata del Vino Montilla-Moriles, donde participan más de 20 bodegas, y donde podrá degustar las distintas variedades de Fino, Amontillado, Oloroso, Cream, Pedro Ximénez y Blanco Joven.
Con el estómago lleno y la sed calmada es hora de continuar por nuestro paseo en busca de los mejores patios cordobeses. Deténgase en los detalles: la colocación de las flores, el diseño, los cuadros, los mosaicos… hasta la guitarra apoyada tristemente sobre una silla de madera y esparto en un rincón bajo uno de los arcos. Para los cordobeses tener el patio o el balcón más bonito es un orgullo, una recompensación al trabajo de todo un año de cuidados, que sin duda, no está pagado económicamente con el premio, por lo que no se ofenda si encuentra algún plato para donativos. Es sólo una ayuda.
Recuerde también que no hay prisa y que el horario es flexible, puede visitarlos de día, para apreciar todo su colorido, o de noche, con la "fresquita". Incluso, más allá de la medianoche se asiste en muchas ocasiones a un improvisado cuadro flamenco de música y diversión, fuera de los circuitos más turísticos. Y no es de extrañar ya que toda Córdoba está de fiesta, y todos los días en torno a las 21:00-22:00 horas hay actuaciones de flamenco en algunos de los patios y en lugares estratégicos como las plazas de Las Tendillas y de La Corredera, donde se colocan escenarios para acoger, entre otros, el Festival de Flamenco (16-17 de mayo), el Festival de Blues (21-22 de mayo), las Serenatas en las Noches de Córdoba (del 12 de abril al 17 de mayo), el Encuentro Rociero (del 25 al 30 de mayo) y otras actuaciones destinadas al público más joven. Aunque para alegría y espíritu festivo la que desprende cada año la Feria de Nuestra Señora de la Salud, la feria de Córdoba, que durante diez días recoge el testigo del colorido de los patios en el terreno del arenal (del 23 al 31 de mayo) . Y coincidiendo con los días de feria, la Córdoba taurina se congregará un año más, frente al barrio de Ciudad Jardín, alrededor del Coso de los Califas, en esta edición con unos auténticos carteles de lujo.
Pero si lo que le gusta es un turismo más tranquilo, también puede aprovechar el paseo por la Judería para visitar la Mezquita, el Museo Municipal Taurino, o el Zoco, donde se puede comprobar in situ cómo trabajan los tradicionales artesanos cordobeses. O acercarse hasta la Plaza del Potro, para pasar la tarde en el Museo de Bellas Artes y el Museo Julio Romero de Torres, dedicado al más célebre pintor cordobés.
Otro rincón muy pintoresco de Córdoba que le encantará será la Plaza de Capuchinos. Hermosa de día, pero más hermosa si cabe de noche; el recogimiento y la soledad de esta plaza hacen de ella uno de los lugares con más encanto y espiritualidad de Córdoba. Flanqueada por el convento de Capuchinos y el hospital de San Jacinto, en el centro destaca el popular Cristo de los Faroles, donde nunca faltan flores y velas. Y aprovechando el recogimiento de esta plaza, quizás sea un buen momento para irse a descansar y despedirse de la ciudad, y de su increíble mes de mayo. Hasta otro año.
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