Por los caminos del piano
CUARTETO ELAN & PAULA CORONAS | CRÍTICA
La ficha
****Programa: Concierto para piano y cuerdas Re mayor Hob XVIII:11, de F. J. Haydn; Rapsodia sinfónica para piano y cuerdas op. 66, de J. Turina; ‘Alba de los caminos’, de A. García Abril. Cuarteto Elan: Lara Sansón y Daniel Henao, violines; Carlos Corales, viola; Javier López, violonchelo. Piano: Paula Coronas. Lugar: Espacio Turina. Fecha: Domingo, 10 de diciembre. Aforo: Cincuenta personas.
Fue un espléndido concierto como remate de unos días festivos de una mañana brillante. Al menos para los que allí estuvimos y no nos dejamos seducir por los cantos de sirenas callejeros, prenavideños y populistas con los que el ayuntamiento camufla su falta de proyecto cultural para la ciudad. Pero allí estaban estos espléndidos músicos para dar una nota de calidad y de belleza a tanto exceso de masas.
Uno de los tres conciertos para piano y orquesta (aquí en versión para cuarteto de cuerdas) de comprobada autoría de Haydn abrió el programa. La extraña disposición de los instrumentos, con el piano en el centro y el cuarteto de cuerda detrás, prácticamente oculto por la tapa abierta del piano, dificultó el equilibrio sonoro entre un piano demasiado sonoro (hubiera venido bien bajar la tapa a la altura inferior) y un cuarteto algo difuso. Con todo, tanto las cuerdas como el piano hicieron un relevante trabajo de adecuación estilística, con poco vibrato, ataques controlados y arcos cortos en el cuarteto y una articulación picada en el teclado, con poco pedal y mucha claridad en el fraseo.
Para la Rapsodia sinfónica de Turina (por cierto, poca música de Turina se puede escuchar en un espacio que lleva su nombre) el cuarteto se enfundó con un sonido más denso, cuajado de colores, con bellos pasajes en armónicos o con sordinas, con ataques llenos de intensidad (como el bellísimo con el que abrió la obra) que arroparon a una Coronas imbuida del perfume impresionista mediante una sabia técnica de pedal y sabiendo dar rienda suelta a las oleadas de sonido en progresiones armónicas muy medidas. La cumbre fue la obra de García Abril, dedicada personalmente a la pianista, quien mostró su enorme virtuosismo y su capacidad para colorear y dar intensidad a cada pasaje. Esepctaculares las rápidas series de seisillos de la primera sección, la precisión en los acordes cromáticos y, sobre todo, su libre manejo del tempo y del ritmo en "Casi cadencia", tal y como hubiese querido el maestro. Él hubiera aplaudido el primero.
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