Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Una nueva generación, un mundo nuevo
A mí al menos me anima ver este tipo de colaboraciones: un dramaturgo marroquí escribiendo para una compañía portuguesa comandada por un director español. Y además que los textos sean de un misterioso sufi del siglo XII. Se le queda a uno una cara como de niño, y claro cuando empieza el espectáculo te das cuenta de que es precisamente eso, un espectáculo para niños, un cuentacuentos largo que provoca de todo un poco pero poco, o sea, que es un entretenimiento, con una enseñanza dulce.
Partiendo de un viaje en barca, Nasrudin, el derviche barquero, nos va relatando historias de la tradición popular, cuentos que han permanecido y rodado por el Mediterráneo desde tiempo inmemorial. Lo hace acompañado de un músico que adorna sus historias con melodías sencillas y comentarios que le incitan a contar más. El tesón de los actores portugueses, que superan el obstáculo del idioma y de la ausencia de un hilo argumental, no salva del todo para el teatro esta pequeña pieza, que incluye fábulas, juegos de lógica y poemas de amor. Con todo es fantástico sentirse un niño aunque sea una horita.
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