"Damos una imagen inédita del estilo en la época de Zurbarán"

Benito Navarrete, director de Patrimonio del ICAS y comisario de 'Devoción y Persuación'

El ideólogo de la exposición que aspira a relanzar el turismo cultural sevillano celebra el regreso temporal de un conjunto de obras maestras y devocionales que inspiraron la moda del siglo XVII.

Benito Navarrete es doctor en Historia del Arte y especialista en el Siglo de Oro español.
Benito Navarrete es doctor en Historia del Arte y especialista en el Siglo de Oro español.
Charo Ramos / Sevilla

01 de mayo 2013 - 05:00

Este viernes se alza el telón de Devoción y persuasión, el proyecto expositivo comisariado por Benito Navarrete y con dirección artística de Elio Berhanyer con el que Sevilla quiere escribir una página inédita en las relaciones entre pintura, moda, música y danza. Dos años de gestión activa lleva la delegación de Cultura que dirige Mar Sánchez Estrella enfrascada en esta muestra, una idea original de su director de Patrimonio que ha logrado interesar a museos tan importantes como el Prado, la National Gallery de Londres o el Palazzo Bianco de Génova, por citar tres de los que han cedido obras. Concebidas en Sevilla en el siglo XVII con ese estilo singular que Zurbarán puso de moda, el regreso de las Santas supone también una nueva llamada de atención sobre el patrimonio que la hoy capital andaluza perdió en los últimos siglos por causas tan dispares como el expolio napoleónico, la desidia institucional y la zozobra económica.

-El corazón de la muestra son los 17 retratos de santas zurbaranescas, de los cuales nueve regresan por primera vez a Sevilla. Esta ciudad sólo conserva las ocho santas que ha cedido el Bellas Artes, pero son obras seriadas producidas por su taller. ¿A qué se debe semejante pérdida?

-Se han perdido santas y también se han perdido series, incluso la del Bellas Artes de Sevilla no ha llegado completa hasta nuestros días, pues estaba formada por 12 obras. La firma de Zurbarán, que el montaje expositivo reproduce a partir de un contrato del Archivo de Protocolos de 1647 por el que enviaba 24 de estas santas vírgenes al monasterio de la Encarnación de Lima, resulta clave para distinguir las obras. Cuando él acomete con su obrador conjuntos enteros, generalmente con destino al Nuevo Mundo o a instituciones religiosas o caritativas, vemos que la exigencia disminuye. Pero cuando las concibe como obras únicas y las firma, como ocurre con la Santa Margarita de la National Gallery o la Santa Isabel de Portugal del Prado, se nota en la calidad el carácter de obra príncipe. Zurbarán usó mujeres reales porque muchas de las obras, estoy convencido, eran retratos. Todas estas obras maestras se las llevó de Sevilla el mariscal Soult, procedentes del convento de la Piedad de Sevilla, y fueron inventariadas en el Alcázar, una dispersión que ahora estudia Ignacio Cano. Es lamentable que Sevilla no conserve ninguna de estas santas, porque las había también en colecciones privadas durante los siglos XVII y XVIII. Lo cierto es que Zurbarán las puso de moda, como documentó en su catálogo razonado Odile Delenda, que hablará del carácter popular y devocional de estas pinturas en la conferencia inaugural del Simposio Internacional que acogerá Santa Clara del 13 al 15 de mayo.

-¿Cuál es la gran aportación científica de la muestra, que cuenta con dos ámbitos tan diferenciados: la devoción (los retratos de santas) y la persuasión, dedicada a los diseños de los grandes modistos españoles?

-Se da una imagen completamente inédita de Zurbarán desde el punto de vista de lo que significaba el estilo y el gusto en su época. Para poder valorar la aportación científica habría que destacar el texto de Javier González de Durana, director del Museo Balenciaga de Getaria. Ahí es donde uno percibe la pervivencia de las líneas maestras que marca Zurbarán con su indumentaria, cómo es intemporal y sigue ejerciendo influencia sobre los artistas de hoy, que han sabido hilvanar este discurso que en última instancia tiene como máxima expresión la apreciación de la belleza.

-¿Qué papel cumple el auto sacramental de Eva Yerbabuena?

-La exposición quiere estudiar también el impacto que la recepción de la imagen sagrada tenía en el público del siglo XVII y tiene ahora en el del siglo XXI desde el punto de vista estético y sensorial, siguiendo las tesis de Marc Fumaroli. Con ese punto de partida construyo un discurso para el que tan importante son las pinturas y vestidos como las coreografías de Eva Yerbabuena, que ha ejemplificado con su espectáculo ese teatro sagrado, esas danzas del Corpus Christi que veía el propio Zurbarán en la Sevilla del Siglo de Oro.

-¿Es un proyecto experimental?

-Mucho. Se hace desde el ICAS y se exportará además al Thyssen de Málaga, donde llevaremos una versión más reducida que incluye los lienzos del Bellas Artes sevillano. No estamos subcontratando cultura, tal como quería la delegada cuando nos nombró directores de área a José Lucas Chaves y a mí para que nos convirtiéramos en ideadores y productores de cultura. Siempre me ha obsesionado que se vinculara la cultura a un partido determinado y hubiera lugares comunes que hicieran que fuera patrimonio de la izquierda. ¿Acaso el centro-derecha no puede crear cultura?

-¿Por qué no ha venido finalmente la Santa Apolonia del Louvre?

-Un informe de un restaurador del propio Louvre desaconsejó finalmente que viajara cuando ya nos la habían concedido. Tampoco pudo venir la de la Hispanic Society, que identifico con Santa Emerenciana, porque estaba comprometida para un proyecto con Bankia que finalmente por los avatares bancarios no pudo hacerse. Faltan además la Santa Águeda del museo Fabre de Montpellier y la Santa Rufina de la National Gallery of Ireland. Pero todas las demás están aquí.

-¿De dónde procede el gusto de Zurbarán por los tejidos?

-Su padre tenía un puesto de telas e hilaturas y él hace en Llerena sus primeros encargos como pintor. El propio Zurbarán en algún momento de su vida comerció con pinceles y con telas, algo que determina su sensibilidad y un gusto que le marcará en toda su carrera.

-Si descontamos la de Ai Weiwei, las exposiciones más ambiciosas y atractivas para el público que se han celebrado en Sevilla en los últimos años (El joven Murillo, que comisarió, o Murillo y Justino de Neve, en cuyo catálogo participó) han contado en mayor o menor medida con su implicación. ¿Qué le sugiere este hecho?

-Soy una persona muy apasionada y muy creativa pero no me creo el único que pueda hacer estos proyectos, lo que tengo claro es que son proyectos hechos a la medida de Sevilla, de la ciudad. Estoy absolutamente en contra del centralismo de Madrid que estamos sufriendo. Uno se asoma a la prensa nacional y sólo existen los museos de Madrid y las exposiciones de Madrid. Estoy absolutamente en contra. Vivimos en una comunidad de las más importantes, donde hay muchísimo talento, no debemos resignarnos, hay que hacer proyectos tan ambiciosos como éstos. Es tarea de todos, si nos pusiéramos de acuerdo se puede conseguir. El consenso es posible culturalmente y lo vemos aquí con los ocho cuadros que aporta el Museo de Bellas Artes.

-¿Qué destaca del montaje expositivo que ha preparado la empresa andaluza GPD?

-Es un montaje muy respetuoso y subraya el atrio como nave de iglesia para acentuar el sentido procesional de estas pinturas. Además han optado para exhibir los trajes por una museografía muy interesante, con esa tela inconsútil que tapiza el escenario de la persuasión y subraya las diferentes miradas de los diseñadores, que interpretan la obra del pintor de Fuente de Cantos de forma poliédrica. Ahí está la elegancia de Berhanyer, muy influido por Balenciaga, o el glamouroso vestido de los Victorio y Lucchino, absolutamente etéreo al bailar.

-El maestro Berhanyer ve en estas creaciones el origen de un museo andaluz del traje. ¿Está de acuerdo BBVA, propietaria de los diseños, que ha patrocinado?

-Los trajes son propiedad de BBVA y una vez termine la muestra decidirán su destino aunque todos queremos que se queden en Sevilla. Pueden ser el inicio de algo maravilloso en torno al traje que sirva además para reivindicar a los grandes diseñadores españoles, que han conformado el gusto durante décadas y ahora están en su peor momento económico, porque no se venden trajes. Esta exposición quiere hacerle justicia a todos ellos.

-La exposición ha requerido una inversión municipal de 275.000 euros más los 150.000 que aporta el BBVA. ¿Le preocupan las críticas que ha recibido su coste a quien, como usted, ha reiterado que no cree en el café para todos?

-Las críticas, siempre que sean constructivas, me parecen importantes. Pero cuando vienen desde ámbitos que reflejan poca ambición, pues no. No creo en el café para todos. Creo en la excelencia y la igualdad de oportunidades favorecida por el talento. En Sevilla hay grandes cabezas pensantes que deben ser apoyadas. Hay que darle al sevillano lo mejor y aquí hay empresas que pueden competir. Los que gestionamos lo público debemos ser ejemplo para la sociedad.

-La muestra El joven Murillo cerró con 160.000 visitas en el Bellas Artes y El paisaje nórdico en el Prado ya supera las 20.000. ¿Cuántas esperan las Santas?

-Nos gustaría alcanzar hasta la clausura el 20 de julio unas 30.000 visitas. La exposición sobre Murillo y Justino de Neve la vieron en los Venerables unas 50.000 personas pero estuvo en cartel cuatro meses.

-Aparcó su brillante carrera universitaria para consagrarse a la gestión cultural. ¿No se ha topado con demasiada burocracia?

-Muchísima. La burocracia es el freno de la ilusión, lo que impide poner en marcha grandes proyectos propios. Echo de menos la Universidad porque soy un investigador nato, pero con los tiempos que corren que haya personas como Zoido y como Mar Sánchez Estrella que te den su apoyo para hacer tus proyectos no tiene precio.

-¿Cuál es su receta contra la desilusión?

-Buscar el consenso. Y demostrar que se pueden hacer grandes proyectos culturales rentabilizando lo que uno tiene, como ha ocurrido con el Centro Mudéjar, que ha puesto de acuerdo a distintas delegaciones municipales entre sí, como las de Participación Ciudadana y Cultura, y además al Ayuntamiento con la Junta. Con las Santas ha pasado lo mismo. Los conservadores y directores de museos hablamos un mismo lenguaje y siempre hay un lugar donde las personas con sentido común se encuentran. Los políticos deben convertirse en el crisol de esas voluntades.

-En los últimos años, con muestras tan internacionales como las de Giacometti o El factor grotesco en el Picasso, los proyectos del CAC de Fernando Francés y la creación de nuevos museos como el de Carmen Thyssen, Málaga se ha convertido en el sueño de todos los comisarios de arte. ¿Le preocupa que eclipse a Sevilla como destino expositivo?

-Me preocupa muchísimo porque es cierto. Málaga ha sido, es y está siendo privilegiada en materia cultural por la Junta e incluso por el Ministerio. Y Sevilla se merece mucho más de lo que recibe porque la riqueza patrimonial y cultural que atesora es infinitamente superior. Es un dato objetivo. El retroceso que se ha dado en el apoyo a Sevilla, incluso por parte de la Junta, es brutal. Ahora mismo desde el Ayuntamiento se están haciendo apuestas patrimoniales para la ciudad más ambiciosas que las que hace el Gobierno andaluz y la adecuación de Santa Clara como gran museo municipal va en ese sentido.

-¿Qué gran proyecto o equipamiento cultural le gustaría que se radicara aquí, donde tantos como el Thyssen pasaron de largo?

-Es verdaderamente triste que Andalucía no tenga un museo de titularidad y gestión nacional. Creo que fue una oportunidad perdida que el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua) se pusiera en Cartagena y no en Cádiz, cuando me consta que la brigada de patrimonio subacuático de la Guardia Civil y la de la Junta de Andalucía son tan potentes. Y creo que las Atarazanas deben ser la gran oportunidad para que las tres administraciones (Ayuntamiento, Junta y Ministerio de Cultura) se unan en torno a un proyecto en lo económico y en la gestión. Es cuestión de voluntad política. En el alcalde de Sevilla siempre encontrarán la voluntad abierta de colaborar. Yo, desde luego, soy zoidiano convencido.

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