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Dolores Agujetas | Crítica Íntima y entregada

Dolores Agujetas inauguró el ciclo 'Íntimos de Triana'. Dolores Agujetas inauguró el ciclo 'Íntimos de Triana'.

Dolores Agujetas inauguró el ciclo 'Íntimos de Triana'. / Grupo Joly

Lleno hasta la bandera registró el primero de los Íntimos de Triana, este nuevo ciclo jondo de Sevilla que, en plena calle Castilla, nos ofrece unos selectos recitales a media luz y a media voz, es decir, sin megafonía. Dolores Agujetas abrió con tres cantes portentosos, impresionantes, en los que volcó, no sólo la ferocidad y el cuajo vital característicos de esta familia cantaora sino también melodías y ese timbre delicioso de armónicos tostados. Abrió con los tientos y tangos marca de la casa, dibujando los cantes con el perfil clásico pero siempre a su forma personal y familiar. Hizo después un par de tarantas del repertorio de Manuel Torre llevando al extremo la intensidad y anarquía del cantaor jerezano, con un toque lleno de sensibilidad y maestría a cargo de Parrilla. Es la estética con la que más se identifica hoy a Jerez en el mundo aunque fueran también de la tierra del vino estilistas de la talla de Antonio Chacón, Niño Medina, José Cepero y un largo etcétera. En las bulerías por soleá jugó como quiso con la melodía, gustándose en los cierres de compás y demostrando que puede ser una cantaora más larga de lo que piensan muchos aficionados. La segunda parte del recital fue ampliamente jaleada y ovacionada, por tratarse del repertorio con el que más se identifica a la saga Agujetas, con los cantes apenas dibujados y con recursos efectistas como el grito o la gestualidad aparatosa: soleares, seguiriyas, fandangos y bulerías. Como despedida, una letra por martinetes que supo a gloria. Dolores Agujetas volvió a demostrar que es una intérprete con personalidad dentro de una casa cantaora con unas señas de identidad muy acusadas. Y con lo difícil que resulta, hoy en día, cantar sin megafonía, aunque se tratara de un auditorio tan íntimo como entregado. La cantaora respondió a esta entrega de parte del público con la suya propia, como no podía ser menos. Una vez desaparecido el patriarca Manuel, la jerezana resulta una figura totémica dentro de la estética Agujetas.

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