Dolores Redondo. Escritora "De un modo u otro, en mis libros siempre he buscado diferenciarme"

  • La autora publica 'La cara norte del corazón', una 'precuela' de la 'Trilogía del Baztán' situada en Nueva Orleans.

  • Retoma el personaje de Amaia Salazar "pero no quería imitarme a mí misma".

Dolores Redondo, fotografiada momentos antes de la entrevista. Dolores Redondo, fotografiada momentos antes de la entrevista.

Dolores Redondo, fotografiada momentos antes de la entrevista. / Víctor Rodríguez

"Creo que todos tenemos, en el alma, una parte inaccesible por la que no vamos a dejar que suba nadie. Hasta la persona más buena y más feliz tiene algo guardado ahí", asegura Dolores Redondo (San Sebastián, 1969), que ha titulado su nueva novela La cara norte del corazón, para ella el lugar "más desolado del mundo", como explica en las páginas preliminares del libro. Redondo, ganadora del Premio Planeta por Todo esto te daré, retoma al personaje de la inspectora Amaia Salazar en esta obra que es una precuela de su exitosa Trilogía del Baztán. La investigadora tiene ahora apenas 25 años y ha acudido a Estados Unidos para formarse en la academia del FBI. Es en esa fecha cuando se desata el huracán Katrina y cuando empieza a actuar un asesino en serie, al que llaman el compositor, que aprovecha los desastres naturales para pasar desapercibido. La autora visitó ayer Sevilla para presentar su última creación en la Fundación Cajasol.

–Sus lectores ya sabían que Amaia se había formado en Nueva Orleans, pero ¿qué le atraía de esta ciudad? ¿Quizás que, como el valle del Baztán, es un lugar con una mitología y una espiritualidad propias?

–Cuando escribí la Trilogía del Baztán, la inspiración fue una noticia que apareció en la prensa sobre una niña asesinada por sus propios padres, padres que pertenecían a una secta establecida en la zona del Baztán. Aquí me interesaba cómo, después de que el huracán Katrina casi destruye Nueva Orleans, la población fue abandonada a su suerte por su Gobierno. Me interesaba cómo esa gente muy pobre, negra en su mayoría, fue tratada como ciudadanos de segunda. Hasta cuatro días después no llegó el primer camión de ayuda...

–Ha prometido que la historia de Amaia Salazar continuará en otros títulos. Quería preguntarle por el proceso de escritura, si tiene usted un férreo control de la biografía del personaje o deja algún margen, aunque sea pequeño, para la sorpresa.

–Yo tengo claros muchísimos elementos, y me anticipo en varias novelas a lo que le ocurre, pero en el momento en el que escribo a veces hay detalles que me sorprenden a mí también. Esta novela ha sido concebida para que sea un portal de entrada, para que el lector que no ha leído la Trilogía pueda empezar por aquí si quiere. Es una Amaia más joven: tiene 12 años en Baztán y 25 en Nueva Orleans. Y esta Amaia tiene mucho de mí.

–Aquí es más inexperta, pero ya está muy segura de sí misma. Perdóneme, pero iba a decirle que parecía un poco arrogante incluso...

–¡Yo creo que con esa edad era así! [sonríe] Si no tienes esa fuerza con 25, poco tiempo te queda para sacarla... Amaia se muestra segura pero no ha llegado su tiempo: percibe algunas cosas sin entender bien el porqué, lo que le hace avanzar a impulsos; es impetuosa y quiere que todo ocurra ya, pero no tiene las habilidades burocráticas para moverse por los despachos ni para buscar alianzas que le permitan esos avances... Por suerte tiene un mentor como Dupree, que sabe guiarla y la comprende.

"Me costó publicar 'El guardián invisible' porque no encajaba en el mercado. Y aquel libro empezó casi un subgénero"

–A menudo un asesino en serie deja pistas para que los investigadores lo reconozcan. Pero el de este libro prefiere pasar desapercibido.

–De un modo u otro siempre intento diferenciarme. Me costó mucho publicar El guardián invisible [la primera entrega de la Trilogía del Baztán] porque pensaban que no encajaba mucho en el mercado editorial. Por fortuna hubo alguien que apostó por el libro, y ahora hay casi un subgénero de crímenes con un proceso ritual, historias que giran en torno a componentes mitológicos o mágicos, los rasgos por los que me decían a mí, precisamente, que el texto no iba a funcionar. Con esta novela vuelvo a Amaia Salazar, pero no quería imitarme a mí misma, me planteaba un escenario totalmente distinto. Retrato una ciudad que, por la catástrofe, está sumida en la Edad de Piedra, sin luz ni comunicaciones, donde no se pueden llevar a cabo determinados procedimientos policiales. Otro elemento novedoso es el asesino, del que hemos hablado antes, ese criminal que prefería pasar desapercibido. El que inspira esta historia nunca huyó, mantuvo durante 18 años una vida idéntica a la que llevaba antes, ni siquiera se dejó bigote y barba para diferenciarse...

–He leído que su editora estadounidense no suele quedar muy convencida con las aproximaciones al FBI que hacen autores extranjeros...

– ...Pero en mi caso no ha sido así, lo que me tiene muy orgullosa. Me decía que el tratamiento suele quedar muy acartonado, que no resulta creíble. Otro detalle a favor de La cara norte es que habla del huracán Katrina, una herida abierta para la población estadounidense, que la literatura ha abordado más en biografías narradas en primera persona. En toda novela tiene que haber una rabia, y si es novela negra tiene que haber una denuncia, y un escenario así era maravilloso.

"En toda novela tiene que haber rabia. Y en una novela negra, además, no debe faltar la denuncia"

–Uno de los personajes dice a Salazar que si Elizondo estuviese en EEUU "habrían abierto seis hoteles encantados, tres rutas de las brujas y una docena de tiendas de regalos". El éxito de sus novelas, ¿ha desnaturalizado de algún modo el paisaje?

–Por la personalidad montañosa que tienen los de allá arriba [ríe] eso no va a ocurrir. Es cierto que desde los últimos años acude un turismo literario y muy respetuoso, que visita museos y prueba los productos tradicionales... Nadie interesado en un parque temático. Esos viajeros no quieren que el destino cambie, buscan la autenticidad, que se preserve eso que hace especial al lugar.

–Sus obras viven un idilio con el cine. ¿Ha visto ya Legado en los huesos?

–No he podido verla por la promoción del nuevo libro. La estrenan esta semana en Sitges y el 5 de diciembre llegará a las salas. La película no es mía, eso lo tengo claro. Es de Fernando [González Molina], el director; de los actores y de los cientos de personas que conforman el equipo. Yo estoy encantada con Marta Etura, una mujer del Norte con esa mezcla de fragilidad y fuerza que muestra muy bien en pantalla; y con las incorporaciones. Imanol Arias es perfecto para el padre Sarasola, y Leonardo Sbaraglia, tan encantador en persona, tenía enamoradas a todas las mujeres y a unos cuantos hombres en el rodaje.

–El año pasado, en el pregón de la Feria del Libro de Sevilla, reconocía la "inmensa suerte de llegar a jóvenes, mayores, hombres y mujeres".

–Mis libros se los pasan madres a hijos, hijos a padres, compañeros de empresa... No hay éxito más grande ni mejor estrategia de marketing que el boca oreja. No tengo que defender yo mi trabajo, ya lo defienden los lectores.

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