man up | Crítica de teatro

Espacio de libertad y fin de la desigualdad

La masculinidad puesta a debate en 'Man Up'

La masculinidad puesta a debate en 'Man Up' / Marcos Gpunto

Andrea Jiménez y Noemi Rodríguez pertenecen a la nueva generación de autoras y directoras que garantizan la buena salud de la dramaturgia española. Y, aunque se puede afirmar que ya está todo inventado, es cierto que estas nuevas propuestas vienen cargadas de dones que otorga la juventud como la sinceridad, frescura y despreocupación en las formas. Llevar a escena la masculinidad impuesta por el heteropatriarcado dominante y la consiguiente búsqueda de unas relaciones más igualitarias entre las personas es lo que plantea  Man Up. En un primer momento, las directoras  pidieron la colaboración de amigos, artistas, periodistas para conocer qué les gustaría ver hacer en un escenario a un grupo de intérpretes masculinos.

Las aportaciones llegaron en forma de audios de whatsapp y han sido utilizados para realizar una obra de dos horas de duración donde, gracias a la autoficción, los actores se sinceran, se abren para expresar sus miedos y sus deseos de abandonar lo aprendido para ser hombres. Jiménez y Rodríguez han huido del drama, se echan en brazos del humor, de la comedia, a veces, del absurdo para exponer sus posturas sobre el machismo, el feminismo y las diversidades sexuales. Se lo toman con calma. Asistimos a una terapia que hace que las convenciones teatrales caigan y el ritmo casi se paralice por momentos. Pero el juego constante de la confesión, el diálogo con el público y la huida del intelectualismo hace que los espectadores acaben inmersos en esta ceremonia en la que se reivindica el fin de la desigualdad y se dejen llevar por momentos de verdadera catarsis.

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