Festival de Cine de Sevilla

Mia Hansen-Love: "Lo femenino va más allá del género, hay directores muy comprometidos"

  • Viaja a la India en ‘Maya’, su nueva incursión en la fragilidad del amor juvenil a través de la historia de un reportero ensombrecido por la guerra

Mia Hansen-Love (París, 1981) en la sede del Festival de Sevilla. Mia Hansen-Love (París, 1981) en la sede del Festival de Sevilla.

Mia Hansen-Love (París, 1981) en la sede del Festival de Sevilla. / José Angel García

Mia Hansen-Love (París, 1981) es una de las grandes esperanzas del cine francés de autor, heredera de la mirada genuina de las grandes realizadoras como Claire Denis y de la factura luminosa y artesanal de la nouvelle vague. La autora de Un amor de juventud, El padre de mis hijos o Edén, donde retrataba la escena house parisina de la que emergió el dúo Daft Punk, acaba de presentar en la sección oficial del Festival de Sevilla su séptimo largometraje, Maya, que llegará a las salas españolas en abril de 2019.

Se esperaba con curiosidad este proyecto, que sucede al que ha sido el mayor éxito de su filmografía, El porvenir, Oso de Plata a la mejor dirección en la Berlinale 2016. Interpretada por Isabelle Huppert, aquella cinta rendía homenaje a su madre, profesora de filosofía, en un momento crucial entre la separación y la jubilación. Ahora Hansen-Love nos acerca a la encrucijada de Gabriel (Roman Kolinka), un reportero de guerra repatriado a Francia tras haber pasado cuatro meses secuestrado en Siria por el ISIS que viajará a la India para sanar heridas muy profundas y, de paso, reencontrarse con su pasado. Se siente "muy feliz" tras presentarla en Sevilla "y lo más alucinante ha sido encontrarme la sala llena y con tanta gente joven porque eso significa que hay un futuro para el cine de autor".

-Maya, donde narra la relación entre un hombre que ha sufrido un trauma y una joven de 17 años criada en Goa, aborda la fragilidad y la belleza de los amores imposibles. ¿Era consciente al rodarla de sus conexiones con Un amor de juventud (2011)?

-En todas mis películas el amor siempre está presente pero ocurren otras cosas alrededor de ese amor, en cambio en Maya y Un amor de juventud está en el primer plano. Con Maya creía que rodaba una película completamente diferente de las anteriores y, sin embargo, al montarla y editarla, encontré planos e imágenes similares. Si haces un cine muy personal como el mío esas reminiscencias están siempre en cada obra aunque sea inconscientemente.

-Hay un hilo conductor entre esta película y las anteriores: el personaje protagonista se cuestiona por completo su vocación.

-Creo que la vocación es el denominador común de todas mis películas a pesar de que cada personaje tiene una profesión diferente: la arquitectura, la música, la filosofía, el periodismo de guerra ahora... Es algo que me persigue. Todos mis personajes se plantean qué es lo que da un sentido a sus vidas y les hace seguir adelante, en qué pueden ser útiles. La vocación me obsesiona tanto que me pregunto si sabría hacer una película donde el tema no esté presente.

-¿Por qué quiso acercar su narrativa, tan intimista, a la cuestión candente del yihadismo?

-Para vincular la película y anclarla al momento actual. En El porvenir ocurrió lo mismo: aunque hablaba de filosofía, que parece una cuestión que trasciende el tiempo, había alusiones al momento y al presidente de la República, se abordaban las huelgas que sacudían Francia... Hay cine más centrado en los arquetipos, que hace referencia a cosas más atemporales, pero yo siento la necesidad de hacer un cine inscrito no en lo cotidiano pero sí en un momento muy concreto, necesito que ese tiempo dé cuerpo a la película.

-Le otorga por primera vez el papel protagonista de Gabriel a Roman Kolinka, al que hemos visto como secundario en Edén o El porvenir. ¿Qué diferencias encuentra al trabajar con su actor fetiche y con una actriz debutante como Aarshi Banerjee, la joven que encarna a Maya?

-Cuando conocí a Roman (Kolinka) fue una revelación, era el actor que siempre había buscado, tenía la nota justa, ésa en que el piano estaba afinado. Tiene un gran carisma pero a la vez un aura melancólica que le persigue y todo eso lo lleva de un modo natural, no se mira en el espejo. Es un gran actor profesional aunque no ha tenido mucha experiencia pero para mí su trabajo es muy superior al tamaño de su carrera. Me gustó mucho en Edén y en El porvenir, donde no tenía un papel tan importante, y quería darle uno donde la película reposara sobre sus hombros. Roman tuvo una infancia muy dura y ese sufrimiento lo tiene interiorizado, es alguien muy púdico. Pero precisamente por eso pensé que sería capaz de encarnar al reportero de guerra que nunca revela su choque emocional. Aarshi Banerjee, en cambio, no tenía experiencia como actriz, la descubrí en un casting que realizamos. Me cautivaron su gracia y su elegancia etérea, y el que sea a la vez una jovencita con los dos pies bien puestos en la tierra. Ella es quien equilibra al personaje de Roman, que cuando llega a la India es un fantasma, una sombra de sí mismo.

-Otra clave narrativa es la India, especialmente Goa, que vemos a través de la espléndida fotografía de Hélène Louvart. ¿Qué significa el paisaje en su obra?

-En todas mis películas el paisaje es un personaje más. Para mí los decorados y los paisajes son importantes, a menudo son el hilo que conduce y hace avanzar el guión. Suelo introducir en mis obras lugares que conozco, que vi antes y que quiero volver a visitar y poner en primer plano.

-El cine rodado por mujeres está cada vez más presente en el Festival de Sevilla. ¿Siente, como directora, la responsabilidad de aportar una mirada desde lo femenino?

-Sí, me siento responsable y soy consciente de que hago películas desde el punto de vista femenino aunque a veces en un contexto poco femenino. Pero defender profundamente lo femenino no significa que todo deba ser hecho por mujeres: las hay que pueden hacer un cine muy masculino, con machos viriles o escenas violentas, y hombres que pueden hacer cine desde una perspectiva femenina. Para mí lo femenino es mucho más amplio que una cuestión de género.

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