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Crítica de Flamenco

Historias de Auschwitz

Es notable el trabajo de adaptación de José Valencia y su compañía a la hora de poner música a poemas gitanos contemporáneos de Serbia, República Checa y España, en romanés y castellano. El espectáculo incorpora estos poemas, en metros muy alejados de la poesía tradicional jonda, en canciones aflamencadas o en melodías de compositores flamencos clásicos como Enrique el Mellizo. Una vez más Valencia ofrece un completo catálogo de recursos vocales, desde esa media voz característica, en la que podemos entender la letra y emocionarnos sin tener que agarrarnos a la silla, hasta ese grito poderoso que nos derrumba, nos aprisiona en la seguiriya. Valencia es uno de los grandes cantaores de hoy, eso no lo vamos a descubrir, aunque en esta obra lo vuelve a demostrar.

La parte más endeble de Gilâ es la dramaturgia, no acreditada, en la que, más que un desarrollo o una progresión narrativa, encontramos una serie de historias, protagonizadas por un perro llamado Rex o por una pareja de novios, en el marco nada convencional desde luego de Auschwitz. En ocasiones, en la enumeración de la ruina física del protagonista, me recordó una de las obras más impresionantes de la literatura universal que en España se tradujo con el título de Prisionera de Stalin y Hitler de Margarete Buber-Neumann. Siendo un libro testimonial, es una obra maestra absoluta ya que no ofrece subrayado, ni énfasis, sino la mera narración de los hechos. Nunca se ha vivido un libro tan conmovedor. Una obra que, como ésta que vimos anoche, nunca pasa de moda porque Auschwitz ocurre, como saben ustedes, cada día delante de nuestras narices.

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