UN ENEMIGO DEL PUEBLO (Ágora) | CRÍTICA DE TEATRO

Ni Ibsen, ni gaitas, ni leches

Todo el elenco de la versión de Rigola sobre el clásico de Ibsen. Todo el elenco de la versión de Rigola sobre el clásico de Ibsen.

Todo el elenco de la versión de Rigola sobre el clásico de Ibsen. / Vanesa Rábade

Parece obvio que Àlex Rigola se dirige, con esta versión de la obra de Ibsen, a un público que no la conoce. Un público joven al que puede engatusar con este juego pseudo-democrático en el que hacemos como que somos muy participativos. Un ejercicio en el que se banaliza, de manera adolescente, el sufragio universal olvidando que la obra se estrenó en 1883 y ha llovido mucho desde entonces.

Hace pocas semanas, a una empresa y a sus trabajadores se les acusaba de que las bombas que manufacturan fueran las causantes de la muerte de los yemeníes (como si la empresa dedicada a la fabricación de armas no lo hiciera desde hace años). Todavía estamos ante la decisión del Supremo de enmendarle la plana a una de sus salas por el tema de las hipotecas.

Y sólo he tenido que mirar hacía atrás dos semanas. Me parece que hace mucho tiempo que sabemos que el sistema democrático liberal hace aguas por muchos flancos.

Sensación de ir muy sobrados en esta confusión entre mitín y teatro ‘sincero’

Pero querer hacer una no-representación de Un enemigo del pueblo para conseguir que el público opine sobre temas que se llevan discutiendo desde los griegos y que Ibsen dibujó con certera clarividencia me produjo sonrojo anoche en el Teatro Central. Sabemos que Google nos vigila, que Facebook lo sabe todo de nosotros, que la gente, aburrida de los políticos, deja de votar y los malos llegan al poder. Pero hacer un juego de esto, manipular al público para conseguir un gag cuando se declara al médico enemigo del pueblo me parece demasiado barato.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios