Joven Orquesta Nacional de España | Crítica

La hora del joven sinfonismo

La Jonde en su formación de 2019 La Jonde en su formación de 2019

La Jonde en su formación de 2019 / Pablo Paniagua

Desde que desaparecieron, hace demasiado tiempo, los ciclos orquestales en el Maestranza, el melómano sevillano ha tenido que acostumbrarse a los conjuntos de jóvenes como casi única alternativa sinfónica a la ROSS. Orquesta Conjunta de Universidad y Conservatorio, OJA, Jonde o la Orquesta del Diván, que vuelve en unos días, son las opciones. El nivel de los jóvenes músicos es hoy estupendo en nuestro país y los resultados de sus actuaciones, en general brillantes, pero convendría no perder la perspectiva de que se trata de conjuntos de formación.

Dirigida por el alicantino Jordi Francés, la Jonde empezó su actuación con una Procesión del Rocío de Turina compacta, pero sin la claridad ni el refinamiento que la partitura, con su aroma afrancesado, está pidiendo. Una visión apoyada más en el vigor que en la sutileza del color.

Francés hizo en cambio un gran trabajo con Romeo y Julieta de Prokófiev, que dibujó con abundantes y bien resueltas gradaciones dinámicas, manteniendo siempre la tensión y trazando dibujos convincentes de los personajes (admirables las partes solistas en el retrato de Julieta o el empaste de la cuerda en la escena del balcón). De extraordinaria pulcritud rítmica el final con la muerte de Tebaldo.

La preocupación por la complejidad rítmica quizás hizo que Francés perdiera algo de vista el refinamiento tímbrico que exige La consagración de la primavera, que se escuchó en una versión impetuosa, nerviosa, construida básicamente sobre el poder afectivo de los ostinati.

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