Juventud y virtuosismo

Pablo J. Vayón

23 de febrero 2011 - 05:00

Ciclo de Jóvenes Intérpretes. Carlos Goicoechea, piano. Programa: Sonata nº30 en mi mayor Op.109 de Ludwig van Beethoven; Fantasía en do mayor D 760 'Der Wanderer' de Franz Schubert; 4 Estudios de ejecución trascendental de Franz Liszt. Lugar: Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza. Fecha: Martes 22 de febrero. Aforo: Dos tercios de entrada.

Carlos Goicoechea (Burgos, 1991) cerró anoche el Ciclo de Jóvenes Intérpretes del Maestranza con un recital breve pero intenso en el que mostró unas dotes técnicas formidables y una musicalidad fuera de toda duda, aunque en el terreno interpretativo se le apreció una lógica inmadurez, lo que provocó una sensación general de frialdad, que afectó especialmente a la Op.109 de Beethoven, expuesta con clara cantabilidad, pero corta en matices y con una acentuación algo laxa, sobre todo en las variaciones más delicadas del soberbio Finale.

El impetuoso y brillante arranque de la Fantasía de Schubert, auténtica fanfarria de llamada en torno al arte, quedó compensado con un Adagio en el que el joven pianista burgalés encontró espacio para el lirismo, aunque sin resultar casi nunca especialmente poético ni profundo, en parte a causa de un tempo más bien premioso, que no fue capaz de llenar de las tensiones que la obra requiere. Lo mejor posiblemente llegó en el final fugado, de sonido robusto, poderoso, con dinámicas muy contrastadas, en general transparente y claro (aunque algún que otro pasaje en el que la mano izquierda sostiene el canto resultara algo confuso) y una arrolladora fuerza rítmica.

En el universo virtuosístico de Liszt, Goicoechea se movió con absoluta propiedad, ofreciendo los cuatro primeros de los 12 estudios de ejecucion trascendental con una pasmosa (solo aparente, es obvio) facilidad. Si en Paysage matizó con gusto en las gamas dinámicas má leves, pero se le resistió esa nostalgia lisztiana, el tono marcial, heroico de Mazeppa resultó formidablemente atrapado.

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