Cultura

Así es Kooza, el espectáculo que el Circo del Sol trae a Sevilla

  • La carpa del circo más famoso del mundo vuelve a desplegarse en el Charco de la Pava sevillano

Los artistas de 'Kooza', en escena para el saludo final. Los artistas de 'Kooza', en escena para el saludo final.

Los artistas de 'Kooza', en escena para el saludo final. / Matt Beard / Cirque du Soleil

El Circo del Sol regresa a Sevilla el 16 de enero. La carpa del circo más famoso del mundo vuelve a desplegarse en el Charco de la Pava sevillano hasta el 8 de marzo.

Kooza narra el viaje natural de la inocencia con los payasos como sus protagonistas esenciales, por lo que el humor adquiere un papel predominante en el espectáculo que trae el Circo del Sol dos años después de su última visita a la capital hispalense.

El espectáculo que puede verse en Sevilla a partir del 16 de enero bajo la carpa de la compañía (que, recupera para la ocasión el emblemático chapiteau azul y amarillo de sus inicios), sirve como tributo de esta forma a la misma disciplina que el Circo del Sol convirtió definitivamente en otra cosa.

En relación con espectáculos anteriores como el Totem de Robert Lepage, Kooza presenta unas hechuras más discretas y desnudas, con menos trampa, menos cartón y una puesta en escena con menos caché a favor del lucimiento directo, a cara descubierta, de los diferentes números servidos, como en los viejos circos de antaño; pero cabe interpretar esta apuesta, cuidado, más como una apariencia que surte sus efectos en el propio juego de ilusiones del Circo del Sol.

Es decir, quien acuda a buscar los mismos sortilegios y hazañas imposibles para despacharse a gusto con la boca abierta saldrá satisfecho a raudales, por más que ciertos pasajes del espectáculo inviten, ciertamente, a evocar a aquel otro circo que se quedó por el camino.

El montaje permite comprobar estos y otros alcances de una propuesta tan distinta y tan correspondiente a la vez con lo que se puede esperar de una maquinaria teatral tan poderosa como el Circo del Sol.

El Bromista, maestro de ceremonias, con los Charivari. El Bromista, maestro de ceremonias, con los Charivari.

El Bromista, maestro de ceremonias, con los Charivari. / Matt Beard / Cirque du Soleil

El humor tiene en Kooza más protagonismo que en otros montajes recientes de la compañía, a través de un eficaz trío de payasos (a los que se unen un perro peludo y un inquietante poblador del subsuelo) que sirven de verdadera columna vertebral a Kooza y que a la vez rinden singular homenaje (aquí sí) a la tradición más a flor de piel del clown circense, con números alocados y descacharrantes, más proclives a la parodia y a la poca vergüenza que a las tendencias más artísticas del clown, que sí que afloran en el desarrollo de la línea argumental del espectáculo.

Como todas las propuestas del Circo del Sol, Kooza cuenta una historia, o lo pretende, y aquí los protagonistas son un personaje inocente ensimismado con su cometa y una especie de bromista (en claro tributo a Alicia en el País de las Maravillas) que introduce al anterior en un mundo de ilusión en el que le sirve de guía y en el que a la vez le reta continuamente (todo ambientado en una suerte de plaza en pleno carnaval).

Los números más impactantes de Kooza

El de los funambulistas es uno de los números de mayor voltaje del espectáculo. El de los funambulistas es uno de los números de mayor voltaje del espectáculo.

El de los funambulistas es uno de los números de mayor voltaje del espectáculo. / Matt Beard / Cirque du Soleil

Dos momentos resultan especialmente impactantes a la hora de cortar la respiración en Kooza: el número de equilibrismo con dos cuerdas a una altura imposible y con cinco funambulistas en acción (entre ellos el dúo español de los hermanos Quirós; el tercer español en liza en Kooza es el clown Miguel Berlanga); y la atroz Rueda de la muerte, un columpio despiadado que reta a las leyes fundamentales de la física y en el que los dos artífices, colombiano uno, ecuatoriano el otro, dejan sin remedio la certeza de que se juegan la vida y salen airosos de manera inexplicable.

Además, dos jóvenes contorsionistas de Mongolia hacen gala de su anatomía extraterrestre, un acróbata chino borda lo imposible subido a una torre de sillas y toda una familia de artistas rusos, moldavos, mongoles y bielorrusos recuperan la semilla del circo de toda la vida con sus zancos y sus trampolines.

No faltan cabriolas tremendas en monociclo, bailes de esqueletos, acrobacias con aros ni la espectacular puesta en escena de los Charivari.

Todo servido con una iluminación de órdago, una hermosa música de inspiración oriental interpretada en directo por una banda multirracial de fábula y todo lo que puede acontecer bajo la marca Circo del Sol. Ante semejante aluvión, la vuelta a la tradición, entendida como artesanía, también forma parte de la estricta ilusión. Aunque resulta difícil, en todo caso, permanecer inmune a la invocación del asombro.

Desde su première en 2007, Kooza ha celebrado cerca de cuatro mil funciones en más de sesenta ciudades de veintidós países de todo el mundo, con un total de siete millones y medio de espectadores.

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