María Moreno | Crítica Naturalidad del flamenco actual

La bailaora gaditana María Moreno.

La bailaora gaditana María Moreno. / Jesús Marín

Ella es la naturalidad, la frescura del baile flamenco actual. Lo suyo es tan complicado, tan vertiginoso, o más, que lo que hace cualquier otro virtuoso del baile flamenco de hoy, que ya no se concibe sin esta fiereza técnica, sin este frenesí rítmico. Pero ella lo ofrece envuelto en miel, con una sonrisa, con un toque de delicadeza. En la milonga dio una lección del manejo de la bata de cola y el mantón. Primero en la oscuridad, en el silencio. El silencio está sabia y estratégicamente situado en varios momentos de la noche. Luego saltando desde el ritmo, en un compás inesperado que arranca en un arrebato, que nos corta la respiración, en un primer momento. Se trata de un recital clásico, en apariencia. Porque en el aspecto técnico, rítmico, hay un enorme trabajo de asunción de las vanguardias jondas actuales. Y luego está la delicadeza de la mano, el giro de la muñeca, el hombro. Por soleá asume la lección de sus maestras de entender el estilo como una rueda iniciática, en la que la emoción surge a empellones, fruto de pasar una y otra vez por el mismo sitio pero de distinta manera. Es un éxtasis que tiene mucho de respuesta puramente física, de rito circular hacia el centro. Las castañuelas, incluyendo el dúo con Roberto Jaén, son una delicia y un prodigio. La madera frenética, contemporánea, de los palillos, mano a mano con la madera del cajón.

La taranta es una capitulación, la entrega a la tierra. Y la bulería final:ahí María Moreno se dejó llevar. Allí se quitó los zapatos, se olvidó del frenesí de los pies, y se puso a jugar. Con una bata negra con unos lunares rojos enormes y dos ramitas de romero en la cabeza. Bailó como una niña, divirtiéndose.

Ser natural, ser uno mismo, es lo más complicado en un escenario y María Moreno tiene ese don único. Juan Requena es un tocaor que se adapta a la perfección a las exigencias del baile de Moreno porque, partiendo de la tradición, y a fuerza de virtuosismo rítmico, ha llevado la guitarra flamenca a un lugar único, personal. De ahí que se identifique plenamente con el baile de Moreno.

El Extremeño estuvo como siempre:poderoso, seguro, eficaz, categórico, con un chorro de voz impresionante e intacto. Íntimo y absoluto en la soleá y divirtiéndose por bulerías. Pepe de Pura parecía padecer una afección de garganta pero resolvió con profesionalidad. Roberto Jaén derrochó complicidad gaditana con Moreno.

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