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María Moreno | Crítica

María Moreno es luz

Un pasaje de 'More (no) more'.

Un pasaje de 'More (no) more'. / Óscar Romero

María Moreno es luz, claridad, colorido. La frescura del baile jondo actual. Desparpajo, calidez y gracia.Y, sin embargo, esta propuesta, parte de la sombra hacia la sombra, ese es el progreso que propone. Con un toque lírico y meloso, grande Juan Requena, y el cante de primera de Pepe de Pura e Ismael de la Rosa. Roberto Jaén puso la chispa y el soporte rítmico. Y qué decir del dominio técnico de la titular de la compañía que se raspa todo el espectáculo sobre las tablas, sin apenas darse un par de respiros, los necesarios para los cambios de vestuario, que firma Palomo Spain.

En más de una ocasión tuve la impresión de que la danza estaba al servicio la música y la puesta en escena, y no al revés. El fragmentarismo, la desjerarquización, la desestructuración, sienta mal al arte actual de María Moreno. Tampoco el ensimismamiento, la autorreferencia. Hubo muchos movimientos escénicos, paneles que suben, paneles que bajan, paneles que vuelven a subir, y destellos de ingenio que, francamente, a estas alturas no me interesan en absoluto. La soleá, algo sobreactuada, fue el único baile con estructura aparentemente tradicional que vimos sobre la escena. Las alegrías surgen desde la oscuridad y la austeridad total, desde lo negro hacia … algo, poco, de luz. El público, que casi llenaba el teatro, estuvo muy activo toda la noche, jaleando y gritando y finalmente puesto en pie. Esta obra obtuvo el "Giraldillo al momento mágico" de la Bienal 2020.

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