AVERÍA
El tranvía se queda sin servicio tras una avería en Luis de Morales

Memorias de la esclavitud

Crítica '12 años de esclavitud'

Todas las interpretaciones son excepcionales, pero sobresalen las de Ejiofor y Fassbender, actor fetiche de McQueen.
Carlos Colón

16 de diciembre 2013 - 05:00

12 años de esclavitud. Drama, Reino Unido, 2013. 133 min. Dirección: Steve McQueen. Intérpretes: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Lupita Nyong'o, Sarah Paulson, Brad Pitt. Guión: John Ridley (Biografía: Solomon Northup). Música: Hans Zimmer. Fotografía: Sean Bobbitt.

Steve McQueen, un director inglés de origen jamaicano entrenado en retratos de supervivencia en entornos de una dureza extrema -Hunger, ambientada en una cárcel de máxima seguridad de Irlanda del Norte- ha logrado el más convincente y realista retrato de la esclavitud que recuerde haber visto. Y con ello una de las más duras películas sobre la capacidad humana para el mal desde La zona gris. Aquélla se desarrollaba en el recinto de las cámaras de gas y los crematorios de un campo de exterminio nazi. Ésta a pleno aire, en ciudades y plantaciones. Aquélla trataba del genocidio. Ésta de la esclavitud. Dos formas de profanar al ser humano. Peor, por ser más fanática y puramente gratuita, la maldad nazi que la esclavista: ésta, por lo menos, unía los intereses económicos -tanto de los traficantes, como de los plantadores y los gobiernos- al racismo. La maldad nazi representó el altruismo perverso del mal por el mal.

La película cuenta un caso desgraciadamente real. En 1841, antes de la Guerra Civil y por lo tanto de la abolición de la esclavitud en todos los estados de la Unión, un negro libre, culto, aburguesado, respetado en la comunidad de Saratoga en la que reside, padre de una familia feliz y violinista de profesión, es secuestrado y vendido como esclavo. Durante doce años luchará por recuperar la libertad. Conocerá amos tolerables y sádicos. Sufrirá no solo la desposesión de su libertad, sino de su personalidad y la de su humanidad misma. Aunque ésta, por fortuna, no se la logran arrancar.

En este sentido esta película, durísima, es también una afirmación de la inalienable dignidad humana, de la lucha desesperada por conservarla resistiendo a un poderoso sistema estructurado para despojar de ella; o incluso ni tan siquiera eso: resistiendo y enfrentándose a un sistema que no reconoce a los negros como seres humanos y, por lo tanto, ignora su humanidad. Tan perfecto que logra que muchos acepten, como dice uno de sus compañeros de infortunio al secuestrado, que han nacido para ser esclavos.

Que el protagonista haya sido antes un hombre libre de vida acomodada hace aún más angustiosa su esclavitud y, sobre todo, genera una mayor identificación entre el público y él. Podría ser cualquiera de nosotros. Un día viviendo feliz como uno más de la comunidad y al siguiente una cosa tratada peor que las cosas, una bestia tratada peor que las bestias. Se le podría reprochar un cierto tremendismo. Pero sería injusto. Así eran las cosas. Sobre todo así las sentía quien caía en ese infierno desde otro mundo más justo y más humano.

Excepcionales todas las interpretaciones, sobresaliendo el trío formado por Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender -el actor fetiche de McQueen- y Benedict Cumberbactch. Único reparo: es tan seria en su retrato de la profanación de los seres humanos y de la maldad que se ceba con los más indefensos, que le sobra la música. Sobre todo la que tiene, absolutamente inapropiada.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Cover-up: un periodista en las trincheras | Estreno en Netflix

Un hombre contra la violencia de una nación

Lo último