Fotografía | Exposición

Miroslav Tichý: en busca de la belleza imperfecta

  • El Cicus acoge la exposición más completa dedicada hasta ahora en España al gran fotógrafo checo, un artista singularísimo que pasó la vida retratando a las mujeres de su pueblo y para quien la fotografía era "pintar con luz"

El fotógrafo Miroslav Tichý (1926-2011). El fotógrafo Miroslav Tichý (1926-2011).

El fotógrafo Miroslav Tichý (1926-2011). / D. S.

Tras el golpe de Estado del 48, a Miroslav Tichý le prohibieron retratar a mujeres desnudas en la Academia de Bellas Artes de Praga. Como no quiso plegarse al régimen comunista, lo llevaron a un psiquiátrico y lo sometieron a un tratamiento. Muchos años después de aquello, cuando le preguntaron por qué había cambiado la pintura por la fotografía, Tichý contestó: "Todos los cuadros ya estaban pintados, todos los dibujos ya estaban dibujados. ¿Qué me quedaba por hacer?".

En los 60, ya de vuelta en Kyjov, empezó a vestir con harapos y se fabricó una cámara con materiales de desecho (latas de conserva, cartones, paquetes de tabaco, lentes de gafas viejas, elásticos de calzoncillos...). Durante tres décadas tomó 108 instantáneas al día, que revelaba más tarde en una ampliadora hecha a mano. "La fotografía es pintar con luz", dijo de viejo, cuando Roman Buxbaum descubrió sus obras y decidió mostrárselas al célebre comisario de arte Harald Szeemann. "Las manchas y los puntos son errores. Pero los errores son parte de la foto. Son la poesía, la cualidad pictórica. Y para eso se necesita una cámara tan mala como sea posible. Si quieres ser famoso, tienes que hacer algo peor que cualquier persona del mundo".

Una de las imágenes que forman parte de la exposición. Una de las imágenes que forman parte de la exposición.

Una de las imágenes que forman parte de la exposición. / D. S.

La gloria le llegó tarde. Tras la exposición organizada por Szeemann en la Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla de 2004, Roman Buxbaum y Natascha Von Kopp dirigieron los documentales Miroslav Tichý: Tarzan Retired (2004) y Miroslav Tichý: Worldstar (2006), y en 2005 le concedieron el premio Rencontres d'Arles Photographie Discovery. Su obra se expuso en la Kunsthaus de Zúrich, el Centro Pompidou de París, el Museo de Arte Moderno de Frankfurt, la galería Heike Arndt de Berlín, el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York y la galería Ivorypress de Madrid. Pero el artista prefirió seguir viviendo de su humilde pensión y mantenerse al margen de la sociedad.

Miroslav, que se describía a sí mismo como un samurái, dedicó toda su vida a retratar a las mujeres de su pueblo, a menudo escondido tras paredes y arbustos para que sus modelos no repararan en él. Una de sus temáticas favoritas eran las escenas junto a la piscina. "Las bañistas que toman el sol despreocupadas y conversan con sus cuerpos inundados de luz son representadas como espectros en su tiempo de ocio", apunta la comisaria e investigadora italoamericana Carolyn Christov-Bakargiev.

Otra de las fotografías de Miroslav Tichý. Otra de las fotografías de Miroslav Tichý.

Otra de las fotografías de Miroslav Tichý. / D. S.

Sin embargo, pese a esta necesidad de plasmar el disfrute ajeno, el artista rechazaba el placer. "¡Soy un escéptico! Muchas veces me preguntan en qué creo. No creo en nada ni en nadie, ni siquiera en mí mismo". Este lector de Schopenhauer al que Nick Cave dedicó una canción se consideraba un mero observador. "La fotografía es algo concreto. Es percepción, es lo que ven tus ojos. Y pasa tan rápido que puede que no veas nada".

Este artista checo nacido en 1926 tampoco trabajaba de manera preestablecida. En sus paseos diarios fotografiaba a chicas, niños y parejas besándose. "Las mujeres son simplemente un motivo para mí. Su figura y su movimiento, de pie, tumbadas, sentadas, caminando, es lo único que me interesa", afirmaba. Día tras día, Tichý captaba la vida cotidiana y la imperfección de los cuerpos que encontraba en su pueblo y se la llevaba a su casucha llena de polvo, donde todas esas piernas, espaldas, pechos y traseros borrosos eran decorados de forma naíf y expuestos en una especie de altar de cartón.

El artista checo, en un autorretrato. El artista checo, en un autorretrato.

El artista checo, en un autorretrato. / D. S.

Intimidada quizá por su rebeldía y su condición de voyeur, la Policía lo encerraba cada año el día de la fiesta nacional para que no causara problemas, hasta que se dio cuenta de que este vagabundo de larga barba que remendaba su ropa y vivía en una chabola no sólo no estaba loco, sino que era completamente inofensivo. Miroslav se limitaba a deambular por las calles y capturar la belleza femenina en imágenes que enmarcaba luego con paspartús de colores.

Las fotos que aún se conservan están rotas, desgastadas y sucias. Cuando se las quisieron comprar unos años antes de su muerte, él se negó y ofreció intercambiarlas por obras de otros artistas. La Fundación Tichý Ocean, que abrirá próximamente un museo, sigue fomentando el trueque en homenaje al hombre que quiso evitar a toda costa el reconocimiento público.

Una de las cámaras que construyó Tichý con materiales de desecho. Una de las cámaras que construyó Tichý con materiales de desecho.

Una de las cámaras que construyó Tichý con materiales de desecho. / D. S.

Hasta el próximo día 25, una amplia selección de sus imágenes y varios de sus cuadros se pueden ver en el Cicus. Miroslav Tichý. Encuentros es la exposición más completa que se le ha dedicado al autor checo en nuestro país y cuenta con la publicación de la primera monografía en español dedicada al artista. Además, la muestra se completa con la proyección del documental Tarzan Retired (2006) y la exhibición de parte de su equipo fotográfico.

La retrospectiva culmina con un conjunto de obras de creadores contemporáneos como Araki, Goshka Macuga, Johnattan Meese, Daido Moriyama, Hans-Peter Feldmann, Richard Prince o Laurence Weiner, pertenecientes al proyecto Artists for Tichý, Tichý for Artists, una iniciativa de la Fundación Tichý Ocean a la que se han sumado más de un centenar de artistas.

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