Muere a los 82 años el pintor sevillano José Soto

Como autor y mediante otras facetas, fue uno de los responsables de la introducción de la modernidad en el arte sevillano en los 60.

José Soto, en mayo de 2012 en el CAAC, durante la presentación de la exposición que le dedicó el centro de la Cartuja, 'Campos de color'.
José Soto, en mayo de 2012 en el CAAC, durante la presentación de la exposición que le dedicó el centro de la Cartuja, 'Campos de color'.
Francisco Camero Sevilla

28 de agosto 2016 - 05:00

José Soto, una de las figuras fundamentales de la modernidad artística en Sevilla, falleció ayer a los 82 años. La noticia sorprendió extraordinariamente a sus familiares y allegados, pues aunque en su círculo más próximo se sabía que estaba enfermo nadie esperaba un desenlace tan brusco. Además de su actividad como pintor, Soto fue profesor, crítico y comisario, con tal reputación de poseer siempre un criterio sólido y fiable que se convirtió en una voz consultada asiduamente por otros artistas y por profesores y críticos de toda Andalucía.

José Soto formó parte de la generación, compuesta también por Carmen Laffón, Jaime Burguillos y Teresa Duclós, que rompió en los 60 con los cauces tradicionales de la pintura que se hacía en Sevilla. Junto a los citados además de Isidro-Enrique Roldán, desempeñó en esos años un papel muy relevante en la galería La Pasarela, lugar de encuentro de artistas con ideas y concepciones muy diferentes pero por encima de todo el primer espacio de Sevilla que se abrió al arte moderno. Al calor de este local comenzaron a destacar Juan Suárez, Gerardo Delgado o José Ramón Sierra. La estrecha colaboración que La Pasarela mantuvo con la galería madrileña de Juana Mordó -que aglutinaba a las figuras más destacadas de la modernidad nacional, desde el grupo El Paso hasta los abstractos de Cuenca- engrandeció aún más la huella que dejó en Sevilla esta galería, en la que Soto fue una personalidad especialmente activa.

Como pintor, Soto, nacido en Sevilla en 1934, comenzó en un registro más o menos convencional, hasta que, tal vez espoleado por sus estancias en París y en otros lugares de Europa -Alemania, Italia, Austria, Bélgica, Checoslovaquia...- gracias a sus becas de ampliación de estudios de Bellas Artes, optó decididamente por la abstracción y la geometría. Mark Rothko, Barnett Newman y Fernando Zóbel, amigo y durante una temporada compañero de taller, fueron algunos de los artistas a los que admiró siempre. En 1972, Juana de Aizpuru, que por entonces mantenía su galería en Sevilla, incluyó a Soto en la exposición Nueve pintores de Sevilla, un hito para la nueva y pujante escena de la ciudad que causó un gran impacto en los principales centros artísticos del país, desde Madrid a Barcelona pasando por Valencia.

A mediados de los 70, sin que ni siquiera muchos de sus amigos llegaran a saber por qué, abandonó la pintura. Se volcó entonces en esa actividad en los aledaños de la creación artística que lo convirtieron en una especie de consejero de privilegio, aunque sus íntimos matizan que, por su naturaleza humilde y luminosa, él jamás habría aceptado ese título. En Sevilla llevó a cabo una intensa labor en la difusión y promoción del arte en instituciones y entidades como la antigua Caja San Fernando o la Fundación Aparejadores.

En 2010, para celebrar los 40 años de su galería, Aizpuru hizo una exposición dedicada a los primeros artistas que trabajaron con ella, Soto entre ellos. De algún modo aquella muestra significó el comienzo de su regreso a los pinceles. El director del CAAC, Juan Antonio Álvarez Reyes, vio aquella muestra y, impresionado por sus obras, le propuso organizar una exposición, que acabaría inaugurándose en mayo de 2012 en el centro de la Cartuja bajo el título Campos de color, con muchos de sus trabajos de los años 60 y 70 además de varias obras nuevas y de gran formato realizadas expresamente para la ocasión. Soto expuso luego algunos trabajos más, de menor formato, en La Caja China. Actualmente se encontraba ultimando otra exposición, "cojonuda" según uno de los muchos íntimos que anoche trataban aún de digerir el golpe inesperado.

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