Teatro de la Maestranza. Programación 2019-20

Nuevo rumbo, nuevos aires

  • Los títulos operísticos rezuman frescura con 'Agrippina' trasladando las intrigas de Roma al mundo de las series televisivas como 'Dallas'

'Agrippina' en la coproducción de la Ópera de Oviedo. 'Agrippina' en la coproducción de la Ópera de Oviedo.

'Agrippina' en la coproducción de la Ópera de Oviedo. / Annemie Augustijns

No ha tenido en verdad mucho tiempo el nuevo director general del Teatro de la Maestranza para tejer una temporada completa, dado que al parecer la anterior dirección artística apenas si tenía nada cerrado. Lo que puede ser un inconveniente (el escaso margen de tiempo para contratar producciones y, sobre todo, cantantes) se puede convertir en una ventaja al no tener que asumir apenas ninguna herencia artística y poder así estampar una rúbrica personal desde el primer momento. Por ello se hace necesario otorgar un margen de confianza a Javier Menéndez hasta que podamos ver dentro de un año una programación propia pensada con el tiempo preciso para la meditación y la búsqueda de la oferta más apropiada para el teatro sevillano.

En función de lo que se nos ha presentado para la próxima temporada, en lo que a lírica se refiere, se puede afirmar que se aprecia claramente que, a diferencia de lustros anteriores, al frente del Maestranza está alguien que conoce bien el mercado de producciones y artistas, que tiene criterios propios a la hora de seleccionar la oferta y que no antepone los intereses artísticos personales a las necesidades del teatro y del público para quien trabaja, con los consiguientes condicionantes a la hora de seleccionar, por ejemplo, los títulos de las óperas.

Salvo el caso de Sansón y Dalila, que parece ya estaba cerrada por la anterior dirección artística, el resto de los títulos muestran la entrada de una bocanada de aire fresco en el teatro maestrante. Por fin regresa la Orquesta Barroca de Sevilla (y parece que para quedarse de aquí en adelante) al foso para una Agrippina de Hándel en una brillante y divertida producción que traslada las intrigas de la Roma del joven Claudio al mundo de aquellas famosas series televisivas Dallas o Dinastía, con una Agrippina caracterizada como la calculadora Angela Channing y a Claudio como al odiado JR. Lo mismo ocurre en el caso de Don Pasquale, con el retorno del gran Carlos Chausson en una producción también imaginativa y llena de hilaridad firmada por Laurent Pelly. Y teatro de la mejor ley veremos en la visión de La Traviata firmada por David McVicar y en la que brillará sin duda la voz de Nino Machaidze.

Otro aspecto a destacar es la subsanación de uno de los defectos de los años anteriores. El Maestranza se abre a los músicos locales a través de la programación de la Sala Manuel García, un espacio que hace años tuvo una vida llena de programas interesantes y que en los últimos lustros apenas si se utilizaba. Queda aún por recorrer camino en este terreno haciendo del Maestranza el escaparate en el que se puedan mostrar los muchos valores musicales que atesora esta ciudad, tanto en su patrimonio musical (esas 171 óperas relacionadas con Sevilla, por ejemplo) como en el de los intérpretes. En este sentido creo que nuestro teatro debería seguir el camino que ya transitan otros muchos teatros españoles y hasta ciudades sin actividad operística como Jaén o Granada y crear un taller de ópera en el que acoger a jóvenes valores del canto y crear una cantera de voces para las producciones líricas, sin olvidar el importante papel pedagógico que este tipo de actividades otorgan a un teatro. Elementos no faltarán para ello sin tener que salir de Sevilla.

Echamos de menos algunas cuestiones importantes: Carmen sigue sin ser programada desde ¡1992!. El público sevillano agradecería una mayor presencia de la zarzuela (un solo título sabe a poco). Y parece que nadie se atreve a hincarle el diente a la idea tantas veces puesta sobre la mesa y hasta llevada en el programa electoral de algún partido y que es el de la creación de un festival anual de óperas sevillanas de carácter internacional que lance el nombre de la ciudad y que se constituya en una atracción para el turismo cultural. Pero es sólo el primer año del nuevo timonel del Maestranza, así que dejemos abierta una puerta a la esperanza.

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