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Cultura

El Picasso cumple diez años

  • El museo malagueño celebró ayer el acto institucional de su aniversario, que contó con la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y Christine, Bernard y Almine Ruiz-Picasso

Hace justo diez años llovía en Málaga. Hubo quien lo interpretó como un mal presagio. Pero aquel 27 de octubre abrió sus puertas el Museo Picasso, y por más que les pesara a algunos aguafiestas, lo que la institución ha proyectado sobre la ciudad ha sido mucha más luz que oscuridad. Discernir los cambios que han acontecido en Málaga desde que la pinacoteca es una realidad, y a causa de la misma, daría para muchos análisis culturales, sociológicos y económicos. Pero la evidencia es que, en muchos sentidos, Málaga es otra, más cosmopolita y atractiva, respecto a la que había sido antes. Cabe subrayar, sin embargo, que el Museo Picasso adquirió de inmediato, dada la participación de la Junta de Andalucía en el proyecto, un cariz regional determinante; y que, de hecho, pocos argumentos han sido tan útiles a la articulación y presencia de Málaga dentro de Andalucía en estos diez años como el Museo Picasso. Así que hay mucho que celebrar hoy en este cumpleaños; tanto, que el museo lleva abierto desde las 20:00 de ayer y seguirá abierto hasta las 20:00 de hoy, ininterrumpidamente, merced a un amplio programa con más de 30 actividades gratuitas llamado Abierto 24 horas (en realidad 25, por aquello del cambio energético). Pero antes, en el mediodía de ayer, la pinacoteca celebró el acto institucional, presidido por Susana Díaz, a modo de agradecimiento a sus impulsores: principalmente, Christine, Almine y Bernard Ruiz-Picasso, artífices de la colección del museo mediante su proverbial donación; así como a la ex ministra y ex consejera de Cultura Carmen Calvo, la persona que más empeño puso desde el plano político para que el museo llegase a formar parte de lo real.

Al acto acudieron numerosas personalidades del mundillo artístico y cultural de Málaga, así como otros representantes institucionales, entre ellos el alcalde, Francisco de la Torre; el consejero de Cultura, Luciano Alonso; y su predecesora en el cargo, Rosa Torres. Eran sin duda todos los que estaban, aunque tal vez se echó en falta la presencia de los dos primeros directores artísticos de la institución, Carmen Giménez y Bernardo Laniado-Romero. El actual, José Lebrero, ofició de maestro de ceremonias y en su primera intervención ya recordó que la historia del Museo Picasso se remonta a mucho más allá de diez años: fue en 1992 cuando Christine Picasso apadrinó con su colección la exposición Picasso Clásico en Málaga, y en 1994 hizo lo propio con la muestra Picasso. Primera mirada. Aquella avanzadilla significó el verdadero comienzo del Museo Picasso, en respuesta al deseo que el propio pintor ya había expresado en los años 50: fue entonces cuando, a expensas de una legendaria misiva enviada desde Málaga por el filántropo y (sin embargo) político Juan Temboury, Pablo Picasso afirmó que quería ver su obra expuesta en Málaga. El fruto de aquella semilla, tal y como señaló ayer Lebrero, es incontestable: a lo largo de estos diez años, el Museo Picasso ha recibido a más de 3,5 millones de visitantes (el 64% de los mismos residentes en el extranjero), ha desarrollado programas educativos que han disfrutado más de 300.000 personas (en su mayoría escolares), ha publicado cerca de 40 libros distribuidos hoy en todo el mundo, ha organizado 36 exposiciones temporales de gran proyección y custodia en su colección permanente 233 obras de Picasso, más otras 43 cedidas en comodato por la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte. Esta colección, recordó Lebrero, "reúne obras realizadas por Picasso entre 1892 y 1972, por lo que abarca todas las innovaciones formales y todos los registros que el artista abordó en ocho décadas de creación".

Sin ocultar su emoción, Carmen Calvo comenzó su intervención celebrando que "la política tiene corazón" y recordó cuando, hace ya 18 años, apareció un buen día en la puerta de la casa de Christine Picasso en la Provenza "para pedirle que me recibiera en nombre de todos los andaluces. La encontré cansada ya de luchar por cumplir el sueño de Picasso, pero yo le aseguré que los andaluces estábamos dispuestos a dar cumplimiento a ese deseo". Al final, "pudo más el compromiso de Christine Picasso que su cansancio", mientras que el apoyo posterior de Bernard y Almine Ruiz-Picasso "se expresó en términos de generosidad y confianza". Como nota de color, Calvo recordó que en aquella visita vestía "un mantón de manila" y que regaló otro a Christine Picasso "que había sido comprado con dinero público", ante el gesto de circunstancia de una Susana Díaz que no perdía detalle.

Con la brevedad que le caracteriza, Bernard Ruiz-Picasso, presidente del Consejo Ejecutivo del museo, formalizó una participación sin embargo significativa: "Lo que he vivido en Málaga con mi mujer y mi madre es algo muy importante para mí. He visto cómo ha cambiado la ciudad desde el 95, y cómo ha cambiado la gente que desde el principio quería ver el museo". Tras expresar su satisfacción por lo ya conseguido, Ruiz-Picasso remató sin embargo, a modo de advertencia, así: "Para poder mejorar nuestra relación con otros museos y nuestra proyección en otros países, necesitamos mantener nuestro nivel de calidad".

Especialmente ilustrativo fue en su discurso Eugenio Carmona, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Málaga, miembro del Patronato del Museo Reina Sofía y uno de los protagonistas de la difícil puesta en marcha del Museo Picasso desde los años 90. Carmona rememoró la ocasión en que Picasso se definió a sí mismo como exiliado, "lo que representa la verdadera condición del artista moderno, aunque el exilio no se da en línea recta, sino en círculo, en virtud del anhelo de regreso y reconciliación". Un círculo, el del destino del artista, "que Picasso cerró al mirar a su infancia, la única patria posible según Rilke". En su intervención, Carmona brindó un especial guiño a la otra gran institución picassiana de la ciudad, la Casa Natal: "Quien ame el Museo Picasso debe amar la Casa Natal. Lo que está escindido administrativamente no lo puede estar sentimentalmente". El catedrático recurrió a la historia de la construcción del Partenón a manos de "un político, Pericles, y un artista, Fidias" para recordar que al principio no toda la sociedad malagueña veía con buenos ojos el proyecto, y para justificar la participación de la Junta en el mismo: "Sin un Gobierno autónomo, este proyecto Picasso habría terminado en el Museo del Prado". Y recordó un tormentoso almuerzo, allá por 1996, en el que participaron Christine Picasso y el entonces presidente de Andalucía, Manuel Chaves, y en el que finalmente se dio luz verde al proyecto: "La Junta atravesaba justo entonces una situación muy delicada. Y el almuerzo tuvo momentos de mucha tensión. Los silencios por parte de Christine y Chaves eran demoledores. Al final, el presidente dijo: 'Haremos el Museo Picasso'. Sólo unas horas después, disolvió el Parlamento y convocó elecciones. No tomamos postre".

Por último, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, subrayó que Andalucía "se comprometió a hacer justicia con la historia a finales del siglo XX y decidió levantar este museo". Y tras alabar el papel del mismo como motor cultural, económico y social, afirmó: "Ha llegado la hora de situar a la cultura en el centro del debate político y social, para una mayor riqueza intelectual de las personas". No fue un mal gesto. Ahora toca cumplirlo. Felicidades.

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