El Reina Sofía "hace justicia" a Nancy Spero

El centro madrileño acoge 'Disidanzas', una muestra que repasa toda la obra de una de las pioneras del arte feminista

Una visitante contempla 'Palo de Mayo/No toméis prisioneros', una de las obras de Spero.
Una visitante contempla 'Palo de Mayo/No toméis prisioneros', una de las obras de Spero.
Mila Trenas (Efe) / Madrid

Arte, 15 de octubre 2008 - 05:00

Artista radical y contemporánea, Nancy Spero es una de las creadoras fundamentales de las últimas décadas a pesar de no ser muy conocida. Por ello el Museo Reina Sofía ha querido "hacer justicia y darle voz a una figura imprescindible". Eso afirma Manuel Borja-Villel, director del centro y comisario (junto a Rosario Peiró) de la muestra, la primera gran retrospectiva sobre esta agitadora organizada en Europa, que llega ahora Madrid y, entre enero y marzo del próximo año, al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, en Sevilla.

Formada por 178 piezas y titulada Disidanzas, la exposición recoge todas las facetas de Spero, una de las pioneras del arte feminista y de la escena contestataria de Nueva York de los años 60 y 70. La selección, organizada cronológicamente, incluye desde sus primeros trabajos hasta su última presentación en la pasada Bienal de Venecia, Maypole 2007.

El arte de Spero, dice el director del Reina Sofía, "está entre los géneros y es a la vez literario y pictórico". La artista, nacida en Ohio (Estados Unidos) en 1926, comenzó pintando sobre lienzo, medio que abandonó al considerar que era "eminentemente masculino" y, como tal, la marginaba como artista. A partir de entonces, sus esfuerzos se concentraron en crear un lenguaje pictórico "específicamente femenino", en el que desecha el lienzo y se decanta por la fragilidad del papel. El movimiento, el ritmo y el color constituyen una gramática aplicada directamente sobre el cuerpo de la mujer que, llena de energía, conquista "feminizando" el "espacio masculino del arte".

Su compromiso político en los años 60 se convirtió en motivo fundamental de búsqueda en su trabajo con obras en las que da rienda suelta a su repulsión frente a la guerra. Sus piezas se inundan de lenguas y bombas fálicas, de helicópteros y hongos atómicos defecantes y de frases del argot militar. Luego se distancia del debate político-militar para crear un conjunto de obras basadas en textos del poeta francés Antonin Artaud, las Artaud Paintings (1969-1970). Estas piezas evolucionan hacia Codex Artaud (1971-1972), compuesto de 34 rollos de hojas pegadas entre sí. La pieza, de formato abierto, recuerda a escrituras antiguas, marca la etapa de madurez de su obra y se ha convertido en un punto de inflexión en el arte de los 70.

The First Language (1981) es su siguiente gran obra y un punto de inflexión en su carrera. Con ella abandona la palabra escrita a favor del cuerpo femenino como vehículo de lenguaje expresivo. A finales de los 80 se inclina por la estampación de figuras y fondos. Elimina los obstáculos entre la obra y el espacio en el que se muestra y obliga al espectador a participar de manera más activa como en Let the Priests Tremble, instalación en la que mujeres fuertes y atléticas bailan al son de un pasaje del ensayo de Hélène Cixous.

En los últimos años, su trabajo se vuelve más exuberante y afirmativo, como Ballad of Marie Sanders, y en obras finales, como Azur, el color adquiere mayor protagonismo.

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