Remanso clásico

Crítica de Música

Pablo J. Vayón

07 de julio 2017 - 08:20

La ficha

*** Trío Ad Parnassum. 'Noches en los Jardines del Real Alcázar'. Trío ad Parnassum: Vicent Morelló, flauta; Álvaro Prieto, fagot; Tommaso Cogato, piano. Programa: Obras de Gaetano Donizetti, Joseph Haydn y Ludwig van Beethoven. Lugar: Jardines del Alcázar. Fecha: Miércoles 5 de julio. Aforo: Casi lleno.

El remanso en el que ha parecido entrar el verano, con sus temperaturas agradables y sus gotas de lluvia, que incluso obligaron a retrasar unos minutos el inicio de este concierto, casi puede considerarse metáfora de la propuesta de este Trío ad Parnassum, formación oportunista de dos solistas de la ROSS con uno de los pianistas sevillanos (por residencia) más activos y refinados de nuestros días. Su programa, un remanso de paz clásico. Melodía, claridad, consonancia y lirismo dominaron por encima de cualquier otra consideración. Y eso fue lo que ofreció el grupo, al menos después del estridente arranque del Trío de Donizetti, en el que la amplificación pareció por completo desequilibrada hacia la flauta, una sensación que, aunque se fue atenuando, no desapareció en toda la noche.

Música de tradición doméstica la del trío, por norma con violín y violonchelo junto al teclado, aunque en algunas obras de Haydn parece haber sido habitual ya en su tiempo la flauta en lugar del violín y ocasional la sustitución del cello por un fagot. En cualquier caso, el papel del instrumento bajo resulta subsidiaria, si bien las partes en que cobró importancia, Álvaro Prieto las resolvió con un sonido terso, limpio, delicado, excepcionalmente articulado siempre. Tampoco es un prodigio de equilibrio entre las partes el juvenil trío beethoveniano, escrito expresamente, esta vez sí, para esta formación y que tiene un indiscutible aire mozartiano, aun lejos del genio del compositor de Salzburgo. El primer movimiento, tan desarrollado como anodino, parece escrito para un piano acompañado. Sirvió a Cogato para dar muestras de su capacidad para modular la intensidad de las dinámicas, la variedad articulatoria y la elegancia del fraseo. El Adagio, más expresivo, permitió un diálogo fluido entre los vientos, y el final con variaciones, que cada cual luciera su agilidad virtuosística sin cortapisas.

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