Rocío Márquez | Crítica Renacimiento

Rocío Márquez presentó 'Visto en el Jueves' en formato íntimo. Rocío Márquez presentó 'Visto en el Jueves' en formato íntimo.

Rocío Márquez presentó 'Visto en el Jueves' en formato íntimo. / Manuel Aranda

Juan Cobos Wilkins dijo de ella en la presentación que era una renovadora del flamenco. Es cierto. También lo es que sonaron, intactas, melodías de Manuel Vallejo, Marchena, El Carbonerillo. El clasicismo consiste en hacer sonar como recién paridas melodías que tienen cerca de 90 años. Con la misma frescura con la que nacieron. Especialmente, como siempre, en la seguiriya de Manuel Molina, impresionante, sobrecogedora, con una frase musical que parece no acabar nunca. O en la versión del Cabrero, es decir por bulerías, de Luz de luna que es, también, un clásico flamenco. Rocío Márquez ha vuelto del parón escénico con la voz, no ya intacta, sino aún más joven que hace unos meses. Sentimos la emoción del reencuento y la cantaora demostró que no hay renovación sin tradición, que no cabe el riesgo sin técnica, que algunos confunden al presentar los defectos como virtudes pero que en este caso las virtudes están tan a la vista, son tan portentosas, llevando un poco más allá, un compás más, la frase musical hasta hacerla eterna, que resultan elocuentes por sí mismas. También la mariana, en este caso con el sello de Menese y la maravillosa letra de Francisco Moreno Galván, fue en su momento una canción de moda como lo fueron Me embrujaste o Se nos rompió el amor. Andalucía del repertorio del Turronero, es un guiño a nuestra infancia, a la mía, no a la de Rocío que es jovencísima, y también un drama: que sus letras terribles, reivindicativas, sobre el campo andaluz sean hoy de tanta actualidad como lo fueron en la transición. La crítica social contemporánea vino de la mano de Antonio Orihuela y, ¿quién lo diría?, Pepe Marchena, con Llegar a la meta. También con una composición propia, por serranas, Una vida de imagen. En una noche en la que tenía la necesidad de volver a enamorarme del flamenco, de sentir lo jondo como un arte actual, inmediato, directo, Rocío Márquez fue un manantial sereno en el que calmé esta inquietud.

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