Arte Rubens en el Palacio de Lebrija: un compartido "idilio" con Roma

  • El histórico edificio sevillano acoge hasta septiembre una exposición de dos obras del maestro del Barroco flamenco dedicadas a Hércules y su mujer Deyanira nunca antes exhibidas en España

'Hércules en el jardín de las Hespérides' y 'Deyanira tentada por la Furia', en la Casa Palacio de la Condesa de Lebrija. 'Hércules en el jardín de las Hespérides' y 'Deyanira tentada por la Furia', en la Casa Palacio de la Condesa de Lebrija.

'Hércules en el jardín de las Hespérides' y 'Deyanira tentada por la Furia', en la Casa Palacio de la Condesa de Lebrija. / Juan Carlos Muñoz

La Casa Palacio de la Condesa de Lebrija acoge desde este jueves hasta el próximo 22 de septiembre la exposición Rubens. Hércules y Deyanira. Obras maestras de las colecciones italianas. Las dos obras que se muestran en ella proceden de la Galleria Sabauda de los Museos Reales de Turín, donde se encuentra la colección más importante de arte flamenco y holandés de Italia. Dos salas de la planta baja del edificio de la calle Cuna han sido acondicionadas expresamente para exhibir los lienzos, ambos de grandes e idénticas dimensiones: 2,46 por 1,68 metros.

La exposición ha tenido esta tarde-noche un prólogo institucional con un acto al que han asistido el alcalde, Juan Espadas; Emanuele di Villabianca, barón de Culcasi y presidente de la Fundación Terzo Pilastro, colaboradora de la muestra; e Isabel de León, propietaria de la casa palacio, presidenta de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría y responsable de la apertura al público en 1999 de este bellísimo y suntuoso edificio levantado en el siglo XVI en la calle Cuna, en el que se conservan varios mosaicos de Itálica completos, además de estatuas, porcelanas, mobiliario y pinturas de gran valor, como el Van Dyck –discípulo precisamente de Rubens– que se muestra en su primera planta.

"Estas dos obras reflejan muy bien un aspecto fundamental en la obra de Rubens, que es su estrechísima relación con la cultura y los mitos de la Antigüedad", ha explicado antes de este acto, frente a las dos grandes telas, Anna Maria Bava, comisaria de los Museos Reales de Turín y especialista en la obra del pintor flamenco. A su lado, Cristina Carrillo de Albornoz, también comisaria de la exposición, se congratula de que, durantes estos meses, la Casa Palacio de la Condesa de Lebrija vaya a ser, de alguna forma, "un anexo" del Museo del Prado, que alberga la mayor colección de obras de Rubens en el mundo.

Hércules en el jardín de las Hespérides muestra al héroe en un momento muy particular, diferenciando esta tela, apunta la experta italiana, de otras que dedicó a esta misma figura. En el cuadro, Hércules, pisando victoriosamente la feroz serpiente que trataba de impedirlo, está a punto de recoger una de las manzanas de oro del bosquecillo de frutos mágicos que, según la mitología griega, otorgaban la inmortalidad a su poseedor. El ancestral geógrafo griego Estrabón localizó aquel vergel maravilloso de la Hespérides en el sur de la Península Ibérica, lo cual –como ha apuntado Carrillo de Albornoz– supone otro buen motivo para mostrar esta obra por primera vez no sólo en Sevilla, sino en toda España, al igual que la otra.

En Deyanira tentada por la Furia, por su parte, aparece la mujer de Hércules (con el rostro de la segunda esposa del pintor, Hélène Fourment, modelo también para una de Las tres Gracias), justo en el instante en que dicha Furia, diosa de la venganza, con sus cabellos de serpiente, le susurra seguramente palabra espurias al oído y le entrega una túnica impregnada en sangre (del centauro Neso) que Deyanira, fatalmente, confunde con una pócima que la ayudará a reconquistar el amor de su marido, quien en ese momento estaba prendado de la bella Íole. Sin saber que la prenda está envenenada, la mujer le regala dicho manto a Hércules y sin saberlo desatará la tragedia, pues ella misma provocará de este modo la muerte atroz de su amado, tras la cual, devastada, la mujer se quitará la vida.

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, con el barón Emanuele di Villabianca, presidente de la Fundación Terzo Pilastro, este miércoles en la inauguración de la exposición. El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, con el barón Emanuele di Villabianca, presidente de la Fundación Terzo Pilastro, este miércoles en la inauguración de la exposición.

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, con el barón Emanuele di Villabianca, presidente de la Fundación Terzo Pilastro, este miércoles en la inauguración de la exposición. / Juan Carlos Muñoz

"Hubo en su momento muchas discusiones sobre la fecha de estas obras. Al principio se creía que eran mucho más tempranas, pero ahora se piensa que pertenecen a su fase de madurez", ha apuntado Anna Maria Bava sobre estos dos telas que se pueden calificar también como tardías e incluso postreras, pues los expertos coinciden en que con casi toda seguridad fueron pintadas en torno a 1638, es decir, dos años antes de su muerte, por encargo de una familia de la nobleza genovesa, los Gentile. "El uso del sfumato [técnica que mediante la superposición de finas y sutiles capas crea una sensación vaporosa], el color, el tipo de luz", ha explicado la especialista, todo ello lleva a pensar en los rasgos de su ultimísima producción, en la que por cierto –ha añadido Bava– se puede apreciar asimismo la influencia de otro gran maestro, Tiziano

La comisaria italiana de la exposición invita a los espectadores, sobre todo, a "comprender cómo Rubens en particular y los artistas del Seicento estudiaron y se inspiraron en el arte y los mitos de la Antigüedad para traducirlos bellísimamente al lenguaje pictórico". Las que se muestran ahora en Sevilla "son obras imponentes, monumentales", que condensan, ha añadido, los rasgos de un pintor que no sólo fue "uno de los más importantes de su siglo, sino también iniciador del Barroco, una época de pinturas grandiosas, escenográficas".

"Hemos buscado también que haya un diálogo con el propio palacio", ha explicado Carrillo de Albornoz, que cita concretamente tres obras pertenecientes a la casa –un Busto juvenil de Afrodita, copia del original esculpida por su discípulo Agorácrito de Paros en el siglo V a.C.; una escultura de mármol de Minerva; y el mosaico que adorna el patio central de la planta baja, dedicado a las peripecias de Zeus, padre de Hércules– "en las que el propio Rubens podría haberse inspirado", al igual que hacía en Roma, cuando llegó a la ciudad con 23 años y estudió apasionada y exhaustivamente el inmenso patrimonio artístico de la ciudad, en particular el relacionado con la Antigüedad clásica. "Este palacio", ha concluido la comisaria, "es en sí mismo un idilio con Roma". Algo muy parecido a lo que representó la Ciudad Eterna para el pintor al que Delacroix llamó –acuñando una expresión que hizo fortuna– "el Homero de la pintura".

La visita a la exposición, y al conjunto del palacio, cuesta 12 euros. Más información en la web oficial de la misma.

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