Sabe más el zorro por marioneta

Fotograma de la película de animación de Wes Anderson.
Fotograma de la película de animación de Wes Anderson.
Manuel J. Lombardo

24 de abril 2010 - 05:00

Fantástico Sr. Fox. Animación, EEUU, 87 min. Dirección: Wes Anderson. Guión: W. Anderson y Noah Baumbach. Animación: Mark Gustafson. Música: Alexandre Desplat. Con las voces originales de: George Clooney, Meryl Streep, Jason Schwartzman, Bill Murray.

A nadie puede sorprender que Wes Anderson, autor de culto de la más excéntrica e iconoclasta comedia norteamericana de la última década, se haya pasado, aunque sea momentáneamente, a la animación tradicional. En cierta forma, las claves estéticas de la animación, ese regusto naïf, artificioso, episódico y digresivo para hablar de los traumas familiares, los complejos edípicos, las envidias fraternales, la añoranza del hogar y otros accidentes de la vida adulta, ya estaban presentes en la desbordante, engañosamente colorida y agridulce mirada melancólica desplegada, también a la manera de viñetas de cómic, en Academia Rushmore, Los Tenenbaums, The Life Aquatic o Viaje a Darjeeling.

Tampoco sorprende que Anderson y su colega Noah Baumbach (Una historia de Brooklyn, Margot y la boda) adapten aquí, llevándolo a su terreno, siempre elocuente y reflexivo, desencantado y esperanzador a un mismo tiempo, a Roald Dahl (Matilda, James y el melocotón gigante, Charlie y la fábrica de chocolate), cuyos cuentos no se caracterizan precisamente por un tratamiento complaciente del universo de la infancia, y sí por un buceo en los entresijos de sus claves narrativas e iconográficas como pretextos para hablar de cosas mucho más serias, oscuras o adultas. La amarga dialéctica de los sexos entre Mr. Foxy y su esposa Felicity, filtrada entre delirantes robos de gallinas, huidas, asaltos y persecuciones bajo tierra, deja una buena muestra de las verdaderas intenciones y el tono del libreto.

Fantástico Sr. Fox se nutre por tanto de varios universos (personales) y tradiciones (la laboriosa animación stop-motion, fotograma a fotograma, como reivindicación de la artesanía que evidencia su proceso creativo en tiempos de hiperrealismo digitalizado) para desplegar una fábula protagonizada por lúcidos zorros parlanchines (Clooney, Streep o Murray ponen sus voces) y otras criaturas salvajes en una descarnada lucha contra su propia condición animal (la fiereza domesticada, la necesidad de vincularse a una comunidad para protegerse, la rebeldía como arma para la autoafirmación) a través de un espacio frontal de tridimensionalidad entrañablemente reducida, en un submundo a escala agujereado por túneles, trampillas y pasadizos, en una deliciosa serie de tableaux vivant de colores cálidos, canciones surferas, ecos de western y marchas circenses (cortesía de un inspiradísimo Alexandre Desplat) que marcan el paso, en este caso, a dos patas, de los zorros más listos y autoconscientes de la historia del cine.

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