Sevilla, capital de la Viola
El festival dedica por segunda vez un ciclo a la 'viola da gamba', en el que se sucederán no sólo los conciertos, sino también las clases magistrales y un concurso con convocatoria internacional
Nacida en el siglo XV en el reino de Valencia, con el nombre de viola da gamba (término italiano que significa, literalmente, viola de pierna por la forma en que se tañe) se conoce a toda una familia de instrumentos que vivió su época de máximo esplendor entre finales del siglo XVI, cuando triunfa en Italia, y los años 30 del siglo XVIII, cuando empieza a pasar de moda en Francia, si bien el instrumento resistiría aún en Alemania hasta bien entrada la segunda mitad de aquel siglo. Más de cien años de casi absoluto olvido fueron necesarios hasta que a finales del siglo XIX empezaron a registrarse los primeros intentos para su recuperación, proceso que no se afianzaría realmente hasta pasada la Segunda Guerra Mundial.
La viola da gamba sirvió ya en la Italia prebarroca tanto para interpretar en conjunto todo género de piezas polifónicas como para el canto melódico solista y virtuoso, y de ahí las colecciones de disminuciones y glosas que le dedicaron los maestros italianos de la época (incluido el toledano Diego Ortiz, maestro de capilla del virrey de Nápoles). En Inglaterra, donde el instrumento se impuso de forma incontestable en las primeras décadas del siglo XVII, este doble uso de la viola se mantuvo invariable, aunque ganaron notable relevancia los consorts, para los que se creó un extenso y refinadísimo repertorio de fantasías, danzas y otras piezas que el genio de Henry Purcell remataría de forma magistral en el verano de 1680.
En Francia, donde la viola domina durante la segunda mitad del siglo XVII y las primeras décadas del XVIII con compositores como Marais, Forqueray o Caix d'Hervelois, se impone sobre todo la viola baja, que se utiliza sola o, más frecuentemente, apoyada por el bajo continuo, para la interpretación de suites de danzas, a las que poco a poco se fueron añadiendo también piezas descriptivas o de carácter. Paralelamente, maestros holandeses y alemanes emplearon sin complejos el instrumento para poner en él sonatas italianas y suites francesas, adaptándose después de 1750 a las nuevas formas impuestas por el Clasicismo.
Todo este riquísimo acervo musical destinado al instrumento estará presente en el ciclo que le dedica por segunda vez el Femàs, que se resuelve en un concurso de interpretación, un ciclo de cinco clases magistrales y cinco conciertos. El milanés Vittorio Ghielmi (1968) será el artista residente de la Semana: actuará como miembro del jurado en el Concurso, dará dos clases magistrales, ofrecerá un concierto como solista (repertorio aún sin decidir) y traerá con su conjunto Il Suonar Parlante el programa Full of colours, título con el que lo grabó para el sello Winter & Winter y que hace un repaso por prácticamente toda la historia de la viola, incluyendo música creada en nuestros días. De los otros dos solistas que participan en el ciclo, Jordi Savall no necesita presentación: el gran violista catalán ofrecerá dos veces el mismo programa con el que ha recorrido todo el mundo, Les Voix Humaines, en el que pone de relieve la flexibilidad sonora del instrumento. Menos conocida es la alemana Hille Perl, que llega al ciclo acompañada por la clavecinista Christine Schornheim para ofrecer un repertorio muy interesante por lo poco frecuentado: el de los violistas centroeuropeos. Viejos conocidos del ciclo son, en cambio, los ingleses de Fretwork, que suelen sonar en directo menos lucidos que en disco y que aprovechan el aniversario de Purcell para dedicarle todo el concierto con la colaboración del mítico contratenor Michael Chance.
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