Love Chapter 2 | Crítica de Danza Sharon Eyal y su danza neuróticamente gozosa

Los seis impresionantes bailarines de 'Love Chapter 2'. Los seis impresionantes bailarines de 'Love Chapter 2'.

Los seis impresionantes bailarines de 'Love Chapter 2'. / André Le Corre

La pieza que vimos anoche en el Teatro Central con carácter de estreno en España constituye la segunda parte de un díptico que gira en torno al poema OCD Love del joven norteamericano Neil Hilborn.

Tanto el poema como los dos espectáculos de la israelí Sharon Eyal se centran en el Trastorno Obsesivo Compulsivo (OCD en inglés) que a tantos afecta en nuestros días. A pesar de ello, Love Chapter 2 es una pieza espectacularmente gozosa gracias a sus siete protagonistas: tres bailarinas, tres bailarines y un dj.

Desde el primer instante, Ori Lichtik, también autor de la música, impone desde fuera un ritmo implacable y ascendente que pone en marcha a los seis bailarines, vestidos con un maillot casi imperceptible y unos calcetines negros, y no los deja hasta que baja el telón una hora después.

Como un banco de peces, los seis cuerpos se mueven continuamente, sin sentido, de un lado para otro y no se van a detener jamás. Marchan de forma marcial o curvados hacia delante, o se balancean desde las puntas de sus pies… Su danza es crispada, obsesiva, expresionista y en ellos se enfrenta en todo momento expresión e introspección, estética y retorcimiento; incluso se agreden a veces con una mano en el cuello para defenderse con la otra. Hay una enorme sintonía entre ellos pero muy pocas relaciones, tal vez porque los demonios que les hacen retorcer el torso y levantar los brazos al unísono habitan en el interior de cada uno.

Pero el ritmo del músico israelí no decae; es más, se divierte rompiendo el dramatismo de la percusión con la hermosa cumbia Sol de los arenales del argentino José Larralde. De modo que los bailarines, como en una fiesta o como en la profundidad del océano, no paran de bailar y bailar, con una energía ciega e irrefrenable que contagia al espectador y convierte a Love Chapter 2 en un auténtico gozo para los sentidos.

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