Solistas ROSS | Crítica El genio, el joven y sus modelos

Un momento de la matinal en el Espacio Turina.

Un momento de la matinal en el Espacio Turina. / Guillermo Mendo

Con buen criterio se eludió la ordenación cronológica de las dos obras del programa, dejándose para el final el magistral Quinteto brahmsiano en lugar del juvenil y algo endeble del casi desconocido compositor británico Samuel Coleridge-Taylor, escrito cuatro años después y a su rebufo.

Compuesto como es bien sabido tras conocer al clarinetista Richard Mühlfeld en los años finales de su vida, el Quinteto Op.115 de Brahms respira grandeza, serenidad y hondura. Estos cinco solistas de la ROSS lo miraron desde el respeto, y más allá de una presentación del primer tema un tanto estridente en el violín de Yasnytzkyy, su versión resultó honesta, clara, de acentos y contrastes contenidos, con un buen soporte en los graves del violonchelo de Carmel y una línea muy cantable en el clarinete del onubense José Luis Fernández, que acaso pecó de monocromo, lo que se apreció muy especialmente en ese poético y cálido Adagio, que resultó muy homogéneo en el color, con un acompañamiento discreto de la cuerda. Muy suave el arranque del Andantino, no demasiado contrastado con el Presto con el que se encadena a través de un pasaje en el que la articulación de Yasnytzkyy pecó de falta de distinción.

En Coleridge-Taylor no hay rastro de la riqueza polifónica de Brahms. Su obra sigue el plan formal clásico y juega en melodía y ritmo con modelos folclóricos y centroeuropeos, muy específicamente Dvorák. La obra se deja escuchar sin mayor trascendencia, y el quinteto de la ROSS la sirvió así, con leve elegancia y sobrada competencia.

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