Cultura

Sones versallescos desde Sevilla

Femàs 2014. Programa: Obras de L. Marchand, F. Couperin, J. Ph. Rameau, J. J. C. de Mondonville, J. Duphy, J. M. Leclair, C. B. Balbastre y L. G. Guillemain. Violín barroco: Leo Rossi. Clave: Javier Núñez. Fecha: Sábado, 5 de abril. Lugar: Espacio Santa Clara. Aforo: Lleno.

La conmemoración de los doscientos cincuenta años del deceso de Jean Philippe Rameau es, junto con la música del periodo gótico, uno de los ejes programáticos de esta edición del Femàs. La efeméride nos ha traído el regalo de un recital de Leo Rossi, un espléndido músico además de violinista, capaz de alternar sus participaciones en la Sinfónica y en la Barroca, formación esta última en la que se integra desde su creación como uno de los puntales de la sección de violines.

Junto al clavecinista sevillano Javier Núñez tejió anoche un bonito y sugerente programa de obras francesas en torno a Rameau, recorriendo un amplio arco temporal y estilístico que va desde el Marchand de principios del siglo XVIII hasta las efusiones Sturm und Drang de Guillemain.

Ambos arrancaron con alguna frialdad, pero muy pronto se instalaron en un excelente nivel de concentración y de intensidad. Núñez acabó pronto de encontrar el fraseo para el preludio de Marchand, obra que como las de su género (prélude non mesuré) supone un reto para el intérprete a la hora de encontrar la apropiada distribución de los acentos, algo que Núñez dominó de manera notable, con una versión clara dentro de sus densidad y en la que melodías y ornamentos se ensamblaron en un discurso único. En L'Enharmonique de Rameau sobresalió la suma delicadeza en la pulsación y el detallismo en el fraseo, aspecto éste que se tiñó de suave galantería en La De Guyon de Duphy. En su faceta de acompañante, que en algunas de las sonatas era más bien la de la voz principal, destacaría la riqueza y la precisión en la digitación, cargada de fuerza pasional, en los movimientos rápidos de la sonata de Guillemain.

El sonido que Rossi extrae de su violín es denso, con tonalidades mates en la zona central, cierta oscuridad en los graves y agudos no excesivamente squilanti, pero siempre firme y homogéneo en toda la gama dinámica. Con aparente sencillez que enmascara un completo dominio técnico, desarrolló una gran variedad de matices en el fraseo, siempre acentuado de manera expresiva y en busca del significado de cada frase, bien fuese en los vistosos molinos en la Ouverture de Mondonville o en las brillantes agilidades de las variaciones del Minuetto de Leclair.

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