Cogato & D'Aprile | Crítica Beethoven comercial y doméstico

Mariarosaria D'Aprile y Tommaso Cogato en el Alcázar. Mariarosaria D'Aprile y Tommaso Cogato en el Alcázar.

Mariarosaria D'Aprile y Tommaso Cogato en el Alcázar. / Actidea

Este concierto era complemento ideal de la integral de las Sonatas para violín y piano de Beethoven que estos intérpretes estaban desarrollando en la Sala Joaquín Turina hasta que el coronavirus la truncó, lo que hizo que cuatro obras quedaran en el limbo.

Un Beethoven diferente aquí: no el que atacó la forma para adaptarla a sus fantasías artísticas, sino el que escribe por encargo variaciones sobre temas folclóricos diversos (op.107), danzas para el divertimento de la aristocracia vienesa (WoO 42) y un rondó y unas variaciones sobre un conocido tema de Mozart (WoO 41 y WoO 40, respectivamente), nacidos de algunas de esas sesiones de improvisación con las que el músico deslumbraba a sus contemporáneos.

Obras del Beethoven joven (las que carecen de número de opus) o maduro (la Op.107 es de 1818-19), son piezas para piano, que luego el compositor adornó con la parte de violín (o flauta, alternativa para la Op.107). Mariarosaria D’Aprile la asumió con garbo y maestría, aunque la excesiva resonancia de la amplificación la perjudicara frente al piano elegantísimo y majestuoso de su marido, un Tommaso Cogato imperial por sonido, musicalidad y tratamiento del tempo incluso en estas obras menores del genio.

Las paráfrasis sobre conocidos temas de ópera se hicieron comunes en los ámbitos domésticos durante todo el siglo romántico. Bériot y Osborne publicaron algunas, entre ellas esta sobre El barbero de Sevilla, en la que junto al despliegue virtuosístico, D’Aprile pudo mostrar con más claridad el lirismo de su violín (“Ecco, ridente in cielo”), que reafirmó en el homenaje a Morricone de la propina.

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