Wadja denuncia el horror comunista

Crítica Cine

Una escena de 'Katyn', la última película del cineasta polaco Andrzej Wajda.
Una escena de 'Katyn', la última película del cineasta polaco Andrzej Wajda.
Carlos Colón

16 de octubre 2009 - 05:00

Katyn. Drama histórico, Polonia, 2007, 121 min. Dirección: Andrzej Wajda. Guión: A. Wajda, Przemyslaw Nowakowski, Wladyslaw Pasikowski. Montaje: Montaje: Milenia Fiedler, Rafal Listopad. Música: Krzysztof Penderecki. Intérpretes: Artur Zmijewski, Maja Ostaszewska, Andrzej Chyra, Danuta Stenka. Montaje: Richard Nord. Cines: Alameda.

En los primeros quince minutos Wajda deja claro de qué trata su película planteando dos situaciones. Primera: es septiembre de 1939; en un puente chocan dos columnas de polacos que huyen en direcciones opuestas. "¡Volveos, los alemanes vienen tras nosotros!", gritan unos. "¡Retroceded, los rusos nos pisan los talones!", les replican los otros. Segunda: mientras los oficiales polacos son apresados y cargados en vagones de ganado por los soviéticos, el claustro de la Universidad de Cracovia es apresado por los nazis y deportado. Y es que Katyn trata de la tragedia polaca durante la Segunda Guerra Mundial. Y del episodio más trágico: la matanza de las fosas de Katyn, el asesinato metódico (uno a uno, de un tiro en la nuca y al ritmo de 250 al día) en abril y mayo de 1940 de 22.500 ciudadanos polacos, entre ellos muchos oficiales del ejército, perpetrado por el ejército rojo que en ese momento se repartía Polonia con los nazis en virtud del pacto entre Hitler y Stalin.

Las fosas fueron descubiertas en 1943 por los nazis. Como los antiguos aliados se habían convertido en enemigos, la masacre fue utilizada como propaganda antisoviética. Esto le valió que las víctimas de Katyn fueran asesinadas por segunda vez cuando la guerra terminó, Polonia cayó tras el telón de acero y la verdad oficial comunista dictó que los autores de la matanza habían sido los nazis. Hasta casi anteayer los comunistas no sólo soviéticos mantuvieron esta mentira: sólo en 1990 Gorbachov admitió oficialmente la autoría soviética. Los familiares de los asesinados hubieron de vivir durante 40 años sumando al dolor de la pérdida la humillación del silencio impuesto por la versión oficial de sus liberadores soviéticos. Uno de ellos fue Wajda -el reconocido maestro de Cenizas y diamantes, La tierra prometida, El hombre de hierro o Danton-, hijo del capitán Jakub Wajda, asesinado en Katyn cuando él contaba 13 años. A sus 82 años ha querido despedirse del cine haciendo justicia a su padre y a sus compañeros a través de esta sobria y emocionante película que aúna la serenidad de un maestro y la pasión de un hijo.

Su sabia arquitectura dramática integra las historias individuales en el trágico contexto histórico. Las primeras aportan esa emoción que solo pueden suscitar los destinos de personajes concretos con los que el público puede identificarse. El contexto las inscribe en la tragedia de un pueblo. Así Wajda logra a la vez emocionar a través de la subjetividad emocional y respetar la objetividad histórica. El uso de las imágenes documentales del descubrimiento y apertura de las fosas aporta el horror que no puede recrear la ficción. La banda sonora, del maestro Krzyzstof Penderecki, representa una valiosa aportación dramática a esta gran película de visión aleccionadora.

stats