Autobiography | Crítica de Danza La matemática perfección de Wayne McGregor

Los bailarines en una de las escenas corales. Los bailarines en una de las escenas corales.

Los bailarines en una de las escenas corales.

Desde hace años, el célebre coreógrafo británico Wayne McGregor investiga las dimensiones cognitivas y perceptivas del ser humano en relación con el dinamismo del cuerpo. Su búsqueda del nexo entre la mente y la fisicidad lo ha llevado a componer espectáculos de una gran abstracción, como Átomos (que pudimos ver en el Teatro Central en 2015) o Autobiography, estrenado en 2017 y presentado anoche en el Maestranza.

Bajo un techo que sube y baja formado por pequeñas pirámides y unas luces creadoras de atmósferas casi espaciales, esta espectacular autobiografía, compuesta de piezas muy breves, basadas en los 23 pares de cromosomas que la citogenética secuencia en cada célula humana, y ordenadas en cada función según una operación algorítmica, es de una perfección realmente matemática.

Casi todas las piezas, salvo Aging, están magníficamente acompañadas por la música electrónica de la norteamericana Jlin; una música que a veces se vuelve violenta, como en (des) equilibriuum, y otras se llena de sonidos enriquecedores y se vuelve una con ese continuo intercambio de flujos que es Autobiography.

Y si bien su abstracción –cinética, formal, de género...– le confiere al trabajo una frialdad que no todos los espectadores soportan, el extraordinario virtuosismo y la personalidad de los diez intérpretes –con guiños evidentes a los giros de la danza clásica en Choosing o a los encuentros cotidianos (en 3 scenes)– convierten el dinamismo cambiante de los cuerpos, el sonido y la luz en un universo visual y sonoro casi de ciencia-ficción.

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