El más alegre de los mestizajes
Les Ballets C de la B regresan desde hoy al Teatro Central con un aplaudido montaje donde 15 intérpretes congoleños bailan arias de Bach y Monteverdi
Uno de los actores de la profunda transformación sufrida por las artes escénicas occidentales durante el último cuarto del siglo XX ha sido sin duda la aparición de Les Ballets C de la B (Les Ballets Contemporains de la Belgique). O lo que es lo mismo, de Alain Platel, un pedagogo interesado en el movimiento de las personas -sobre todo de las que tienen alguna discapacidad intelectual o motora, con las que a menudo tuvo ocasión de trabajar- y que, allá por 1984, fundó este colectivo con la finalidad de mostrar en los escenarios las limitaciones, y sobre todo, la infinita creatividad y la capacidad de compartir que tienen los cuerpos humanos, creando para ellos un espacio de dignidad y, por qué no, de felicidad.
Desde su primera creación, un Stabat Mater (1984) con música de Scarlatti, ha firmado piezas tan diferentes como el Out of context - For Pina, que se vio en el Central en 2010 o el polémico y monumental C(h)oeurs que estrenó en el Teatro Real de Madrid en enero de 2012.
Lo más interesante, sin embargo, es que mientras otros creadores con el paso de los años se van enrocando en sus conquistadas posiciones, Platel ha convertido a sus Ballets en una auténtica plataforma en la que han encontrado cobijo un gran número de jóvenes artistas de distinta procedencia y con lenguajes muy diferentes entre sí. Baste recordar que, bajo su paraguas, llegó a este mismo teatro, en 2004, Foi, la primera gran dirección de un joven de 28 años llamado Sidi Larbi Cherkaoui, o los trabajos de Koen Augustijnen (Ashes en 2009 o Au Dela en 2012). Popular, anárquico, ecléctico y comprometido, el lema de este grupo es: "El baile pertenece al mundo y el mundo nos pertenece a todos".
Y es ése el espíritu que llevó a Platel a unirse con el saxofonista Fabrizio Cassol y el contratenor congoleño Serge Kakudji en la singular aventura de Coup fatal, un concierto bailado protagonizado por 13 músicos de Kinshasa, intérpretes de música tradicional y danzas populares, que está haciendo disfrutar a los públicos de la vieja Europa.
Éste es el segundo trabajo del trío Cassol, Kakudji y Platel y fue precisamente durante las últimas representaciones del primero (titulado Pitiè!), en la capital congoleña, en el ámbito de un primer Festival de Arte que el KVS (Teatro Real Flamenco) había organizado en julio de 2009, cuando comenzó su gestación. Al año siguiente, con motivo de un recital de Kakudji, el KVS reunió a un grupo de músicos del país y les hizo escuchar una serie de arias barrocas de Bach y Monteverdi que éste había elegido. Tras varias semanas de ensayos bajo la dirección musical del guitarrista y compositor congoleño Rodriguez Vangama, el estupendo resultado se pudo ver en julio de 2010. El éxito los mantendría en gira durante dos años hasta que, con la incorporación de Cassol como director musical, Coup Fatal se convirtió en una sólida orquesta.
Amante de los mestizajes, Alain Platel acabó por unirse al proyecto de la KVS, no como director artístico sino -como él insiste en afirmar- "para intervenir en las cuestiones escénicas y dramatúrgicas" junto al bailarín de su compañía Romain Guion. Lo cierto es que, entre todos, han logrado construir uno de los espectáculos más singulares y dinámicos del panorama actual. Una creación que ha contado además con la inapreciable aportación de Freddy Tsimba, un artista plástico de Kinshasa que, llamado por Platel, ha elaborado unas inquietantes esculturas de tamaño natural realizadas con casquillos de munición recogidos en las zonas de combate congoleñas.
Como es habitual, Platel ha sabido orquestar el inmenso talento de los quince intérpretes de Coup Fatal construyendo un todo en el que se mezclan la música barroca y las danzas callejeras, la inmortal Toccata y las percusiones africanas del balerfé, el djembé o el xilófono, las esculturas de un artista y las sillas azules de plástico que suelen utilizar los kinois, el virtuosismo y la exuberancia… A todo lo cual se suma la ostentosa vanidad de los dandis de Kinshasa, los "Sapeurs" (de la "Sape" o Sociedad de Animadores y Personas Elegantes), con su energía incomparable.
Si se piensa un momento, no es nada extraño que el Congo sea una de los temas recurrentes de los creadores belgas, ni tampoco no lo es que unos artistas africanos que nunca habían salido de su país quieran aprovechar los escenarios internacionales para mostrar sus problemas cotidianos. Sin embargo, las teatralizaciones de Alain Platel nunca son tan reductoramente políticas. Como él mismo ha afirmado en una reciente entrevista: "La alegría que Serge y los músicos manifiestan al adueñarse del repertorio barroco es para mí un mensaje político mucho más potente que una crónica sobre la pobreza o la situación de la República Democrática del Congo; me importa más transmitir esa energía, esa alegría de vivir en condiciones a veces tan horribles, y hacerlo aquí (en Europa) donde, a pesar de vivir en un entorno más confortable, es la amargura la que gana".
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