En el amor y en la guerra
Príncipes | Crítica
Tras hacer lo propio con ‘Renata sin más’, la editorial Tránsito rescata la primera novela de Catherine Guérard, ‘Príncipes’, la historia de la pasión que comparten un general y un estudiante en un París convulso
La religión infalible
La Ficha
Príncipes. Catherine Guérard. Traducción de Regina López Muñoz. Editorial Tránsito. Madrid, 2026. 112 páginas. 16,95 euros.
Que la literatura francesa del pasado siglo tiene en Catherine Guérard (1929 - 2010) uno de sus secretos más deslumbrantes es algo bien sabido. En el fondo, Guérard es otro ejemplo más de la ingente nómina de autoras invisibles que a lo largo de la historia nos han invitado a preguntarnos por sus potenciales trayectorias y reconocimientos si hubieran podido escribir más. Pero el caso de la autora añade al silencio una notable dosis de misterio: Catherine Guérard desapareció de la vida pública tras la aparición de su novela Renata sin más en 1967 y no volvió a saberse de ella hasta su muerte en 2010: ni un solo documento, ni una sola aparición, nada. Renata sin más estuvo a punto de ganar el Goncourt, obtuvo el favor de la crítica y los lectores y prometía una consolidación para la escritora francesa que finalmente no tuvo continuidad, lo que añade más enjundia al misterio. Por si fuera poco, tras su muerte salió a la luz que el François al que estaba dedicada la novela no era otro que François Miterrand, una revelación que disparó todo tipo de especulaciones. En España, la editorial Tránsito publicó hace un par de años Renata sin más con la magistral traducción de Regina López Muñoz, lo que ha permitido a los lectores en castellano conocer y disfrutar una novela tan asombrosa como olvidada, en una operación de rescate ciertamente feliz. Pero Renata sin más no fue la única novela que publicó Guérard: doce años antes, en 1955, la autora entregó a los lectores Príncipes, una novela muy distinta y de impacto considerablemente menor que, sin embargo, permite valorar en una medida mucho más justa el descomunal talento de la autora. Ahora, Tránsito repite la jugada con este título, ya disponible en librerías, de nuevo con la proverbial y precisa traducción de Regina López Muñoz.
La publicación de Renata sin más llevó a Catherine Guérard a ser comparada con Samuel Beckett. La analogía es facilona y, al mismo tiempo, estaba cargada de razones. En 1967, el autor de El innombrable era un escritor reverenciado en medio mundo, mucho más en el París donde residía, y solo dos años después ganó el Nobel; Beckett era una referencia en boca de todos y resultaba sencillo, hasta cierto punto, que se asignara su marca a cualquier obra que se pudiera parecer a la suya, aunque fuese de lejos. No obstante, lo cierto es que Guérard desplegaba en su novela un hipnótico monólogo interior en la cabeza de una mujer en pleno proceso de deconstrucción cuya precisión lingüística, milimétrica, musical y obstinada, daba por bueno el enlace con Malone muere, por ejemplo, con suficiente holgura. Pues bien, Príncipes, aquella novela escrita doce años antes, es del todo diferente. Si hubiera que buscar otro referente para este debut desconcertante y fuera de sitio, habría que reparar en Balzac: su narrativa, la construcción y exposición de los personajes, el desarrollo de los acontecimientos y la transcripción de las emociones remiten sin reparos a la mejor novela francesa del siglo XIX, muy cerca, sí, de Las ilusiones perdidas. Es casi un milagro que una novela así pudiera publicarse en la Francia de 1955, en pleno apogeo del existencialismo y el absurdo, en un contexto de ruptura que daba carpetazo a los viejos maestros y en el que, precisamente, un radical Samuel Beckett empezaba a salir de su anonimato. En un sentido artístico, cabe interpretar Príncipes como un ejercicio de resistencia por parte de Guérard, seguramente en un anhelo de independencia y verso suelto. El estudio de personajes que brinda aquí la autora revela una sabiduría y una gestión de recursos dignos de aplauso, con una hondura seguramente beneficiada por su empeño en jugar fuera del tiempo y sus modas.
Si Renata sin más presentaba una aproximación desnuda y directa al alma femenina, Guérard explora los recovecos más complejos de la masculinidad en Príncipes a través de la historia de amor que comparten un estudiante y un general del ejército. El contexto es un París primero soñado y después convulso, un marco que prefigura ya una novela marcada por un juego de espejos: Antoine, el joven estudiante, es un personaje lleno aún de inocencia y exento del aprendizaje del dolor, mientras que el General (llamado así) es un depósito de experiencias acostumbrado a las decisiones difíciles. Desde sus respectivas posiciones, cada uno de los dos se deja llevar por el deseo en suficiente confluencia y, al mismo tiempo, con notables desajustes. Con una intuición proverbial, sin embargo, la autora no pone la relación homosexual en el centro de la novela: el tema principal de Príncipes es la guerra, o el modo en que la guerra se inmiscuye, con consecuencias inadvertidas, en el amor de los protagonistas. Mención aparte merece el humor con el que Guérard dota de relieve a sus personajes: “Resultó que su general no era solo perspicaz y culto, sino también tolerante en sus ideas, músico, aficionado al arte, bibliófilo, etcétera. En definitiva -pensó Antoine-, es general como son curas los curas. Sin fe”; así como la definición de un deseo atravesado por la moral y la honorabilidad masculina: “Se libró entonces dentro de él un combate de una violencia extra entre el bien y el mal. Quería mantenerse puro y, a la vez, deploraba amargamente la ocasión de felicidad que estaba dejando pasar por un prurito de sensatez”. En su brevedad, Príncipes es otra gran novela de Catherine Guérard. Inolvidable.
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