Europa en llamas
Los años de fuego | Crítica
La nueva entrega de Fernando Castillo reúne un conjunto de ensayos dedicados a "episodios y personajes" del periodo comprendido entre la Gran Guerra y el hundimiento de la URSS
La ficha
Los años de fuego. Europa, episodios y personajes (1914-1991). Fernando Castillo. Renacimiento. Sevilla, 2020. 524 páginas. 24,90 euros
Con razón se ha dicho que nuestra tradición ensayística, tanto más en estos tiempos de especialización a ultranza, no ha frecuentado los amplios panoramas que resultan de la familiaridad con momentos, disciplinas y fenómenos diversos, de los que pueden extraerse claves que iluminan periodos enteros. Aunque estructurada en torno a intereses recurrentes, la obra de Fernando Castillo nace de esa familiaridad que permite volver a los mismos temas desde perspectivas distintas, ensanchando el marco para comprender realidades históricas tan complejas como la era de los totalitarismos y sus muchas implicaciones en todos los órdenes, el político y el militar, por supuesto, pero también o muy especialmente –Castillo ejerce como genuino historiador de la cultura, a la altura de los mejores entre sus homólogos europeos– los referidos al arte, la literatura, el pensamiento o la propaganda, terrenos en los que el reflejo de las ideologías y los grandes hechos adquiere significaciones reveladoras. Esta ambición panorámica, visible en su análisis de aspectos concretos e incluso marginales, sumada a una forma de escritura que sigue de cerca las fuentes documentales pero no desdeña la amenidad, define el sello personal de un autor de vastos conocimientos y estirpe cosmopolita, que sabe revestir sus inquisiciones de un pulso y una atmósfera inequívocamente literarios.
Del mismo modo que los reunidos en Atlas personal, donde Castillo recopilaba sus escritos viajeros o dedicados a ciudades o geografías, muchos de los ensayos que conforman esta nueva entrega tienen su origen en distintas publicaciones, artículos, prólogos u otros textos de circunstancia, pero responden a intereses igualmente esenciales y sobre todo adquieren, leídos en volumen, un sentido mayor o de conjunto. Los años de fuego del título se inician con la Gran Guerra –de la que en buena medida nació la Revolución de Octubre– y llegan hasta el hundimiento de la URSS, pero el grueso de las contribuciones se centra en las tres décadas transcurridas entre la primera de las guerras mundiales y el final de la segunda, que como suele decirse tuvo nuestra contienda civil como preámbulo. Es la era de las vanguardias, de la movilización de los intelectuales y las masas, de la consolidación del Estado bolchevique, del ascenso y caída de los fascismos, una época terrible y fascinante que contiene muchas historias individuales o colectivas, tan reales como novelescas. En ella ha centrado Castillo el grueso de sus aportaciones que se enriquecen aquí con nuevos "episodios y personajes" abordados, como bien dice su editor, de un modo nada vagaroso, sino por el contrario muy preciso, en ese estilo –marca de la casa– a la vez informado y repleto de sugerencias.
Distribuidos en tres secciones, El comienzo del incendio (Primera Guerra Mundial e inmediata posguerra), El conflicto central (Guerra Civil española) y Europa, año cero (Segunda Guerra Mundial y Guerra Fría), los dieciséis ensayos del volumen tratan de asuntos tan diversos como los dos testimonios de Ludwig Renn como combatiente en el ejército del Káiser y después relevante brigadista en España, los grabados sobre el infierno de Verdún del pintor suizo Félix Vallotton, el olvidado y originalísimo libro (Tras el águila del César) de Luys Santa Marina acerca de su experiencia en el Tercio durante la guerra de Marruecos, las "verticalidades afrontadas" que representaron los altos edificios del Madrid moderno y las redescubiertas cumbres del Guadarrama, la génesis y el mito del comisario político, los discursos propagandísticos materializados en la Historia de la Cruzada española y la cartelería de los dos bandos de la Guerra Civil, la arquitectura bélica del búnker, las parciales pero interesantísimas memorias de Gerhard Heller en la Francia ocupada, la escurridiza figura de la madre del escritor Patrick Modiano –la actriz belga Louisa Colpeyn– trazada a partir de las difusas noticias que aporta su hijo, el poco conocido episodio que enfrentó a los aliados con la Francia de Vichy en Oriente Próximo, los tempranos orígenes de la Guerra Fría, el mandato del general Patton como "último rey de Baviera" o la también poco explorada acción de la URSS en el Mediterráneo. Nombres y temas, como se deduce de la relación, nada consabidos, vinculados a anteriores estudios con los que estas miniaturas componen, pieza a pieza, toda una cartografía. Esa en la que Castillo, fiel a sus obsesiones, resucita una Europa en llamas.
El corto siglo XX
Los grandes acontecimientos son en el fondo tan arbitrarios como las cotas estrictamente cronológicas, puesto que siempre es posible rastrear antecedentes o reconocer inercias, pero el corte señalado por la Gran Guerra fue tan brutal, tan claramente delimitador de dos tiempos distintos, que el anterior, la idealizada belle époque, parecía remotísimo ya a finales de la segunda década, cuando el horror de las trincheras había transformado por completo a los supervivientes de lo que Zweig, en su célebre libro de memorias, llamaría el "mundo de ayer". Castillo cita La fractura de Phillip Blom, donde el brillante historiador alemán analizó la vida y la cultura de entreguerras, para aludir a la magnitud de los cambios experimentados en esas dos décadas vertiginosas, pero también menciona a otros autores como Enzo Traverso que han hablado de una "guerra civil europea" –Europa contra Europa, leemos en el título de la valiosa síntesis de Julián Casanova– sostenida, con diferentes intensidades, por espacio de treinta años. Debemos a Hobsbawm el concepto de "corto siglo XX" para definir el que habiendo empezado con el magnicidio de Sarajevo terminaría con el derribo del muro de Berlín, o más bien algo después con la caída del régimen soviético y las repúblicas satélites. Desaparecidos los fascismos, la otra encarnación de la ideología totalitaria rivalizaría con las democracias occidentales en esa prolongación no del todo pacífica que fue la Guerra Fría, gestada antes de la rendición de la Alemania nazi. Alargando su duración hasta los crueles enfrentamientos derivados de la desmembración de Yugoslavia, donde había empezado todo, y los precarios Acuerdos de Dayton a mediados de los noventa, Castillo cierra el círculo de ocho décadas de conflicto que desde la perspectiva actual conforman otro mundo de ayer, lejano ya en el tiempo pero no del todo en el imaginario político, que de hecho sigue estando presente de muchas maneras en los debates ideológicos, en las respuestas a las crisis o en las polémicas referidas a la memoria. Son Historia esos años, pero también un pasado que vuelve y nos previene o advierte, pues sólo conociendo los males podremos evitar las recaídas.
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