El bar en lugar de la galería

Ignacio Estudillo y Eladio Aguilera se unen para transformar Di Gallery en una suerte de bar y reflexionar sobre arte y espacio.

Siguen tañendo las campanas de Evrugo

Di Gallery se transforma para acoger la exposición 'Contra el ornamento', de Eladio Aguilera e Ignacio Estudillo
Di Gallery se transforma para acoger la exposición 'Contra el ornamento', de Eladio Aguilera e Ignacio Estudillo / Juan Cruz
Guillermo Amaya Brenes

28 de enero 2026 - 07:01

La ficha

Contra el ornamento. Ignacio Estudillo y Eladio Aguilera. Di Gallery. Muro de los Navarros, 66. Sevilla. Hasta el 31 de enero

Los artistas Ignacio Estudillo (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1985) y Eladio Aguilera (Los Corrales, Sevilla, 1995) se unen en Contra el ornamento, un proyecto expositivo (más que una exposición) donde se reflexiona sobre la fenomenología del arte en relación con el espacio y el espectador. Los artistas han transformado ex profeso Di Gallery, generando un diálogo entre los espacios expositivos y domésticos. La muestra se podrá visitar hasta el sábado 31 de enero.

Contra el ornamento parte de la idea del cuadro como suceso arquitectónico y no como un elemento ornamental o decorativo (aunque pueda hacer las veces de tal). El cuadro, en tanto que capaz de transformar su entorno, escapa del carácter accesorio y supeditado del ornamento. El cuadro construye o reconstruye el espacio arquitectónico, a través de la pintura se erige una experiencia que trasciende el habitarlo o transitarlo. Desde el cuadro se edifica un fenómeno en el que la arquitectura y la experiencia en esta, quedan sujetas al devenir pictórico.

Las obras 'Usuarios del pasado' y 'Personaje algo más cerca que el paisaje (con velo)' de Ignacio Estudillo
Las obras 'Usuarios del pasado' y 'Personaje algo más cerca que el paisaje (con velo)' de Ignacio Estudillo / Juan Cruz

Así, en Contra el ornamento, Estudillo y Aguilera transitan, como dos equilibristas, la tensión entre la arquitectura y el cuadro. Para ello exploran y enfrentan las fenomenologías del arte en el espacio del cubo blanco (propio de las galerías de arte y museos) y en el espacio doméstico. Hay algo de sarcástico en el hecho de que el más propicio (en principio) para la muestra de arte sea el que genere un mayor hermetismo, mientras que el doméstico puede generar mayor permeabilidad y predisposición a abismarse en la experiencia que emerge del cuadro.

Claro que en este fenómeno que parte del cuadro, el espectador es tan o más importante que el propio artista. En este sentido, la influencia del cuadro no alcanza la capacidad de doblegar al espectador y más en estos tiempos, donde todo es consumido como imágen. El cuadro ni es ornamento ni es imagen, pero puede consumirse como tal. Siendo conscientes de esto, los artistas juegan sus cartas para estimular la predisposición del espectador a activar el cuadro como dispositivo, como suceso arquitectónico. En estos términos, siempre hay algo de performativa en la relación del cuadro y el espectador.

Ante el desconcierto del espectador, las tensiones entre el cuadro y el espacio comienzan a aflorar. La mirada, confusa, busca dónde asirse.

El enfrentamiento de estos dos espacios es utilizado en esta muestra de una forma hábil, creando dos exposiciones diferentes o generando una intersección de estas. Así, Estudillo y Aguilera intentan desdibujar las concepciones en las que se suelen asentar las exposiciones y que frecuentemente prevalecen sobre el propio fenómeno pictórico o artístico. Concepciones que pueden yermar el espacio, volverlo estéril, como el peso del nombre del autor, montajes previsibles que se acogen a cánones preestablecidos y que constriñen las posibles narrativas devenidas del cuadro o la necesidad de una categorización académica, técnica y/o disciplinar, son rehuidas en esta exposición.

Cuadros que revelan su reverso, la “intromisión” de cuadros de un artista en el espacio del otro, la invitación a otros artistas a participar en el proyecto expositivo (Rosa Aguilar, Quique Sarzamora y Fernando García), referencias a artistas reconocidos en la Historia del Arte, la modificación del espacio a través de paneles de madera, la instalación de una farola, la incorporación de elementos no artísticos intervenidos (en ocasiones sutilmente y de forma casi inapreciable) por Eladio Aguilera o sus piezas realizadas con espuma floral marcadas con elementos urbanos de París (ciudad en la que reside el artista) o la inclasificable heterogeneidad pictórica de Ignacio Estudillo.

Vista general de la exposición
Vista general de la exposición / Juan Cruz

Ante el desconcierto del espectador, las tensiones entre el cuadro y el espacio comienzan a aflorar. La mirada, confusa, busca dónde asirse. Abandona la cómoda e infructífera posición de la contemplación (muro invencible entre el espectador y el cuadro), la mirada pasa de ser un sujeto pasivo a un sujeto activo. El cuadro, como dispositivo, ha sido activado por el ojo del espectador. El fenómeno pictórico se revela.

El bar se vuelve palacio. Un palacio cuyo diseño ha parece haber sido preconcebido con minuciosidad, supeditándose a cada tesela, a cada lama del parquet, a cada lámpara, a cada silla, a cada florero y a cada flor que alberga; las paredes diseñadas con el tamaño y la altura exactos según los cuadros que van a albergar. Pero este palacio sigue siendo un bar, un espacio público al que cualquiera puede entrar, tensar su mirada (sin reducir lo que ve a imágenes, sin caer en la contemplación) y activar ese fenómeno tan ancestral como contemporáneo que emerge de la pintura.

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