Los barrocos van al café

La principal novedad del festival reside en una idea quizás no original, pero sí atractiva, la de escuchar a varios reputados intérpretes fuera de los sacralizados espacios habituales

Vicente Parrilla.
Vicente Parrilla.

21 de marzo 2009 - 05:00

sin duda, la principal novedad del Festival de Música Antigua de este año es la programación de un ciclo que, con el título de Café Barroco, se desarrollará en el Café del Casino de la Exposición en horario nocturno y permitirá al público la consumición de bebidas mientras asiste a los espectáculos. La iniciativa no es original ni mucho menos, pues son muchos los certámenes que programan actos musicales en ambientes más lúdicos que los habituales espacios sacralizados de las salas de concierto o los templos (sin ir más lejos, el Festival de Granada incluye en su oferta desde hace años un exitoso ciclo de café-conciertos en el Teatrillo del Hotel Alhambra Palace), pero encontrar ese espacio en un Festival dedicado a la música antigua no parecía fácil.

Este tipo de convocatorias suele centrarse en música de carácter predominantemente ligero, compatible con el ambiente propio del local y las condiciones en las que se celebran, y es en este aspecto en el que las citas que se han programado pueden crear algunas dudas sobre su idoneidad, al menos en dos de los cuatro casos. Nada que oponer por supuesto a la primera de ellas: la propuesta de Laberintos Ingeniosos, el grupo del guitarrista y laudista barcelonés Xavi Díaz-Latorre, se ajusta de forma ideal al carácter del ciclo. Las seguidillas boleras de Fernando Sor, canciones escritas sobre textos casi siempre jocosos, satíricos y repletos de dobles sentidos, parecen hechas justo para ser interpretadas en un café. El programa reproduce exactamente el disco que el grupo grabó en el sello francés Zig Zag a finales de 2007 y será interpretado en Sevilla por los mismos solistas que registraron el CD, las voces de Lambert Climent, Lluís Vilamajó y Jordi Ricart, las guitarras de Xavi Díaz y Enrique Solinís y las percusiones de Pedro Estevan.

Si los boleros de Sor se adecuan magníficamente al ambiente del café, más dudas plantea un programa como el que presenta el flautista Vicente Parrilla, que es de una alta especialización y un gran refinamiento, aunque el carácter de improvisación que tienen las glosas sobre madrigales y otras canciones renacentistas puede justificar su presencia entre el tintineo de las cucharillas y el fundido del hielo en el whisky. Parrilla, natural de Estepa y líder del conjunto More Hispano, con el que ha participado varias veces ya en el Femàs, es uno de los músicos españoles que más atención dedica a este tipo de práctica histórica.

Quedan dos recitales extraordinarios, pero que uno no asocia fácilmente con el carácter ligero de la música de café. El clavecinista madrileño Alberto Martínez Molina, bien conocido también del Festival, trae un programa soberbio, que aúna lo mejor de las escuelas italiana (Frescobaldi), centroeuropea (Froberger) y francesa (Louis Couperin) del siglo XVII, una música de extrema dificultad, que requiere una concentración muy especial por parte tanto del intérprete como de los oyentes. Más duro se hace imaginar la enorme música para violín solo de Bach en el ambiente al que se ha destinado. El italiano Riccardo Minasi (Roma, 1978) es uno de los jóvenes más talentosos del violín barroco en nuestros días y su debut en el Femàs, unido a la poderosa música de Bach, hacen que su actuación sea una de las más esperadas por los buenos aficionados. Y, bien pensado, tampoco está tan mal eso de poder disfrutar de la monumental Chacona con una taza o una copa entre las manos. No es previsible (ni deseable) que uno se relaje, pero al menos tendrá algo singular de lo que hablar con los amigos.

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