El Amor y la Belleza
HE WHO LOVES BEAUTY | CRÍTICA
La ficha
**** Programa: Obras de Benjamin Britten, Henry Purcell y John Dowland. Tenor: Mark Milhofer. Piano: Manuel Navarro Bracho. Actor: Luis Alberto Domínguez. Dirección de escena, dramaturgia, espacio, vestuario e iluminación: Rafael R. Villalobos. Lugar: Espacio Turina. Fecha: Miércoles, 28 de enero. Aforo: Un tercio.
Benjamin Britten y Peter Pears protagonizaron durante cuarenta años una de las historias de amor más conmovedoras y emocionantes de la historia reciente. Contra la persecución de las leyes británicas, contra la hostilidad de la opinión pública, contra el desbordamioento de machismo aledaño en el Reino Unido a la Segunda Guerra Mundial, contra eso y más, ambos supieron tejer una relación de amor y de excelencia musical que trascendió el tiempo y el espacio. Era de suponer que Rafael R. Villalobos llevase su dramaturgia al terreno de la reivindicación de la homosexualidad (como suele hacer en prácticamente todos sus montajes líricos) a partir de algunos de los ciclos de canciones de Britten dedicados a Pears, como los sustentados sobre sonetos de John Donne, de Miguel Ángel o sobre canciones populares. Con el aderezo un tanto forzado por fuera de estilo de piezas de Purcell o Dowland. La verdad es que se trata de uno de los espectáculos de Villalobos más comedidos y con menos densidad discursiva que hemos visto, lo que redunda en su comprensibilidad. Como se suele decir, "menos es más" y con la parquedad de medios del Espacio Turina se ha podido condensar de forma eficaz y directa la reflexión sobre el amor más allá de las barreras de género. Parquedad también lumínica, porque todo el espectáculo se movió en la penumbra, incluídos unos textos difíclles de seguir por la falta de luminosidad. Buen trabajo el del actor Luis Alberto Domínguez, aunque no acabo de entender su papel y el de los textos que recitó, eso sí, muy bien.
Quienes estuvieron sensacionales fueron cantante y pianista. Milhofer tiene una voz de típico tenor lírico británico que recuerda a la del propio Peter Pears. El timbre es cálido, no se aprecian saltos de color en los pasos de registro, el agudo emerge con naturalidad y se expande con amplitud. El fraseo estuvo medido frase a frase, con claridad en la articulación e impresionante intencionalidad en la acentuación, especialmente en los sonetos de Miguel Ángel. Hubo rabia contra la muerte ("Death, be not proud"), espléndidas medias voces ("Sweeter than roses"), declamación melódica muy aquilatada ("Sailor boy") y énfasis expresivo ("Can she excuse my wrongs?"). Por su parte, Manuel Navarro dialogó a la par con el cantante, con una delicada sutilidad en la manera de desarrollar las frases, atención a cada matiz y al color del piano. Además de su pulcritud en la pulsación hay que descubrirse ante la delicadeza y atención a cada detalle articulatorio en el "Night-music". Todo un lujo.
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