Crítica 'Hitza Egin (Faire la parole)'

En el bucle melancólico (encore)

Una imagen de 'Hitza Egin (Faire la parole)'. Una imagen de 'Hitza Egin (Faire la parole)'.

Una imagen de 'Hitza Egin (Faire la parole)'.

La bajada a la Tierra no le sienta nada bien a Green, que queda como suspendido en el aire a la hora de transformar sus pregnantes estilizaciones de ficción en una mirada a ras de mundo. Sabemos que el cineasta siempre actuó a contracorriente -en el fondo suministrando material parabólico de aliento utópico; no muy lejos, entonces, de la mitología clásica- revitalizando la dimensión sagrada de una palabra que, desgastada por los juegos de lenguaje, aspira a algo más que a significar, en concreto a asaltar el sentido. También su alabanza de la aldea, su apuesta por la autenticidad a espaldas del ruido de la corte, del circo mediático donde las hablas parlanchinas del arte no ocupan un pequeño lugar.

Esto, aumentado por el placer filológico que emana de su cine, no hace extraño su interés por las lenguas sometidas -como lo fuera el euskera en España y Francia- cuya persecución, en justa medida, suponía la obliteración de una manera de crear y sentir la realidad. En Hitza Egin (Faire la parole), Green, él mismo autotransterrado de la esfera anglosajona para abrazar una identidad francesa, sigue y da voz a varios jóvenes del País Vasco francés y español que han decidido vivir en euskera, atentos al legado folclórico que les precede y a las dificultades que aún deben afrontar por una decisión que muchos de sus mayores no pudieron llevar a cabo.

Pero esta oda al terruño no despliega la mínima distancia exigible en una no-ficción, y su pintura arcádica, ñoña, asexuada y filo-aria de una hiperestésica comunidad juvenil que toma bebidas de colores, visita iglesias y atraviesa postales campestres con la sublimidad de una caja de puzle termina por dar grima. Iosseliani, otro gran esteta, ya perdió pie al documentar Euskadi… quizás a ambos no se les dé nada bien la hipérbole, arte que sí esgrimió Orson Welles cuando pasó por allí.

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