Un audaz cuarteto neoyorquino
Cuarteto Ulysses | Crítica
La ficha
ULYSSES QUARTET
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Música de Cámara en Turina. Ulysses Quartet: Christina Bouey, violín I; Rhiannon Banerdt, violín II; Julian Seney, viola; Grace Ho, violonchelo.
Programa:
Mieczyslaw Weinberg (1919-1996): Capriccio Op.11 [1943]
Tina Davidson (1952) : Just Before Light [2025]
Komitas (1869-1935): [Dos canciones folclóricas]
Pavel Haas (1899-1944): Cuarteto de cuerda nº2 Op.7 Z opičích hor (Desde la montaña de los monos) [1925]
Lugar: Espacio Turina. Fecha: Viernes 27 de octubre. Asistentes: Unas 50 personas.
Pese a su apariencia juvenil, el Ulysses Quartet tiene más de una década de vida, pues se fundó en Nueva York en 2015. Su viola titular (Peter Dudek, que se unió al grupo en 2024 reemplazando al miembro fundador Colin Brookes) no ha podido estar en esta gira, pero eso no ha parecido afectar al grupo, que ha mostrado un muy serio trabajo conjunto, con apreciable cohesión y empaste y un equilibrio tímbrico que se tradujo en una textura global de exquisita transparencia. Los resultados tanto musical como expresivamente fueron más allá de la mera corrección técnica.
El programa, audaz y poco complaciente, se articulaba en torno al extraordinario Cuarteto nº2 de Pavel Haas, el discípulo predilecto de Leoš Janáček, que acabaría sus días en una cámara de gas de Auschwitz. La obra cerró la velada con una lectura de aguda intensidad, marcada desde un arranque impulsivo. En ese primer movimiento destacó el vuelo del segundo violín, de fraseo flexible, capaz de proyectarse sobre el juego de la trama de las otras voces. El Scherzo, de claro sentido programático, brilló por su electricidad y su incisividad rítmica, con ataques secos y un admirable control textural. El tercer movimiento, con sordina, alcanzó una concentración nocturnal de gran serenidad, en el que a pasajes de denso diálogo se sucedían motivos solísticos, por los que fueron pasando todos los instrumentos hasta un clímax cuidadosamente graduado. El final resultó enérgico y apasionado, pero también preciso y cálido. En su redacción original, la obra incluía en este último movimiento un pasaje para batería ad libitum, claro reflejo del choque que el jazz produjo en la música europea de los años 1920. Aunque luego Haas retiró la percusión, algunos intérpretes la han devuelto a su lugar: el Ulysses, no, pero sí que integraron con naturalidad golpes rítmicos con los pies en el suelo y un silbato.
Todo había empezado con un rítmico y ligero Capriccio de Mieczyslaw Weinberg, resuelto con elegante flexibilidad métrica y un trasfondo de melancolía apenas insinuada bajo su aparente levedad. La articulación limpia y el cuidado en los reguladores dinámicos evitaron cualquier exceso retórico. En Just Before Light de Tina Davidson –obra encargada por el propio cuarteto y estrenada el mes pasado en Nueva York; esta interpretación en el Turina era su presentación en Europa– el grupo transitó con acierto desde un arranque cercano al experimentalismo, con armónicos, trémolos continuos y pizzicati fragmentados, hacia una polifonía más densa, de sutil aliento posminimalista, en una búsqueda progresiva de claridad y expansión sonora. En preparación para la obra de Haas, las dos melodías de Komitas aportaron un emotivo color modal, expuesto con sobriedad y ligereza, sin forzar ni el folclorismo ni la sentimentalidad. En conjunto, una propuesta coherente y exigente, defendida con rigor técnico y convicción expresiva por un grupo que mostró en su debut sevillano, más allá de su juventud aparente, una personalidad sólida y ambiciosa.
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