Cultura

El deleite en el ejercicio de pintar

  • Patricio Cabrera presenta 'Geometría de la distancia', una reivindicación de las manualidades y los materiales humildes como la cartulina y el papel vegetal.

Un color alegre, hedonista y que contagia el gozo de vivir se ha adueñado de la galería Rafael Ortiz gracias al artista Patricio Cabrera (Gines, Sevilla, 1958), que anoche inauguró en la sala de la calle Mármoles Geometría de la distancia, una reunión de piezas en relieve elaboradas a lo largo de 2011 donde reivindica las manualidades y los materiales más sencillos, como la cartulina, el papel vegetal o la dúctil goma eva, muy empleada por los escolares.

El deleite en el ejercicio de pintar, la corriente de empatía entre lo que se crea y lo que se ve, se apoderan de esta colección de cajas, piezas recortadas y dibujos donde los turquesas, amarillos y fucsias trasladan al espectador a geografías imposibles en las que parece instalarse eternamente el verano, esa virtud que admiramos en las pinturas de David Hockney.

Para acceder a este estado de satisfacción interior casi indefinible es preciso, sin embargo, demorarse en la contemplación de unos trabajos que, a primera vista, parecen juegos infantiles elaborados con tijeras, regla y cartabón. "Son piezas aparentemente sencillas pero de un gran refinamiento", elogia Rafael Ortiz, para quien "el trabajo de Patricio Cabrera nunca pierde su frescura ni su componente de sorpresa. El color surge de manera espontánea pero las obras están muy bien elaboradas. Es un artista preciso que sabe lo que quiere y lo plasma con naturalidad".

Desde sus inicios, la parte paisajística siempre ha estado presente en el quehacer de este artista que tiene obra en las principales colecciones españolas, como las del Reina Sofía, la Fundación La Caixa, el Macba, el CAAC o Caja Madrid. Aquí la renueva con geometrías que parecen disparatadas pero resultan lógicas y que se combinan con motivos inspirados en los libros de botánica, o en vistas de la exuberante naturaleza brasileña. Garzas, cocodrilos y casitas para pájaros aparecen por doquier.

No faltan tampoco los guiños a los frescos con los que Rafael decoró las Logias vaticanas y que el artista conoció gracias a la beca de la Real Academia de España, que le permitió residir en la capital italiana antes de mudarse a Brasil. Todos esos cambios de escenario le animaron a trabajar con piezas que pudiera enrollar o empaquetar fácilmente. "Más adelante volveré a pintar pero esta vida portátil me ha permitido explorar, ser más creativo, recortar y manipular para luego colorearlo todo. Disfruto ahora mucho del relieve, una pulsión que luchaba por emerger cuando pintaba en plano en los últimos años", dice Cabrera, que añora, sin embargo, más encargos para hacer murales, "como la oportunidad estupenda que me dio Paco del Río de pintar las paredes de la Casa Pemán de Cádiz para mi exposición de 2010 El cielo cabeza abajo".

A Cabrera le gusta reivindicar su vertiente lúdica y su gusto por la pintura decorativa, "tan denostada por la modernidad", pero desde una posición distinta a la asumida por su colega Guillermo Pérez Villalta. "Yo le meto mucha guasa porque me río de todo y él le da un tratamiento más serio y filosófico".

"Me gusta contar cosas con ritmo y disfruto interpretando motivos de nuestro pasado islámico", declara ante su Paisaje exótico romano, un trabajo recortado y pintado con temple al huevo que recuerda al papel picado mexicano. A su lado, 19 dibujos, alineados "como si fueran ropa tendida", recrean el proceso creativo de su estudio, "donde me da fuerza acumular estas piezas pequeñas con forma de cono o escalera que inspiran mis trabajos mayores".

"La pintura es el medio que me ayuda a situarme en el mundo", confirma Patricio Cabrera, mirando con nostalgia la vitrina anexa que, como una instalación, reúne un tríptico sobre su casa de Gines, ligada ya para siempre a la memoria de su generosa madre, con dos espirales móviles, una verde y otra negra, hechas de cartulina.

Hay lugar también en la muestra para algunos acrílicos sobre papel, caso de Pescador en un lago, o de Fragmento de paisaje, donde tres palmeras intentan abrazarse mientras el sol enrojece el horizonte. Sobre la pared interior de la galería, ha dispuesto un pequeño museo de obras suyas dentro de una elipse donde, de nuevo, explosiona ese color hipnótico, como de pastelería, que le alucina, dice, "desde que mi padre me llevó con 6 años a ver la Cenicienta de Disney".

Patricio Cabrera: Geometría de la distancia. Galería Rafael Ortiz (calle Mármoles, 12). Hasta el 18 de febrero. Martes a viernes de 11:00 a 13:30 y de 18:00 a 21:00. Sábados de 11:00 a 13:30.

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