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Manuel Monteagudo I Actor "El sentido del humor es tan necesario como el sentido común"

  • Después de más de mil funciones y el reconocimiento de crítica y público, 'Taí Viginia', la exitosa tragicomedia sobre la vejez y la soledad, vuelve desde este jueves al 2 de febrero a la Sala Cero con las entradas prácticamente agotadas

Manuel Monteagudo en un momento de la entrevista. Manuel Monteagudo en un momento de la entrevista.

Manuel Monteagudo en un momento de la entrevista. / Juan Carlos Vázquez

Cuando un espectador se acerca a Manuel Monteagudo y le recuerda la primera vez que vio Taí Viginia, el actor no puede evitar sorprenderse y preguntarle la edad como si hasta ese instante no hubiera sido consciente del recorrido de una obra con la que se ha ganado el reconocimiento de la crítica y del público desde su estreno en 1996 y que desde este jueves 23 al 2 de febrero regresa a la Sala Cero con las entradas prácticamente agotadas.

En esta propuesta, el artista, uno de los nombres imprescindibles de la escena sevillana, dio en la clave enfrentándose con humor e ironía a cuestiones tan crudas como la vejez o la soledad en un monólogo de 70 minutos que invita a reírse de las locuras de un personaje profundamente humano que “representa a muchas de nuestras abuelas, vecinas, tías, amigas y habla de nuestros miedos”, asegura.

Por eso, lejos de cansarle, con el paso del tiempo Monteagudo ha llegado a entender y a querer aún más a esta anciana no sólo por las satisfacciones que le ha regalado en su carrera sino porque, de algún modo, resume todo aquello por lo que ama su profesión.

-Después de 24 años y más de mil funciones, Taí Viginia vuelve a la Sala Cero con las localidades prácticamente agotadas, ¿qué mantiene vivo este personaje?

-Primero el actor que lo interpreta, porque el teatro es un acto de comunicación directa que necesita de esa transmisión. Hay una cosa muy orgánica en el espectáculo que hace que tenga siempre una vida nueva y que nunca haya sentido que se mecanizara. Por otro lado, habla de temas que no pasan de moda. Creo que llama al público porque es muy humana.

-La obra nació como una forma de afrontar la demencia senil de su madre, ¿ha sido el teatro su mejor terapia?

-Pues sí, pero no me había dado cuenta. He ido a terapia ya de mayor (risas) y es cuando he sido consciente de que el teatro me ha servido para muchas cosas. Desde luego, no lo elegí con un fin curativo, sino por vocación y pasión. Pero es cierto que­ tiene ese valor y ahora que se habla tanto de qué hay que enseñar en las escuelas sería importante recordar lo nutritivo que es el teatro para el ser humano.

-¿Ayuda entonces a que entendamos mejor la realidad?

-Por supuesto, debe ser un reflejo del hombre. Desde los grandes autores a los actuales, sea del tipo que sea, el teatro nos enseña cómo es el ser humano. De algún modo, el espectador tiene la necesidad de reconocerse y el teatro le abre horizontes y le ofrece una nueva mirada.

"Ahora que se habla tanto de qué hay que enseñar en las escuelas sería importante recordar lo nutritivo que es el teatro para el ser humano"

-Gran parte del éxito de la obra está en narrar la crudeza pero desde la acidez y el humor, ¿cómo se miden los ingredientes de este cóctel?

-Sinceramente no sé cómo lo hice. Cuando estrené el espectáculo tenía 33 años y surgió de una manera completamente intuitiva, de una necesidad emocional. Fue con el tiempo cuando me di cuenta de su fuerza. Supongo que el equilibrio se consigue con el respeto, estando comprometido con lo que cuentas y entendiéndolo desde las vísceras, desde lo profundo. Y, a la vez, haciendo un ejercicio de contención para no venderte fácilmente, ni abaratar la risa.

-Una risa que, por cierto, defiende con uñas y dientes, ¿cuánto le debemos al humor?

-El humor es fundamental, lo que pasa es que se suele confundir con lo simple. Cuando, en realidad, el sentido del humor es tan necesario como el sentido común porque es un mecanismo imprescindible para ver las cosas más claras; nos da distancia, perspectiva y alegría… Es una forma de ver la vida.

-¿Con el tiempo, ha comprendido mejor a esta anciana o le ha cogido manía?

-En este caso, el personaje juega a favor en el tiempo, así que creo que va a cumplir muchos años más (risas). La verdad es que, más que el espectáculo, he cambiado yo porque ahora la veo desde otra madurez. En parte, la carga de humanidad del personaje tiene mucho que ver con que sea un hombre y de otra edad. Esto me ha exigido esforzarme más para ganarme la credibilidad porque, si no, hubiera caído en una parodia de Los Morancos, que está genial pero es otra cosa.

"La crisis frena el riesgo creativo. Deberíamos ser más conscientes de la dimensión y el poder de la cultura"

-Taí Viginia convivió con propuestas tan emblemáticas como las de Digo Digo Teatro, Valiente Plan, Alex O’Dogherty, Ignacio Andreu.... ¿Hubo una época dorada del teatro en Sevilla?

-Creo que sí. En los noventa y tantos hubo una eclosión, con gente que salimos del Instituto de Teatro de Sevilla y que hicimos propuestas creativas que el público aún recuerda. Ahora hay cosas que se han asentado, pero estamos en una crisis muy fuerte que frena el riesgo creativo.

Monteagudo en su regreso a la Sala Cero. Monteagudo en su regreso a la Sala Cero.

Monteagudo en su regreso a la Sala Cero. / Juan Carlos Vázquez

-¿Y qué se ha hecho mal para que gran parte de ese talento termine por abandonar o por coger el AVE?

-Tiene que ver con que la política no se toma en serio el apoyo que necesita la cultura. Sé que es el eterno llanto de los artistas y no me considero llorón pero deberíamos ser más conscientes de la dimensión y el poder de la cultura. Todavía tenemos asignaturas pendientes, aunque afortunadamente el talento no se ha perdido porque hay gente joven con ideas magníficas.

-Porque después de pisar tantas tablas, ¿en qué momento ve la escena sevillana?

-Sevilla ha crecido en oferta de espectáculos grandes y lo necesitaba. Nuevos espacios como Box o Cartuja Center ha permitido traer otro tipo de propuestas y esto es muy importante. Lo interesante es que haya variedad. Pienso que ampliar la oferta ayuda a crear más público porque se retroalimenta.

"Sevilla ha crecido en oferta de espectáculos grandes y lo necesitaba. Que haya más variedad ayuda a crear más público porque se retroalimentan"

-Ahora combina este revival con la buena acogida de El asesino de la regañá de Rancio, donde se ríe de la propia idiosincrasia sevillana, ¿cómo está viviendo este nuevo éxito?

-Estoy encantado porque me lo paso muy bien. Hacía tiempo que no hacía una obra tan claramente humorística donde el público se reconoce tan bien. Julio Muñoz es muy inteligente y ha sido capaz de darle una vuelta de tuerca a ese carácter nuestro.

-Teniendo al público de su lado y siendo uno de los actores más respetados de la profesión, ¿cuál diría que es su gran éxito?

-El verdadero éxito es poder haber vivido de ser actor 35 años que llevo de profesión. No soy una persona célebre, pero mantenerse trabajando es un logro. Esto es duro y hay muchos compañeros que se han quedado en el camino, sobre todo mujeres, porque un actor mediano va a trabajar más que una actriz brillante.

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