MURILLO IV CENTENARIO | EXPOSICIÓN

Murillo regresa triunfal a casa

  • El Bellas Artes inaugura la mayor antológica del pintor en Sevilla, una reunión de 55 obras de las cuales una veintena nunca había vuelto a España

Han llegado de Liverpool, Londres, París o Houston. Una veintena de cuadros de Murillo vuelve a España por vez primera gracias a la exposición que ha inaugurado el Museo de Bellas Artes de Sevilla. La principal antológica del pintor en su tierra pretende, según sus comisarios Valme Muñoz e Ignacio Cano, revisar la percepción que se tiene de él, hacer preguntas y remover estereotipos.

Para ello la directora y el conservador jefe de la pinacoteca han concebido un recorrido temático e iconográfico que ofrece, a través de 55 obras, "una visión global pero no cronológica" de su producción. Se atienden así, en nueve secciones, aspectos tan diversos como su interpretación personal de los temas religiosos (como la Santa Infancia, la Inmaculada y la Pasión) y de la pintura narrativa, pero al visitante le sorprenderán sobre todo las salas consagradas al retrato y la pintura de género. 

"Estábamos en deuda con Murillo para satisfacer esas carencias en el conocimiento de su obra y en la perspectiva un tanto encasillada que teníamos de él. Por eso aquí hemos tratado de penetrar en todos los mundos de Murillo", considera Ignacio Cano. Sumando las obras de Capuchinos, el Bellas Artes expone 72 obras del pintor. 

Murillo. IV Centenario, que podrá verse hasta el 17 de marzo de 2019, es la muestra más ambiciosa de cuantas se han realizado en la pinacoteca sevillana y complementa la organizada por el Museo del Prado y la Royal Academy de Londres en 1982 y 1983, que reunió 77 obras del artista, según ha recordado en la inauguración el consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez.

Ante la 'Virgen con el Niño' de la Walker Art Gallery de Liverpool y su boceto. Ante la 'Virgen con el Niño' de la Walker Art Gallery de Liverpool y su boceto.

Ante la 'Virgen con el Niño' de la Walker Art Gallery de Liverpool y su boceto. / Juan Carlos Vázquez

Sobresale, según Valme Muñoz, "la personal visión de Murillo sobre el contexto civil y religioso que le rodeó y su intuitiva observación del ser humano, ya fueran mendigos o nobles". 

La cita arranca en la iglesia y culmina en la sala de temporales con una pausa central para absorber de nuevo el Jubileo de la Porciúncula y parte de ese ciclo de Capuchinos que el museo reunió íntegro en la muestra con la que inauguró el Año Murillo, que fue la más vista de su historia, "probablemente hasta ésta", avanzó el alcalde de Sevilla, Juan Espadas. 

El presupuesto de la exposición ronda el millón de euros y recoge lo más selecto de la producción del sevillano, con préstamos de importantes colecciones privadas e instituciones españolas y extranjeras, como la National Gallery de Londres, el Museo del Prado, el Louvre o la Frick Collection de Nueva York. 19 obras han llegado de Europa, siete de Estados Unidos y una de México.

"La visión que heredamos de Murillo estaba condicionada por la lectura formal y centrada en su evolución estilística. Pero como ya demostraron Alfonso E. Pérez Sánchez y Benito Navarrete en El joven Murillo, el pintor no fue lineal sino que recurrió en distintos momentos de su carrera a fórmulas anteriores", explican los comisarios. Por ello, les interesó ofrecer "un Murillo real" y acercar al público su visión del mundo: su mirada muy humana a la realidad social y la otra, muy profunda, a la espiritual. "Murillo une su imaginación prodigiosa a su sensibilidad extrema y a una técnica excepcional. Ese es el punto de partida de nuestro proyecto: reivindicar la profundidad de la visión que encontramos en su pintura".

Por eso Murillo. IV Centenario agrupa nueve ámbitos que, tras sus respectivos títulos, esconden mucho más. La exposición se abre con la mirada a la Santa Infancia, donde se revela que Murillo renueva, reinterpreta y consolida los temas de la infancia de Cristo y la Virgen con el Niño. Y lo hace con obras maestras como El Buen Pastor del Prado, que abre la muestra, o como La Virgen con el niño (1675) de la Galleria Corsini de Roma. Esta pintura regresa por vez primera a España al igual que la Virgen de la Gemäldegalerie de Dresde o el San Juan Bautista niño de la National Gallery de Dublín.

'Autorretrato' de Murillo de la Frick Collection y 'Retrato de Juan de Saavedra'. 'Autorretrato' de Murillo de la Frick Collection y 'Retrato de Juan de Saavedra'.

'Autorretrato' de Murillo de la Frick Collection y 'Retrato de Juan de Saavedra'. / Juan Carlos Vázquez

La siguiente sección, La Familia de Nazaret, explica cómo Murillo introduce el naturalismo en la pintura devocional que emana del Concilio de Trento. "Cambia el código visual e inserta en la iconografía religiosa escenas domésticas", añade Cano ante hitos como la Natividad del Bellas Artes de Houston, pintada sobre obsidiana, o Las dos Trinidades de la National Gallery de Londres.

En La Gloria en la tierra incorpora, por el contrario, visiones celestiales o aspectos trascendentes a escenas cotidianas. Murillo trastoca la lectura tradicional del rompimiento de gloria, la división entre lo celeste y lo terrenal, hasta fundir ambos mundos. Lo vemos en obras como la Virgen del Rosario de la Dulwich Picture Gallery.

El código visual de la Inmaculada lo fijó Murillo y a él está dedicado el siguiente ámbito, donde destacan obras como la Inmaculada del Prado, la Colosal del propio Bellas Artes de Sevilla, la Inmaculada Concepción de la colección Pérez Simón de México y, sobre todo, la Virgen con el Niño de la Walker Art Gallery de Liverpool, una de las representaciones más hermosas del tema, que se exhibe tras su reciente restauración junto al boceto al óleo que creó el pintor para convencer a su cliente, el Arzobispado de Sevilla. La obra nunca había vuelto a España.

Los comisarios de la muestra reivindican "la profundidad de visión que se da en su pintura"

Al tema de la Compasión se dedica una estancia muy especial con escenas devocionales, en su mayoría de colecciones privadas. Murillo aborda el tema con pocos personajes y elementos narrativos, centrándose en una figura con una gran carga emotiva como el Ecce Homo o la Dolorosa. Son obras para ser contempladas y reflexionar, de gran contraste lumínico, que apelan al espectador.

Tras el paréntesis que marca el Ciclo de Capuchinos, el visitante debe salir de la iglesia y continuar el recorrido expositivo en la sala de temporales. Ahí está, probablemente, la versión más social, libre y narrativa de Murillo: la obra del artista que prefería su clientela extranjera y de la que apenas quedan hitos en España. Por ello, es la parte de la muestra que nadie debe perderse si quiere completar su visión del pintor.

Se arranca con la sección Penitencia, donde los comisarios han reunido varias obras maestras, como dos óleos (San Pedro y San Felipe) de un apostolado que presta la Galleria Nazionale de Parma, y el estremecedor Cristo recogiendo sus vestiduras del Krannert Art Museum de la Universidad de Illinois. Todos estos cuadros tienen modelos muy naturalistas.

Narrador de historias, la siguiente sección, está presidida por Las bodas de Caná, del Barber Institute de la Universidad de Birmingham. Con su intenso cromatismo es una de las obras predilectas de Valme Muñoz. De Ohio procede La adoración de los Reyes Magos, uno de los cuadros de la muestra que introduce un mayor número de personajes. Impresiona también por su naturalismo El martirio de San Andrés que cede el Prado.

'San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres' de la Real Academia de San Fernando. 'San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres' de la Real Academia de San Fernando.

'San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres' de la Real Academia de San Fernando. / Juan Carlos Vázquez

La Sevilla de los menesterosos pero también de los ricos comerciantes que se pueden permitir contratar al pintor más afamado de su tiempo está presente en la sección Pintura de género. Niños descalzos, pícaros y viejas afanadas en sus tareas protagonizan con sus primeros planos y sus escorzos esta sala que deja boquiabierto al visitante. Todas son obras maestras. Por ejemplo, el Niño riendo de la National Gallery de Londres o la Vieja despiojando a un muchacho de la Alte Pinakothek de Munich. La vieja y el niño de la Blathwayt Collection de Gloucestershire regresa a España por primera vez. Y Cuatro figuras en un escalón, pintado hacia 1665 y procedente del Kimbell Art Museum de Forth Worth (Texas), ha sido el icono elegido por el Museo de Bellas Artes para esta muestra por el carácter transgresor que aportan a la escena las gafas de la anciana.

En la última sala, consagrada al Retrato, descuellan la excelencia y plenitud pictóricas de Murillo. La imagen edulcorada que desde finales del XIX se dio del artista y pervivió hasta hace poco carece de sentido ante la visión del Autorretrato del pintor en su juventud que aporta la Frick Collection de Nueva York o el Retrato de Juan de Saavedra, pintado en 1650 y que regresa al fin a su casa desde la colección de la Duquesa de Cardona.

"Murillo domina con brillantez todas las fases del proceso creativo y se mueve con comodidad y genialidad en todos los asuntos y temas que aborda, no sólo en los religiosos", concluye Valme Muñoz ante la pareja que conforman el Retrato de Íñigo Melchor Fernández de Velasco, que cede el Museo del Louvre, y el Retrato de don Andrés de Andrade del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Un broche perfecto para un cumpleaños al que todos están invitados.

Murillo. IV Centenario podrá visitarse hasta el 17 de marzo de 2019. De martes a sábados de 9:00 a 21:00; domingos y festivos, de 9:00 a 15:00.

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