Fernando Iwasaki, nuevo académico de Buenas Letras
El escritor de 'Libro de mal amor' o 'Ajuar funerario' es elegido por unanimidad para formar parte de la institución.
Un amor de ida y vuelta
La Real Academia de Buenas Letras de Sevilla aprobó este jueves por unanimidad el ingreso como académico del escritor Fernando Iwasaki, que se suma así a la ilustre nómina de la institución con sede en la Casa de los Pinelo. El nombramiento reconoce la intensa y apasionada apuesta por la cultura de este novelista e historiador, Doctor en Historia de América por la Universidad Pablo de Olavide, un limeño de nacimiento y sevillano de adopción que conoció su ciudad adoptiva gracias a una beca de investigación en el Archivo General de Indias a mediados de los años 80 y que desde entonces, a lo largo de las décadas, se ha erigido en uno de sus creadores más singulares y admirados, además de un gestor que ha trabajado para la Fundación San Telmo o la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco.
En su obra tan ecléctica como estimulante se ha reído de los fracasos sentimentales en El libro de mal amor, ha dispuesto todo un festín de humor negro en los relatos de Ajuar funerario, uno de los mayores éxitos de su carrera y un hito también en la historia de la editorial Páginas de Espuma, y ha viajado al virreinato de Perú de la mano de un sacamuelas en Neguijón, una novela que publicó Alfaguara. Entre sus propuestas de no ficción, Iwasaki ha escrito sobre las figuras de Nabokov o Vargas Llosa, y ha reflexionado sobre su condición de hispanohablante entre dos orillas en Las palabras primas, por la que logró el Premio Málaga de Ensayo.
"Nací en Lima en 1961, vivo en Sevilla desde hace más de treinta años y tengo un apellido japonés, como todo el mundo", se define a sí mismo Iwasaki en la biografía de su página web, en la que recurre al humor inteligente que derrocha en su obra. "Estudié Historia y Literatura porque no tuve valor para estudiar Música o Bellas Artes, pero he tenido la fortuna de vivir rodeado de artistas. Me encanta saber que las personas que más quiero y admiro son mejores que yo, porque así, cuando llegue el momento de ver toda mi vida como si fuera una película, sabré si fui o no un digno actor secundario", defiende el narrador en su perfil.
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