Florentino Fernández | Actor "Ir al cine, ver una película, te enseña como si fueras de viaje a otro país"

  • El cómico es uno de los protagonistas de 'A todo tren. Destino Asturias', la aventura familiar con la que Santiago Segura vuelve a animar la cartelera veraniega. La comedia se estrena este jueves

Florentino Fernández, 'Flo', fotografiado en los reabiertos Cines Mk2 Nervión Plaza de Sevilla.

Florentino Fernández, 'Flo', fotografiado en los reabiertos Cines Mk2 Nervión Plaza de Sevilla. / José Ángel García

Santiago Segura y Florentino Fernández fingieron una intensa rivalidad cuando coincidieron en los fogones de MasterChef Celebrity, pero la vida y la profesión se empeñan en que tengan que arrinconar el ego y la competitividad y sean compañeros. De gira por los teatros del país con Dos tontos y yo, en la que coinciden con José Mota, estrenan este jueves A todo tren. Destino Asturias, una comedia familiar que dirige y protagoniza Segura y en la que Florentino, Flo, disfruta el regalo de hacer de malo de la función. El segundo responde esta entrevista tras acudir en Sevilla, en los reabiertos cines Mk2 Nervión Plaza, a un preestreno de este proyecto destinado a divertir a los espectadores y, de paso, dar una alegría a la taquilla.

–En su opinión, ¿qué tiene la película para que el público deba subirse a este tren?

–Yo creo que es una comedia muy sencilla, no simplona, con toda la complicación que tiene hacer algo así. Y es para todos los públicos, algo que me encanta, porque no se estrenan tantas producciones a las que puedas ir con tus padres y tus hijos. Es una historia en la que ocurren cosas con las que todos nos sentimos identificados. La grabamos hace nada, en el primer trimestre de este año, y tuvimos algunos obstáculos: positivos de Covid, la tormenta Filomena... Hace apenas dos semanas Santiago estaba dando los últimos retoques a la película para lanzarla ya a distribución.

–Dice que el público puede sentirse identificado. Su personaje, el villano de la función, no es más que un hombre con estrés, algo que sufre hoy mucha gente.

–Por resumir un poco, la película se ambienta en ese momento tan típico cuando llega el verano y a los niños hay que colocarlos, entre comillas, en los campamentos. Y se da esta situación que siempre ocurre en los grupos de Whatsapp de tú lleva a los míos; oye, pues si va Manolo que se pase por casa y recoja a mi hija... Al final, padre y abuelo tienen que llevar en el tren a un montón de niños, pero los adultos, por circunstancias, se quedan en el andén. Y esos críos se topan con un revisor, Lucas Ferraro, ahí entro yo, alguien con unos humos desorbitados, y a partir de ahí se suceden una serie de aventuras. Podría definirlo como un villano, pero sería como estos ladrones patosos que entran a robar en Solo en casa, o un villano gruñón, que no es mala persona en el fondo. Este hombre cree que el tren es suyo, se ha pasado la vida en él, Renfe le ha otorgado la capacidad para poner orden, y cuando ve a niños paseando solos por los vagones... será una locura. Profesionalmente ha sido un gusto trabajar en esta comedia: por los gags, por el ritmo que tiene. Santiago posee ese instinto, no sólo en el cine, también en el escenario, donde también somos compañeros. Ese tempo lo tiene él innato, y lo adapta a las particularidades del cine o del teatro, depende de lo que haga. Le ha quedado una película estupenda, con un guión brillante y muy costumbrista, muy de nuestra época.

"Mis padres no me llevaron nunca al cine cuando era niño, y no los culpo, pero a los de ahora les diría que no priven a los suyos de ese ritual"

–No han hecho mucho caso a esa recomendación de Hitchcock de no trabajar con niños, y juntan nada menos que a seis...

–Me gusta que los protagonistas de la película sean niños y que ejerzan como tal en ese tren, en la película. Uno de los chavales dice: Tengo una noticia mala y una buena. La mala es que nuestros padres no vienen con nosotros. Y la buena... que nuestros padres no vienen con nosotros. Hemos trabajado con seis niños, pero sorprende lo diligentes y lo profesionales que son. Un rodaje siempre es complicado, y más con todo este protocolo sanitario. Asombraba cómo mantenían el espíritu lúdico en las pausas, pero cuando se grababa se ponían en sus marcas, se sabían el texto perfectamente, luego se iban a estudiar. Cuando se acabó el rodaje no querían asumir que llegaba el final. Lo vivieron como un parque de atracciones eterno.

–Ha definido A todo tren como la película familiar perfecta. ¿Qué cintas de este tipo le marcaron a usted en la niñez?

–Mi infancia fue muy triste en ese sentido, mis padres no me llevaron nunca al cine. Cuando llego a una proyección, vivo lo de las palomitas, el refresco, todo este colorido, el sonido bien alto y la gran pantalla con verdadera felicidad. Yo me perdí eso cuando era pequeño, y desde luego no culpo a mis padres: era otra época, mi padre era conductor de autobús, mi madre se ocupaba de nosotros... demasiado es ya que hayamos salido bien, ningún problema con eso. Hay amigos que se ponen muy nostálgicos con Star Wars, o con La historia interminable... Pues yo no estaba en esas sesiones. Y, claro, cuando ahora entro en una sala de cine soy consciente de eso, y también de todo el trabajo que hay detrás: de los que hacemos las películas, de los distribuidores, de los exhibidores, de la prensa... todos los que participan en esta industria. A los padres de ahora sí les diría que lleven al cine a sus hijos, que no los priven de ese ritual, de ese aprendizaje. Ver una película es como ir de viaje a otro país.

"En el pasado hice chistes que hoy no haría, pero no es plan de culparse. La sociedad evoluciona, y los cómicos tenemos que adaptarnos"

–Usted es muy solicitado también como actor de doblaje y ha puesto su voz a Austin Powers o Los Minions...

–Ahí volvemos a mi infancia, es como si el niño que fui una vez hubiese pedido ir por ahí. Siempre que veía algo en la tele, de pequeño, oía cosas que no me gustaba oír, así que le bajaba el sonido al aparato y ponía yo la voz por encima de quien estuviese hablando, desarrollaba historias absurdas, que era lo que me divertía. Años después, cuando trabajaba en El informal, me encontré con un déficit de contenidos, no sabíamos con qué rellenar, y se me ocurrió esa idea, coger imágenes reales y hacer mi propia versión de lo que decían. Así empecé a dominar el doblaje, y eso me llevó a Austin Powers, Kung-Fu Panda, Gru... Películas por las que igual no me han pagado como una superestrella pero que me han hecho muy feliz, o han hecho feliz a ese niño que le quitaba el sonido a la tele.

–Tanto Paco León como Santiago Segura reconocieron en entrevistas a este periódico que no tenían muy claro qué es lo que hace reír al personal. ¿Usted lo sabe?

–Yo soy consciente de que hago reír y de que esa es mi forma de expresarme, y me ocurre en entornos serios o incluso dramáticos lo de generar esa comicidad. El sentido del humor forma parte de mi familia, nos relacionamos así, con ironía, intentando reírnos de la vida, la única diferencia es que a mí me pagan por esto. Yo tengo muy en cuenta a quién me dirijo, si hay niños, si hay mayores, si hay gente que sabe más de una cosa u otra... Y por ejemplo no estoy de acuerdo en que en el norte se rían menos: por nuestra experiencia en el teatro diría que allí sueltan muchas carcajadas, aunque quizás se paren entre un chiste y otro y en el sur prolonguen la risa... Yo siempre digo que no te comportas igual con tus padres en un almuerzo que con tus colegas a las tres de la mañana, y aplico eso al humor. Al final, como ocurre con todo, es una cuestión de sentido común. Y en esto hay también un componente cultural. Me da tristeza que mi hijo no vaya a tener referentes que a mí me encantan, como, no sé, Miguel Gila o Tip y Coll o los Monty Python, yo se los puedo poner, sí, pero igual a él ya no le resultan tan divertidos. El humor va cambiando con cada época. Yo mismo he hecho chistes en el pasado que hoy no haría, pero no es plan de culparse, eso le ha sucedido también a grandes como Martes y 13 o Cruz y Raya, simplemente la sociedad evoluciona y tú tienes que adaptarte.

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