Crónica goyesca de la pantalla

Gala Premios Goya, tan larga como una gala de 'Masterchef'

  • Andreu Buenafuente y Silvia Abril logran salvar en parte la noche. Los Goya se airearon con Sevilla. 

Silvia Abril y Andreu Buenafuente sin nada que ocultar Silvia Abril y Andreu Buenafuente sin nada que ocultar

Silvia Abril y Andreu Buenafuente sin nada que ocultar

Tres horas y pico no es un problema en el prime time de hoy. Hay gente que aguanta eso y más, cualquier otro día, con las galas de Gran Hermano, de Masterchef e incluso de Tu cara me suena. Y con los intermedios aún más largos. Pero la gala de los Goya se sigue haciendo larga. Cuestión de ritmo, de demasiados galardones, demasiados discursos. Buenafuente, que ya había conducido las más afortunadas noches de los cabezones, ya decía que los discursos al menos deben ser buenos. Y así fue, sin importar los minutos, el de Jesús Vidal, y a las tantas, el resto de los Campeones. Qué buenos. Antonio de la Torre se quedó con el premio en casa. Por fin.

Pero a las ceremonias del cine, las de aquí y las de por ahí, le sobran ratos, como tantas introducciones que se convierten en repetitivas, y eso es un problema, ya esté ahí Jimmy Kimmel o Andreu Buenafuente, muy mejorado por la presencia de su santa esposa. Dos por uno. Y se  han currado el festejo goyesco. Aunque hasta a última hora se les durmió la niña en el patio de butacas. Y las cámaras de TVE enfocaron algún que otro bostezo. Una curiosidad para seguir más de cerca con las cámaras de 360 grados, espía on line sobre las reacciones del glorioso público.

El público captado a través de la cámara 360º en plena gala El público captado a través de la cámara 360º en plena gala

El público captado a través de la cámara 360º en plena gala / RTVE

La gala sevillana fue salvada por el padre de Salvados, por dos catalanes, Andreu y Sílvia. Hasta quedarse en pelotas. Bueno, en ropa interior. En carne viva. Lo intentaron así, por lo criminal, por lo civil como espectadores subjetivos como los de los Teleñecos. Y por lo marxista (Groucho). Ya no hay noche de "no a la guerra", sino simples noches de cine. Alguno de por allá al extremo no se entera. Fue una noche casi tan larga como una de Masterchef, donde también le sobró alguna que otra percusión y pegamento. El de los sobres, menuda parábola sobre El reino. Javier Fesser rindió homenaje al Super Glue 3. Se hizo largo el obituario y el discurso de Mariano Barroso, pero ya tenemos experiencia con las nocheviejas antiguas, cuando la familia nos despertaba cuando salía Fernando Esteso. O en las noches carnavaleras, cuando entre el frío de la madrugada aparece la chirigota del Selu.

Pues eso, gracias a Silvia y a su marido. La feria de Abril. Con Raúl Pérez de Fernán Gómez. A volar. Y La resistencia de Broncano colgada del techo, con Berto, (momento que también se hizo largo, que conste). Por brevedad, el ex ministro Máxim. Un aliciente cómplice. Presentó los cortos y con su buen humor el presentador se nos hizo grande.

Las galas se alargan por las actuaciones pero en otros años hubo más pelmazos sublimes. Nada que objetar a Rosalía. Ni a la cuadrilla de Amaia, interrupción incluida. En TVE, con los comentarios de Carlos del Amor, no hay mucho que discutir tampoco.

Los Goya requieren un horario pelín más temprano y un pulido en detalles de esos que terminan engordando el reloj.

En Sevilla el acontecimiento del cine español se ha aireado y le ha venido bien.

La opinión de Antonio Sempere: menos chistes y más cine

Isaki Lacuesta lo dijo claro cuando le preguntaron qué haría para mejorar en un futuro la gala de los Goya. Que dediquen menos tiempos a los chistes y más al cine. No es el único que piensa así. De acuerdo que estamos hablando de un programa de televisión que busca ser líder de audiencia. Pero a algunos nos gustan más los agradecimientos que las gracietas. Lo importante no es que las intervenciones sean largas o cortas, sino que sean buenas. Buenafuente dixit citando a David Trueba.

De lo que iba en el guión lo mejor de la noche fue el golpe de efecto con la aparición de Máxim Huerta, el breve, entregando el premio al mejor corto, con el contraplano del ministro José Guirao. Sin embargo, las perlas, como siempre, estuvieron en lo imprevisto, la reacción de los premiados y de los que se quedaron a las puertas.

El que se llevó la noche de calle fue Jesús Vidal, el actor con discapacidad. La primera que nos emocionó fue Eva Llorach arengando a los espectadores alzando los brazos. Pura magia. Pura energía. Tanta como la de la reivindicativa Arantxa Echevarría.

Mención aparte merece el homenaje a Chicho, con los grandes directores del género (todos hombres) sobre el escenario. Amenábar mostró lo mal que lo pasa hablando en público mientras Rodrigo Cortés confirmó que podría presentar Telediarios con el mismo aplomo si no más que Oriol Nolis.

Menos chistes y más cine. Los Oscar no tendrán presentador, sin que se resienta su audiencia. Se bastan y se sobran con las películas, los entregadores y los premiados. Para febrero de 2020 tendremos un duelo de altura entre Dolor y gloria y Mientras dure la guerra. Una noche para Almodóvar y Amenábar, Banderas, Asier Etxeandía y Karra Elejalde. Y de nuevo la Coixet y sus actrices Natalia de Molina y Greta Fernández (la hija de Eduard) midiéndose contra Penélope Cruz.

Como dice Isaki, más cine y menos chistes. No son imprescindibles. Y encima pueden estropear la velada.

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