El gesto y la materia
Cuando con 27 años Antoni Tàpies llegó a París becado por el Gobierno francés (también lo fueron Palazuelo, Guerrero o Pérez Aguilera) planeaba un esbozo de arte político, una reflexión sobre el fascismo que había asolado Europa y aún persistía en España. No completó el proyecto: en París descubrió el vigor de una abstracción que se quedaba en los umbrales de la forma sin cruzarlos, el informalismo. Tenía eficaz paralelo en las imágenes recogidas por la cámara de Brasaï. El fotógrafo húngaro, incansable explorador nocturno del París surrealista de entreguerras, mostraba ahora diversos graffiti de los muros de la ciudad. Poco tenían que ver con los murales de hoy: eran sólo figuras grabadas en el enlucido de la pared, huellas de manos, rostros extraños, y no faltaban restos de arriesgados testimonios de la resistencia emborronados por los ocupantes nazis. Las fotos de Brassaï eran ante todo memoria de la ciudad pero también mostraban el valor pictórico de texturas, materias, gestos y superficies, elementos que serían claves en la obra de Tàpies.
Las litografías que componen la actual muestra de la galería Nuevo Arte hacen pensar en aquella mirada del joven Tàpies. Una de ellas, en vibrante rojo con una inscripción acorde con el color, evoca la protesta del graffiti, pero es sobre todo el modo de tratar la superficie del soporte litográfico lo que hace pensar en esa otra superficie, la del muro. Una de las obras, Effacé (Borrado) muestra la eficacia de la mancha que introduce una discontinuidad en el plano del papel sin excavarlo o ahuecarlo en busca de una profundidad engañosa. Otra señala la fuerza de la textura: la mirada descubre en la banda que cruza el papel en diagonal la huella de un tejido recio, quizá el de un pantalón tejano, impreso sobre el soporte litográfico. A todo ello se une el gesto que traza con decisión un pie y más suavemente el respaldo de una silla o la ondulación de unos labios, buscando formas que transmitan una expresión que evita toda elaboración que pudiera privarla de fuerza. Estas figuras sin embargo son exclusivamente signos: trazados por el autor, el espectador habrá de interpretarlos a sus expensas, es decir, según sus propios códigos, como los que empleamos o ponemos en funcionamiento cuando nos sorprende la marca del tiempo en el desconchón de una pared o los restos de palabras o figuras que de repente quedan al descubierto en un viejo muro.
Antoni Tàpies. Galería Nuevo Arte (San Vicente, 32), Sevilla. Hasta el 30 de junio.
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