“Cuando hablan de estilos, me tapo los oídos y pienso en Brahms”
Nico Muhly. Compositor
El versátil músico norteamericano actúa el próximo sábado en Sevilla, dentro del festival ‘Electrochock (US) 2009’, como integrante de Bedroom Community
Compositor formado en la Universidad de Columbia y en la prestigiosa Juilliard School, autor de bandas sonoras para cine (El lector, El sueño de Casandra...), arreglista en algunos de los más notables discos de rock y pop experimental de los últimos años y responsable de piezas camerísticas cargadas de “energía maníaca”, Nico Muhly (Vermont, EE. UU., 1981) renuncia con naturalidad a los límites genéricos que pudieran parcelar su creatividad. En particular, a aquellos empeñados en erigir un muro infranqueable entre música culta y popular.
Integrante junto al cantautor folk Sam Amidon y a los experimentadores electrónicos Ben Frost y Valgeir Sigurðsson del sello-colectivo Bedroom Community, con base en Islandia, Muhly recalará este sábado en Sevilla con el espectáculo Whale Watching Tour, en el que los cuatro músicos comparten tablas revisando sus respectivos repertorios. Su concierto pondrá, casi, el punto final a la segunda edición del festival Electrochock (US), organizado por la Universidad de Sevilla, que comienza hoy en Pista Digital.
–¿Cómo, cuándo y por qué se puso en marcha Bedroom Community?
–Bedroom Community comenzó hace ya unos cuantos años. Era algo que Valgeir [Sigurðsson] había estado pensando durante un tiempo. Cuando nos conocimos, me sugirió que grabara en condiciones mi, por aquel entonces, penosamente grabada música de cámara. Y durante el proceso de puesta en común creo que se le ocurrió la idea. El sello, tal cual es, está conformado alrededor del estudio que tiene en Islandia, por lo que, en realidad, es como una extensión de su cerebro.
–Llama la atención la disparidad estilística. Quizás se puedan encontrar conexiones entre la experimentación de Ben Frost y Valgeir Sigurðsson, pero ambos parecen lejanos a lo que hace usted o al folk de Sam Amidon. ¿Qué tienen en común?
–Es interesante, porque no pienso para nada en ello. Sí pienso en el hecho de que, ya sabe, todos amamos Islandia, pasamos allí mucho tiempo y nos gusta la música de los otros. Eso es, me da la impresión, lo importante. Mucho más que hablar sobre el estilo, que siempre me parece algo ambiguo.
–¿Cómo es el Whale Watching Tour? ¿Qué vamos a escuchar?
–Creo que tendrá dos partes largas con distintas áreas de enfoque. Por ejemplo, Ben Frost tocará unas cuantas piezas largas, luego Sam unos pocos temas cortos, después yo algunas cortas y dos largas, etc. Debería ser muy extremo y colaborativo. Estaremos sobre el escenario bastante tiempo.
–¿Por qué entra un músico de formación académica como usted en contacto con el ámbito pop?
–¡No soy un músico académico! Simplemente fui a una escuela de musica, lo cual es completamente distinto. Todo el mundo debería ir, no puede hacerte daño aprender más cosas.
–Se ha significado como arreglista... ¿Qué ha aprendido, si ha aprendido algo, de gente como Björk, Antony Hegarty, Will Oldham o Grizzly Bear?
–Hay mucho amor en esas colaboraciones. En su mayor parte, los músicos que cita son muy intuitivos y me contratan para que sea listo y ratonero con los instrumentos. Grizzly Bear, con los que estoy trabajando ahora, son fantásticos, porque arreglar su música es como hacer un puzzle gigante. Hay tantas cosas pasando al mismo tiempo que encontrar mi pequeño camino entre ellos es como ir avanzando a machetazos a través de la jungla.
–¿Cómo afronta la composición para el cine? ¿Se siente menos libre que cuando compone música autónoma? ¿Opta por el pragmatismo?
–Más pragmático, desde luego, y también escribo más rápido, confiando en mis instintos primarios. Escribir una banda sonora es algo atlético. Componer, por ejemplo, una ópera, es un larguísimo e indulgente proceso, mientras que una b.s.o. es como: ¡Corre, escribe algo en diez minutos, ya! ¡Un sprint!
–No es trabajo suyo, pero, estilísticamente, ¿dónde situaría la música de sus discos, Speaks Volumes y Mothertongue?
–Los diez minutos que me llevaría pensar en el estilo de mi música son diez minutos que perderé para siempre y nunca recuperaré... Digamos que es música de cámara amplificada, con espasmos, obsesiones y energía maníaca.
–En el ámbito académico suele utilizarse el término música contemporánea de manera bastante paradójica. Incluso para referirse a compositores del siglo pasado. ¿Qué opinión le merece?
–No pienso en ello, ahí está mi secreto. En cuanto sospecho que la gente va a ponerse a hablar de estilos o de clasificaciones, me tapo los oídos y empiezo a pensar en Brahms.
–Me temo que en España, al menos para buena parte de la crítica clásica, la distancia que separa a los músicos académicos de los populares es todavía grande: son mundos que apenas entran en contacto. ¿Ha vivido usted esa situación?
–Intento no preocuparme por esas cosas. Para mí, con 28 años, viviendo en Nueva York y viajando todo el tiempo, simplemente me parece lógico involucrarme en distintos trabajos con muchos y variados músicos. Quizás para otros esta forma de verlo no tenga sentido, pero para mí sí. Es la única manera en la que puedo pensar.
Whale Watching Tour. Bedroom Community. Festival Electrochock (US) 2009. Pista Digital (c/Madame Curie, Isla de Cartuja). Sábado 7 a las 21:00. Entradas a 6 euros, 3 euros para la comunidad universitaria.
No hay comentarios