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Los herederos impuros de Cervantes

  • Nuria Barrios hace en las Jornadas de Arte Contemporáneo de la Maestranza una defensa del mestizaje, "el secreto de la vivacidad de nuestra lengua y el ADN de nuestra literatura"

Nuria Barrios (Madrid, 1962), en el exterior de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Nuria Barrios (Madrid, 1962), en el exterior de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Nuria Barrios (Madrid, 1962), en el exterior de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. / Juan Carlos Vázquez

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La escritora Nuria Barrios defendió ayer en las Jornadas de Arte Contemporáneo de la Real Maestranza el mestizaje como "el secreto de la vivacidad de nuestra lengua" y "el ADN de nuestra literatura". Pese a los agoreros que "desde el siglo XIX pronosticaban la muerte de la novela", y a que "la aparición de las redes, de internet y de un mundo audiovisual que ha modificado nuestras vidas" en las últimas décadas ha complicado la situación, la narradora y poeta madrileña asegura que esa defunción anunciada "no se ha producido. Se puede decir que la literatura en español goza de una excelente salud, y eso se debe en mi opinión al mestizaje, a que los géneros se han ido metamorfoseando, saltando las barreras, experimentando", opinó.

La autora, que en los últimos años ha publicado el volumen de cuentos Ocho centímetros y el poemario La luz de la dinamo, con el que se hizo con el Premio Hermanos Machado, extendió su análisis de la literatura actual al ámbito de los hispanohablantes y arrancó su disertación con una cita de Carlos Fuentes, que "decía que todos los escritores en lengua española tienen un mismo origen, el territorio de La Mancha en el que nace nuestra novela", una patria "sin contornos fijos" que "se desplaza a uno y otro lado del Atlántico". Para Barrios, los escritores que se expresan en castellano "somos copropietarios de un bien común, hijos de una cultura literaria compartida que va de Sor Juana Inés de la Cruz a César Vallejo, del Inca Garcilaso a Rubén Darío, de Cervantes a Junot Díaz".

Somos hijos de una cultura literaria común que va de Sor Juana Inés al Inca Garcilaso, de Darío a Vallejo"

En su ponencia, Barrios expuso cómo la inteligencia con la que algunos escritores han reinventado los géneros ha garantizado la pervivencia de la literatura y ha renovado la fascinación con la que los lectores se acercan a las obras. Novelas que "combinan lo autobiográfico y lo periodístico, la realidad con la imaginación"; libros en los que los autores "aparecen como personajes con sus nombres y sus apellidos y hay elementos de sus vidas reconocibles, pero todo está mezclado con la ficción" han provocado que las fronteras "salten por los aires". Una revolución en la que la ponente resaltó un detalle curioso: frente a la creencia de que son los artistas jóvenes, "que no están atados a una tradición, quienes han abanderado este cambio, esta hibridación la llevaron a cabo, no obstante, a partir de los 90, autores que ya estaban consolidados". Creadores como Javier Marías, con Negra espalda del tiempo; Enrique Vila-Matas, con Bartleby y compañía; Antonio Muñoz Molina, con Sefarad, y Javier Cercas, con Soldados de Salamina fueron los que lideraron ese cambio de paradigma.

Barrios destacó otras voces como Ricardo Piglia, Martín Caparrós, Cristina Rivera Garza, desde América, con obras en las que "lo importante no es tanto novelar como narrar ensayando", y más recientemente Antonio Orejudo, Marta Sanz o Luisgé Martín, que en España "han cultivado la ficción autobiográfica", han contribuido a una "transformación del género" en la que "lo que seduce es esa posibilidad combinatoria, la trangresión de todas las expectativas de lectura. Una abre un libro y no sabe qué se va a encontrar. Y ha ocurrido igual en el relato, en el ensayo, en la poesía, que para mí es la cumbre de la literatura, el género que mejor domina el lenguaje y sabe explorarlo", sopesa.

Pertenecer a ese territorio de La Mancha al que aludía Fuentes suscita, para Barrios, "muchas preguntas. Por ejemplo, quién vela para que el español no se convierta en una especie de esperanto ramplón", dice la escritora. La respuesta señala a la época de las vanguardias, a prosistas audaces como Valle-Inclán o Gómez de la Serna, pero también a los autores del boom y su "lengua impura" -porque "lo puro está muerto y en un museo, lo impuro vive"-, a la palabra prodigiosa que hablan los personajes de Pedro Páramo, Aureliano Buendía, La Maga o Artemio Cruz... "La Guerra Civil supone una quiebra enorme en la creatividad de la literatura española -argumenta Barrios-, aquí hay grandes escritores pero se da un parón enorme, y la renovación del idioma viene de manos de un puñado de autores que en los 60 convierte en universal el español a través de propuestas novelísticas innovadoras: García Márquez, de Colombia; Julio Cortázar, de Argentina; Vargas Llosa, de Perú, y Carlos Fuentes, de México", enumera.

Esta prosperidad llega hasta el presente con creadores tan potentes como Junot Diaz, estadounidense de ascendencia dominicana, que con obras como Los boys o La maravillosa vida breve de Óscar Wao se lanzó a escribir, continúa Barrios, "en una lengua nueva que no es ni inglés ni español, que funde ambas y no es spanglish" y que no descartó el idioma de sus orígenes tal vez por una lección que aprendió de su comunidad, que "si tú no tienes nada en el mundo, si tú no tienes ni zapatos pero tienes un español del diablo, te respetan. En el Caribe, cuando alguien habla bien, tiene el respeto de la gente".

En su visita a la Maestranza -donde hoy estarán el cineasta Alberto Rodríguez (10:00) y la escultora Esther Pizarro (12:00)-, Barrios también abordó el relato, "que sigue siendo minoritario y no tiene la rentabilidad ni la atención de la novela", pero que está alcanzando "cimas desconocidas" con "los nietos y bisnietos del boom" y la labor de editores como Juan Casamayor.

La escritora no esquivó el tema de la representación de las mujeres en el mundillo literario, una cuestión que afrontó al final de su charla. "Un estudio revelaba que el número de autoras y de personajes femeninos había disminuido", lamentó. "Los premios apenas recaen en las mujeres y los jurados están formados mayoritariamente por hombres. Si observan los suplementos y las listas de lo mejor del año apenas hay libros escritos por autoras. Y es muy difícil dedicarse a la vida literaria si no te dan premios y no apareces en las reseñas".

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