Arqueología

'Itálica Isabelina' o el frustrado intento de construir sobre las ruinas

  • El interés que suscitó el yacimiento tras una visita de Isabel II propició que una sociedad económica pretendiera edificar una urbanización de nueva planta sobre la antigua ciudad romana

Ruinas del anfiteatro. Fotografía tomada por Charles Clifford en la visita de Isabel II en 1862 a Itálica. (Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, Colección Rodríguez Hidalgo).

Ruinas del anfiteatro. Fotografía tomada por Charles Clifford en la visita de Isabel II en 1862 a Itálica. (Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, Colección Rodríguez Hidalgo).

Cuando, tras la desamortización de Mendizábal en 1836, los terrenos propiedad del monasterio de San Isidoro del Campo en los que se encontraba Itálica pasaron a dominio público, se pudo acometer una obra muy esperada, la variante de la carretera de Extremadura que por hallarse en terrenos bajos a su paso por Santiponce se inundaba con frecuencia. El nuevo trazado, sin saberlo sus promotores, atravesó de parte a parte el centro de la vieja ciudad romana de Itálica. Comenzaron a aparecer todo tipo de restos, esculturas y muros, lo que propició que se efectuase la primera excavación arqueológica documentada en este yacimiento a cargo de Ivo de la Cortina, funcionario del Gobierno Político de la provincia. A partir de aquí el prestigio del yacimiento no hizo más que crecer a lo largo del siglo, alcanzando un punto álgido cuando la reina Isabel II giró visita oficial a esta ciudad romana el 23 de septiembre de 1862, y recibió de las manos de Demetrio de los Ríos, director de las excavaciones, la primicia del primer plano topográfico que se había levantado de Itálica.

Al calor de esta visita y de este prestigio se gestó al poco una sociedad económica para la promoción inmobiliaria que quiso sacar ventaja de estas circunstancias. Un año después de la visita, el 10 de septiembre de 1863, se constituyó en Madrid la empresa Itálica Isabelina, cuyo objeto era el de edificar una urbanización de nueva planta sobre el solar de la antigua ciudad romana de Itálica, aún en manos particulares. Es decir, que según los sueltos de la prensa del momento se proponía "el restablecimiento de la antigua Itálica. Trátase de levantar una ciudad nueva en el sitio donde la famosa Itálica existió, cuyas ruinas se admiran todavía. Las escavaciones (sic) que se hagan darán a conocer todo lo que pueda conservarse y restaurarse de la población romana; y puestos al frente de la empresa personas de grandes capitales, bajo la dirección de otras de grandes conocimientos artísticos, no dudamos que se hará una cosa buena".

Su Consejo de Administración estaba formado por políticos y hombres de negocios y la operación se redondeó solicitando la protección de la reina Isabel, que accedió gustosa a patrocinar la empresa. Se acarició también la idea de contar con Demetrio de los Ríos como asesor. Para conseguir capital se emitieron suscripciones de 3.000 reales de vellón pagaderas a plazos y que reportaban un interés del 12%, además de una serie de ventajas, como poder adquirir parcelas o construcciones a precio de costo y optar a la adjudicación por sorteo de algunos lotes gratis. Todo ello acompañado de una intensa campaña en prensa, entre anuncios pagados y sueltos con noticias de los avances de la promoción, gracias a los cuales hemos podido seguir el desarrollo de principio a fin de este particular negocio que amenazaba con ser la ruina del yacimiento romano.

"Trátase de levantar una ciudad nueva en el sitio donde la famosa Itálica existió", decía la prensa

Sin embargo aquella primera alarmante intención de "fundar una nueva población en el sitio que ocupó la antigua Itálica, y descubrir, conservar y restaurar lo que de la antigua exista", como se dice en la prensa, debió de ser más bien un reclamo para atraer inversores, puesto que unos meses después se abandona por otra propuesta más sensata, orientada hacia "erigir una población que conmemore la célebre ciudad que tuvo por hijos a tres de los mejores emperadores romanos", lo más próxima posible al famoso yacimiento.

Pero los lugares próximos se manifestaron inadecuados por tratarse de terrenos inundables, como lo es buena parte del término municipal de Santiponce. Se buscó entonces un terreno en el otro extremo geográfico, en el sur, ya en el término municipal de Dos Hermanas y lejos de la ciudad de Itálica que había justificado inicialmente la denominación del proyecto. Se trataba de una parcela triangular de unas 70 hectáreas al sur del río Guadaíra, a unos cinco kilómetros del límite urbano sur de Sevilla. Estaba comprendida entre la carretera a Cádiz y la vía ferroviaria Sevilla a Jerez y Cádiz, inaugurada no hacía mucho. La proximidad al ferrocarril había sido determinante para la elección de la parcela, lo que se publicitó como punto fuerte de la promoción, ya que permitiría a sus habitantes el traslado rápido a Sevilla. El día 30 de mayo de 1864 se procedió a la ceremonia de la colocación de la primera piedra de la nueva urbanización, presidida por el gobernador civil en representación de la reina, en un acto adornado con banderas nacionales y banda de música militar. La nueva población tendría bonitos paseos y fuentes monumentales, constando de quinientos edificios repartidos en noventa y cuatro manzanas, para unos diez mil habitantes. Incluso se decía que los reyes proyectaban construir allí un palacio de recreo.

Planta de la ciudad ‘Itálica Isabelina’, según Quirós Linares, 1995. Planta de la ciudad ‘Itálica Isabelina’, según Quirós Linares, 1995.

Planta de la ciudad ‘Itálica Isabelina’, según Quirós Linares, 1995.

Diversos inconvenientes fueron retrasando el inicio de las obras, como que la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría hubiera emitido informe desfavorable a la urbanización, o un problema de deslinde de una parte de los terrenos. Pero el principal problema fue que no se logró reunir el capital necesario a pesar de que hasta 1866 al menos, se seguían vendiendo bonos, suscripciones y parcelas. Todo fue consecuencia de la primera crisis financiera de la historia del capitalismo español, ocurrida entre 1864 y 1866, crisis que impidió en este caso el inicio de las obras, dando al traste con este proyecto urbanizador y con los ahorros de los que en él invirtieron. La urbanización no llegó a construirse y a lo único que se llegó fue a nivelar los terrenos y marcar el trazado de las parcelas.

Casi noventa años más tarde, en 1949, cuando seguramente ya nadie recordaba que una vez hubo un proyecto de una urbanización llamada Itálica Isabelina, se levantaron en estas parcelas, por iniciativa del capitán general Ricardo de Rada, una barriada militar con chalets para jefes, oficiales y suboficiales que se llamó "Ciudad Jardín del Generalísimo", donde podría apreciarse la huella del trazado de la ciudad Itálica Isabelina.

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